Un puesto de verdura y fruta ecológica de Biosegura en Murcia. Con frecuencia se encuentra uno, a veces, metido en debates coloquiales en torno a lo mal que está el mundo y lo que se debería hacer para remediarlo y blablablá… Son conversaciones sin duda bienintencionadas, pero a uno le entra la impresión de que, en el fondo, no se dejan de marear perdices ajenas sin entrar a cuestionar nuestra propia forma de vida. Me refiero en este caso a argumentos teóricos del estilo de: No es posible alimentar a toda la población mundial con agricultura ecológica. La producción industrial de alimentos es la única manera de alimentar a 7.000 millones de personas. Si todos nos hiciéramos vegetarianos harían falta más tierras de cultivo…

¿Qué decir? Con paciencia y respeto por nuestros interlocutores, habría que empezar recordando el hecho de que la mayoría de la población del mundo se sigue alimentando con agricultura y ganadería «tradicionales». La producción industrial de alimentos sirve para alimentar actualmente a menos del 25 % de la población mundial. ¡Y es, precisamente, ese modo de producir alimentos el que conlleva multitud de problemas!

Normalmente damos por supuesto que la manera industrializada de producir alimentos es más productiva (más kilos de cosecha por hectárea) que la ecológica. Y esto es cierto, con matices: los fertilizantes y pesticidas sintéticos han multiplicado la producción, sí, pero a la vez están empobreciendo y esquilmando los suelos, retirando de ellos más nutrientes de lo que la tierra es capaz de reponer. Por eso, los rendimientos de esta forma de agricultura están progresivamente disminuyendo. De alguna manera, estamos haciendo que la tierra produzca más hoy… a costa de comprometer las cosechas del futuro. ¿Es esto justo de cara a las generaciones venideras?

¿Es inviable que toda la población mundial viva de forma ecológica? Lo que es inviable es que sigamos manteniendo (y nuestros políticos promoviendo) un estilo de vida que está dañando nuestro medio vital de manera alarmante. Lo que es inviable es que los 7.000 millones de personas que compartimos el planeta nos alimentemos con una dieta como la que tenemos en los países industrializados. La tierra tiene capacidad para alimentar a todas las personas, pero no de cualquier forma. Y, particularmente, la manera industrializada de comer carne es uno de los motivos más graves que impide que los recursos alimentarios lleguen a todos. Esto supone que, si queremos que haya alimentos para todo el mundo, debemos cambiar nuestra manera de comer, empezando por reducir el consumo de carne.

No estamos hablando en este momento de hacernos todos vegetarianos sino de reducir considerablemente la carne que comemos (hablo de personas adultas). Si así lo hiciéramos, se liberarían enormes extensiones de tierra que actualmente se dedican a cultivar legumbres y cereales para alimentación animal. Y haciéndolo así nos daríamos cuenta de que sobrarán tierras, pues hay un dato que no conviene olvidar y es que son necesarios diez kilos de pienso para producir un kilo de ternera. ¡Y hay mucho más alimento en diez kilos de soja que en un kilo de ternera! Alimentándonos con cereales, legumbres y verduras necesitamos menos tierra que si lo hacemos con carne de animales alimentados a base de piensos.

Argumentar estas cosas es un primer paso necesario. Pero no nos quedemos en los argumentos bienintencionados. Empecemos poniendo los pies en la tierra y dando algún paso, por pequeño que sea.

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