movimientos2.jpgLa desigualdad de la mujer resulta aún más grave en el ámbito rural, donde se siente más aislada ante una cultura profundamente machista que denigra su trabajo y donde faltan políticas eficaces que les aseguren las oportunidades que merecen.

“Cuando se educa a una mujer, se instruye a toda su familia como mínimo; cuando se educa a un hombre, se forma a una sola persona”, piensa Bernardette Wanyonyi, directora de Maendelo Ya Wanawake Organization (MYWO) -Organización de Mujeres para el Desarrollo de Kenya, la mayor ONG de Kenya dedicada a la mujer, con cuatro millones de afiliadas.

No muy distinta es la visión que tiene Lola Merino Chacón, presidenta Nacional de AMFAR Federación de Mujeres y Familias del Ámbito Rural quien declara que las mujeres en el campo “desempeñan un papel vital, primordial y fundamental, ya que un pueblo sin mujeres se muere”.

“La mujer en el mundo rural es el pilar sobre el que se sustenta una familia y por extensión un municipio, por lo que es imprescindible atender sus necesidades para frenar la emigración y por tanto, fijar la población”, asegura Lola Merino.

No obstante, la invisibilidad de las mujeres es todavía más tupida en el campo que en las ciudades. Hay 750.000 mujeres que dedican una parte importante de su tiempo a la actividad agraria como mano de obra familiar. Pero no aparecen en las estadísticas, ni cotizan a la seguridad social. Según el Instituto de la Mujer, estas mujeres aportan un total de 770 millones de horas anuales a labores agrarias, de las que el 78% no son retribuidas.

Los hombres figuran como propietarios exclusivos de las explotaciones agrarias en el mayor de los casos. A pesar de que son más de seis millones las mujeres rurales en España, sólo medio millón (503.768) son titulares de explotaciones agrarias frente a 1,1 millón de hombres, lo que supone una participación relativa del 29,6%.

“Ellas tienen trabajo, pero no tienen empleo”, se queja Lola Medina. La formación cualificada que necesitan para su incorporación al mercado laboral no la tienen al alcance de la mano y en el ámbito laboral existe mayor demanda de puestos de trabajo que la oferta que les ofrece su pueblo, que en la mayoría de los casos se ciñe al sector agrario o agroalimentario”, apunta la presidenta de AMFAR.

En los últimos años gracias a la labor de muchos colectivos, entre los que cabe contar a AMFAR, se han conseguido cambios importantes en la legislación español: las mujeres ya pueden cotizar en el Régimen Especial de la Seguridad Social Agraria o pueden ser cotitulares conjuntamente con su cónyuge de la explotación agraria.

Pero hacen falta más incentivos para hacer más atractivo para las mujeres el darse de alta en la Seguridad Social, más servicios que les ayuden a compatibilizar su vida laboral familiar. El asociacionismo de las mujeres también se constituye como una herramienta fundamental para conseguir que los avances también lleguen al ámbito rural.

Abrazando la tierra

Vicenta Álvarez cambió la máquina de fotos por las tallas en madera de olivo, la ciudad por una aldea de la comarca de Ciudad Rodrigo en Salamanca. Aprendió el oficio, compró una casa y unos terrenos y ahora se afana en potenciar la vida de su municipio.

“A la mayoría de las personas que conozco les encantaría venir al pueblo. La idea del pueblo ha cambiado mucho. Pero el grave problema para los jóvenes que quieren afincarse aquí es que sus hijos están en edad escolar y los inviernos tendrían que estar internos en Ciudad Rodrigo. A eso, añádele problemas sanitarios”, comenta Vicenta, quien recibió el apoyo de la iniciativa Abrazar la tierra para responder a ese impulso que le hizo volver a sus raíces.

Abrazar la tierra nació en 2004 fruto de la fusión de quince grupos de acción local de Aragón, Castilla y León, Madrid y Cantabria, dispuestos a trabajar por la repoblación del mundo rural. Cuenta con una red de oficinas donde prestan asesoramiento y apoyo a quienes desean convertirse en pobladores del mundo rural. Por tener, tienen hasta “tutores” que guían a los nuevos a resolver todo tipo de problemas, desde el acondicionamiento de sus nuevos hogares hasta la solicitud de subvenciones para nuevos negocios.

“Los hijos se llevan a los mayores con ellos. Porque no hay un tema médico ágil que resuelva los inconvenientes que puedan surgir, ni ayuda a domicilio o centros de día. Estas circunstancias son las que llevan a la despoblación y a que no vengan personas al medio rural”, dice Vicenta quien reivindica escuelas para los niños, servicios para los mayores, sanidad para todos y acceso a las nuevas tecnologías.

No todo resulta idílico, no es fácil dar el paso de Vicenta, pero ahí está su ejemplo y el de otra mucha gente. “Luchas también con las grandes empresas. Intentas tener ciertas ventajas, como en la ciudad. A veces te desesperas y dices: bueno, es que no me hacen caso en ningún sitio”, admite Vicenta, quien por eso señala “la importancia de que las asociaciones funcionen, que estemos conectados y hagamos fuerza más personas…”.