pag23_paredes1_web.jpgEsto que ven está en la plaza Austurvöllur de Reykiavik, ante el Parlamento Islandés. Se llama “el cono negro” y es un monumento a la desobediencia civil. Su origen está en una instalación realizada por su autor, Santiago Sierra, el 20 de enero pasado. Podrán preguntar qué pinta en esta sección, que esto no es una pintada, que no lo hizo el pueblo. Pues les respondo que lo primero, no (pintada no es), pero que lo segundo, sí. Ese día hacía tres años que miles de islandeses e islandesas se plantaron ante el Parlamento, diciendo hasta aquí llegamos (lo que vino después, ya lo saben). O sea, que la piedra la puso allí el artista madrileño, sus manos fueron quienes empuñaron la cuña y el martillo que abrieron la brecha (en eso consistió la instalación), pero quien le dio el sentido, quien le confirió significado fue la ciudadanía que dijo no. Ellos y ellas fueron la cuña y el martillo. Por eso es un monumento y no una chorrada.
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La placa recoge, en inglés e islandés, un texto procedente de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789: “Cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para el pueblo y para cada grupo que lo forma el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes”.

Lo mejor de los muros siempre fueron las grietas.