Protestan, y mucho. Contra los parquímetros, contra el derribo de la cárcel, contra el abandono institucional que sienten… Pero también son capaces de poner soluciones, aunque no cuenten precisamente con el apoyo de las administraciones. Los vecinos de Carabanchel Alto acaban de estrenar “La Casa del Barrio”, un añorado e ilusionante espacio cultural y participativo.

El barrio madrileño donde la escritora Elvira Lindo sitúa la vida de Manolito Gafotas tiene una larga tradición asociativa y reivindicativa. Los vecinos, hace ya cuatro décadas, protestaban contra la carestía de la vida, la falta de inversiones públicas y la escasez de infraestructuras básicas. Hoy son unos parquímetros –contra los que luchan empecinadamente–, la demolición de la cárcel –que querían convertir en un centro por la paz y la memoria histórica–, los motivos que les llevan de nuevo a las calles.

Gracias a las movilizaciones constantes han conseguido que el metro llegue al barrio, que haya zonas verdes y deportivas e incluso que el distrito cuente con numerosos centros sociales y culturales de titularidad municipal. Sin embargo, ahí siguen, insatisfechos con los poderes públicos. La razón está en los pequeños detalles, esos flecos del teórico contrato social entre administrados y administradores que nunca se explican ante las cámaras y que hacen, por ejemplo, que los espacios municipales no estén abiertos a los bolsillos más modestos ni a las iniciativas vecinales que se salgan de las directrices del partido de turno.

Las muchas trabas, cuando no silencios paralizantes, que recibían los vecinos cada vez que solicitan la cesión de algún centro cultural para acoger sus actividades de divulgación, de denuncia pública o sencillamente solidarias con causas no del todo del agrado de las autoridades municipales les han acabado convenciendo de que necesitaban un local propio cuyo uso no dependiera de la decisión arbitraria de otros.

“La Casa del Barrio” nace así como “respuesta a la actitud antidemocrática del actual Ayuntamiento de Madrid que niega sistemáticamente los espacios municipales para la participación vecinal”, en palabras de sus impulsores.

Los distintos colectivos que llevan a cabo sus actividades en Carabanchel pagan alquileres excesivos o han de conformarse con instalaciones inadecuadas o insuficientes para acoger muchas de las demandas del barrio, como le ocurre a la Asociación de Vecinos. Así que parecía haber motivos suficientes para buscar alternativas.

Después de años acariciando la idea de un local para actividades culturales, y tras meses de búsqueda, encontraron un espacio que, a falta de una buena reforma y la negociación del alquiler, podía servirles. En el número 64 de la Avenida de Carabanchel, para ser más exacto y no tener pérdida.

No se trataba de crear un local más, sino un espacio para los diversos colectivos que llevaban años moviéndose por el barrio. Los tiempos que corren son más propicios a la participación plural que a la militancia única en organizaciones fuertes, por lo que promover el trabajo en red parecía no sólo necesario sino además, conveniente. Por ello, el lugar debía estar abierto también a las comunidades de vecinos, los colegios y cualquier particular o colectivo, que aunque no participe en la gestión del día a día, necesite en algún momento los 300 metros cuadrados, o parte de ellos, con que cuenta el local, colaborando en la autogestión del local.

Con esa filosofía se invitó a las organizaciones y personas interesadas a participar en el proyecto. Tuvieron que ponerse de acuerdo en cómo afrontar los gastos del alquiler, cómo regular el uso de los espacios comunes y qué tipo de actividades podían tener cabida en ellos. Para ello, la primera decisión fue la creación de una nueva asociación cultural abierta a todos y todas; donde cada persona o colectivo aportará su trabajo y/o financiación.

Finalmente, muchas personas y colectivos como la Plataforma de Jóvenes de Karabanchel Alto, el Ateneo Republicano de Carabanchel, la Asociación de Vecinos de Carabanchel Alto, el Grupo Antimilitarista de Carabanchel, el grupo scout 101 Altos Pirineos, la Oficina de Derechos Sociales de Carabanchel, y el colectivo A Poko, etc., “una panda de locos y locas”, como se autodenominan en su página web, han creado “La Casa del Barrio”.

“La Casa” quería ser “un lugar mágico donde encontrarse con los suyos que eran tantos que ya no cabían en el salón de su casa; …un lugar donde dar rienda suelta a todas sus inquietudes lúdicas, culturales y sociales; porque se sentían mucho mejor haciendo cosas juntos que tirados en el sofá delante de la caja tonta;… un lugar donde ver esa peli tan buena o esa obra de teatro tan emocionante rodeados de sus amigos y mucha otra gente sin tener que preocuparse de lo caras que son las entradas”, según sus promotores.

Las actividades más prosaicas también tienen cabida, faltaría más. De hecho, algunas de las labores que venían realizando estos colectivos ahora se llevan a cabo en “La Casa”: acogida y apoyo a personas inmigrantes, el consumo responsable, actividades infantiles y juveniles, reivindicaciones vecinales, videoforum, talleres, charlas-coloquios, difusión de las diferentes luchas de los colectivos,…

El 7 de febrero de 2008 una batucada que recorrió las calles el barrio anunció a golpe de tambor la apertura de “La Casa del Barrio”, donde los vecinos más espabilados ya degustaban el aperitivo que la flamante nueva asociación cultural ofrecía al barrio. La agenda de actividades va creciendo y el equipo gestor ha de esmerarse en encajar cada propuesta, lo que suena agotador si no fuera porque les confirma en la intuición que les ha llevado a montárselo por su cuenta.

Página web:
www.casadelbarriocarabanchel.es