Tengo que confesar que durante estos meses pasados he estado muy desesperanzada y muy harta de la clase política. Lo peor de todo es que esta desesperanza política no se ciñe sólo a nuestro país. No voy a hablar de Estados Unidos y su presidente porque éste hace tiempo que colmó mi capacidad de asombro e indignación. Ahora me refiero a lo que ha pasado en los últimos tiempos en Bolivia, Ecuador, Chile, Haití, Hong Kong… Se han visto sumergidos en conflictos a los que parece difícil encontrar una solución y quienes están sufriendo las consecuencias son, como siempre, las clases más empobrecidas.

Cuesta aceptar todo esto cuando llevas toda una vida -llevamos muchas personas gran parte de nuestra- vida trabajando y luchando para conseguir un mundo más justo e igualitario. Un mundo donde ser hombre o mujer, cristiano, musulmán o ateo, heterosexual, gay o lesbiana, blanco o negro… donde ninguna de estas cosas sea motivo de discriminación. Hemos creído que el mundo no tenía fronteras porque por eso trabajábamos y hemos sido testigos de cómo se han ido levantando muros que separan a las personas y las condenan a la pobreza, la exclusión y muchas veces la muerte.

En ocasiones es difícil mantener la esperanza y seguir en pos de la utopía, pero a veces surgen pequeñas luces, casi luciérnagas, que te vuelven a alumbrar el camino. Hoy quiero señalar dos noticias, muy distintas, que para mí han sido como una bocanada de aire fresco.  

La primera de ellas la elección de Sanna Marin como Primera Ministra de Finlandia. Mujer, joven, procedente de una familia con escasos recursos.  «Soy de una familia homoparental y eso sin duda me ha condicionado para que la igualdad, la paridad y los derechos humanos sean muy importantes para mí». No sólo procede de una familia homoparental: su madre es lesbiana y se ha criado con ella y la pareja de su madre.

Sanna Marín ha formado un gabinete liderado por mujeres, cuatro de ellas menores de 35 años. Han formado gobierno entre otras cosas para aislar a los ultras, la segunda fuerza del país, “Verdaderos Finlandeses” (¡cómo me recuerda a los “verdaderos españoles”!).

La otra noticia es de España, de un instituto de Castellón. Han incorporado como asignatura optativa la Violencia de Género, fundamentalmente han sido chicas quienes las han elegido, pero también hay algunos chicos. Y es que este camino tenemos que hacerlo juntos si queremos llegar a una verdadera igualdad. “El sexismo está tan naturalizado que no lo vemos. Entrenamos su mirada para que identifiquen el sexismo y la violencia de género en la vida cotidiana, que sean capaces de ver lo que otros no perciben”, explicaba Juan Carlos Castelló, profesor de la asignatura.

Esto ha sido un soplo de esperanza para comenzar este año 2020. «Tenemos mucho trabajo por hacer para recuperar la confianza», decía Sanna Marin. Y yo añado, recuperar la esperanza también es posible: somos muchas personas haciendo muchas cosas para ese otro mundo posible y sino ahí tenemos a toda la juventud implicada también en la Cumbre del Clima.

Feliz y esperanzado 2020 amigas y amigos.