Es la frase que se ha repetido estos días en el Foro Social Mundial, celebrado en Belém, Brasil, del 27 de enero al 1 de febrero.
Belém es la capital del estado de Pará. La superficie de Pará equivale a la de España, Francia y Portugal y en él viven cinco millones de personas, de las cuales dos millones en Belém. Está muy poco poblado por estar situado en plena Amazonía y, ciertamente, la Amazonía ha estado continuamente presente.

Este año todas las actividades del Foro han girado alrededor de diez objetivos ([www.forumsocialmundial.org.br) con ciertas líneas convergentes: un mundo de paz, justicia y ética; los derechos de los pueblos y las personas; la participación de las personas en las decisiones que les incumben; la defensa del medio ambiente como fuente de vida.

Se inauguró con la participación de las y los participantes en la gran “Caminhada” que recibió los símbolos del Foro 2007 celebrado en Nairobi (Kenia) y el primer día estuvo íntegramente dedicado a la Pan-Amazonía. En él se plantearon ya, desde el ámbito local, los grandes temas que afectan a todo el planeta: el cambio climático, los modelos energéticos, la soberanía alimentaria, y cuestiones de identidad y soberanía popular.

Durante el resto de los días, organizaciones de todos los países han planteado sus reflexiones, búsquedas y caminos a través de cientos de charlas, exposiciones y talleres de todo tipo. Han sido muy significativas las llamadas tiendas temáticas que con sus nombres nos dan una idea de los temas a los que se ha dado más importancia: el mundo del trabajo, los derechos humanos, la coalición ecuménica, los derechos de la infancia y adolescencia, tienda de la afro-negritud, de los pueblos indígenas, de los pueblos y naciones sin estado, de la reforma urbana.
Además de ser una especie de escaparate de experiencias, músicas y culturas, ha sido un espacio importante para la formulación de alianzas que fortalecen los procesos ya iniciados y posibilitan iniciar otros nuevos. De hecho sólo el ver a tantas organizaciones con personas comprometidas en buscar una vida orientada por otros valores anima a creer que el mundo puede cambiar.

En este sentido, me ha llamado la atención la gran fuerza de Brasil. De las 120.000 personas participantes, 90.000 eran brasileñas, de toda clase de organizaciones: sindicales, de mujeres, de parroquias, de jóvenes, indios, quilombolas (descendientes de esclavos negros), de las universidades, Movimiento Sin Tierra. Y el encontrarse y reconocerse en el mismo espacio ha sido para ellas un modo de empoderamiento como organizaciones.

Para todos los participantes de América Latina ha sido también muy significativo el encuentro de los cinco presidentes: Luiz Inácio Lula, de Brasil, Rafael Correa, de Ecuador, Hugo Chávez, de Venezuela, Fernando Lugo, de Paraguay y Evo Morales, de Bolivia. Es una manera de ejercer el gobierno que, con sus luces y sombras, quiere ser más democrática y participativa.

Y a la vuelta queda la pregunta: ¿Y ahora qué? Desde el punto de vista del propio Foro, el comité de gestión está estos días valorando el acontecimiento y viendo por dónde continuar para que tenga incidencia real. Personalmente creo que un espacio en el que las organizaciones que quieren otro mundo diferente se encuentren, intercambien, sepan que no están solas y que mucha gente camina con ellas, es fundamental. Nos regala algo que yo he traído en la mochila: la esperanza.