Un vendedor de agua en Bandung (Indonesia), donde el acceso a este líquido vital es muy complicado. El agua, sinónimo de la vida, se está convirtiendo en la base de la alteración de la vida tal como la percibimos en la Tierra. Ante la tarea de alimentar a 8.000 millones de bocas que necesitan comer cada día, la agricultura se hace cada vez de manera más intensiva, con un consumo elevado de agua –70% del agua dulce del mundo se utiliza en la agricultura– y con la certeza de seguir subiendo su consumo drásticamente. Sin embargo, el descenso de los acuíferos, la contaminación debido al uso indiscriminado de fertilizantes y plaguicidas y la contaminación se han combinado para poner límites severos en el desarrollo en este frente.

La rápida urbanización, la migración y la pérdida de oportunidades por otro lado, están obligando a migraciones a una escala sin precedentes. Personas a quienes hay que proporcionar acceso a agua potable y saneamiento.

A causa del cambio climático, el derretimiento de los casquetes polares está produciendo un aumento del nivel del mar, provocando el desplazamiento de poblaciones enteras que se convierten en refugiados climáticos al cambiar los patrones climáticos: inundaciones, desertificación y la salinización de aguas continentales se suman a los problemas. Además, nuestra industria, que toma por sentado los recursos de la Tierra, ni siquiera sabe cuáles serán las consecuencias de sus acciones, ni tampoco es interpelada por ello. ¿Cuánta agua se necesita para producir una tonelada de acero?

Siendo un buen negocio, con la industria del agua potable envasada trabajando a todo gas, todo hace augurar una grave crisis con el agua, cuyo inicio ya estamos viviendo. Ya, los pobres se ven obligados a comprar agua a precios exorbitantes, ya que el acceso se vuelve más y más difícil. Mientras que en el otro extremo del espectro, la concienciación para conservar y utilizar el agua con prudencia en la vida cotidiana de la gente es algo que no se ha intentado inculcar. Esta divisoria de aguas que hay entre la gente –ricos y pobres – se extiende hasta la división de las naciones y a través de la división norte-sur.

Las disputas por el agua, ya sea entre estados como Tamil Nadu y Karnataka (en India) o países como Palestina e Israel, no son diferentes a las luchas que estallan a diario entre las familias por el acceso a un pozo entubado en el barrio.

El agua ya no es solo un problema ecológico como lo había sido, desconocido para muchos de nosotros, silenciosamente ha adquirido la etiqueta de un problema social. Por ejemplo, “el impuesto del agua” a menudo se apunta como la única solución posible a los problemas del desarrollo de la ciudad de Kolkata. Sin embargo, ningún gobierno tiene la voluntad política para impulsarlo por el temor a la presión de una parte sustancial del electorado que se sustenta en el “libre” abastecimiento de agua suministrada por el municipio. “Cortad el agua libre”, dicen las voces expertas, “y la presión sobre las infraestructuras de la ciudad causada migrantes se desvanecerá”. ¿Cruel? Tal vez. ¿Inhumano? Puede ser. Pero hay ciudades en el mundo cuyos concejales no dudan en hacer lo que es necesario. Y lo que es necesario para unos puede ser un delito para otros.

La mercantilización del agua es una cuestión grave y de preocupación social, porque más pronto o más tarde, en algún momento, la próxima guerra que estalle será por el agua.

La privatización del abastecimiento de agua potable se debe evitar porque adquiere un precio imposible de adquirir por las personas sin recursos económicos. Los gobiernos locales deben asumir esta misión de la distribución equitativa del agua e incentivar a las personas y organizaciones que promueven, por ejemplo, tecnologías de captación de agua de lluvia. Estos contribuirán en gran medida a promover la conciencia de que el agua, un recurso natural, no se encuentra en abundancia. El agua es un elemento esencial para nuestra supervivencia y se debe conservar en lugar de desperdiciarse.

(*) Xavier Savarimuthu, SJ es miembro de la provincia de Kolkata y dirige el Departamento de Estudios Ambientales en la Universidad de San Xavier, Kolkata, donde también es profesor de microbiología.