Foto. Jeremy Brooks.¿Sois de esas personas que no consiguen renunciar al coche privado o sois de las que saltan sobre la bicicleta para ir al trabajo o al estudio? O ¿sois del nutrido colectivo que dice: “me encantaría usar la bici pero…”? No es raro que algunas objeciones, más o menos fundamentadas y razonables, nos empujen a abandonar el propósito de movernos pedaleando. Y no es raro que éstas se conviertan en cómodas justificaciones cuando tenemos que explicar por qué, aunque nos declaremos favorables a un estilo de vida a bajo impacto ambiental, no conseguimos expresarlo también en nuestra movilidad cotidiana. Ahí van pues seis pretextos muy difundidos junto a los que intentamos ofrecer soluciones sensatas y posibles. Y, si a pesar de todo, decidís no usar la bicicleta cotidianamente, intentad por lo menos usar el automóvil lo menos posible, prefiriendo los medios de transporte públicos o compartir el coche.

1. Necesito transportar cosas pesadas. El ordenador, la comida, la bolsa de deporte… Es cierto, pedalear en el tráfico haciendo equilibrismo con bolsas y cestos no es cómodo ni simple, y además es peligroso. Basta organizarse con un buen cesto y con un portaequipajes tipo caja de fruta amplio detrás. Las alforjas son también muy útiles.

2. ¡Llueve! A nadie (ni a los ciclistas empedernidos) le gusta llegar mojado al trabajo o a una cita, además de lo incómodo que es estar mojado. La lluvia echa para atrás a muchos y muchas. Soluciones posibles para no rendirse: cubrirse con un buen chubasquero (también de piernas, como los de la nieve), usar una capa de plástico con capucha (como en Alemania), y/o llevarse ropa de recambio para cambiarse cuando se llegue al destino.

3. ¡Nieva! La nieve es menos frecuente en nuestro país que la lluvia. Muchas bicis son inutilizables con la nieve. La única posibilidad, si no os queréis rendir, es usar una bicicleta de montaña. Las propuestas para la ropa son las mismas que las de la lluvia.

4. El casco me estropea el peinado. Además de sostenibles, queremos pedalear seguros. Pero el casco a menudo desanima a quien no quiere despeinarse. Una solución: llevarse un peine y lo necesario para “recomponerse”. Por otro lado, el casco no impide el uso cotidiano de las motos. ¿Por qué debería desanimar a los y las ciclistas?

5. En bici tardo demasiado en llegar. Es un hecho. Quien pedalea hace un esfuerzo mayor y tarda más que quien conduce un coche… ¡¡¡excepto en las horas de mayor tráfico en las grandes ciudades!!! Las bicis se revelan más veloces que los coches. Y además, ¡lo que sí te ahorras es el tiempo (y el dinero) de ir al gimnasio! Además muchas personas combinan el transporte público (o el coche donde no hay alternativa) con la bici plegable y reducen mucho el tiempo de los desplazamientos.

6. ¡Hay demasiado tráfico! Es difícil rebatir a esta afirmación, que nosotros mismos contribuimos a reforzar cuando utilizamos el coche. Hay pocas ciudades atentas a la seguridad del ciclista. Pero hay millones de ciclistas que cada día, respetando las reglas de la circulación, con prudencia y controlando tener siempre las luces en buen estado, viajan cotidianamente en la jungla de los coches y se ganan cada vez más espacio y respeto.

Quien quiere conseguir algo encuentra la solución. Quien no lo quiere, encuentra un pretexto. ¡Buena pedaleada!