La supuesta libertad y disponibilidad no viene del celibato sino de la soltería. Comparto la opinión de que el celibato, en general, es un valor importante, ¡solo faltaba!; hasta, si se me apura, estoy de acuerdo en que lo es en el caso precisamente del sacerdote. Pero sin perder de vista que es importante cuando es aceptado voluntariamente y no impuesto como conditio sine qua non para ejercer un ministerio, como en este caso es el sacerdotal. No debemos olvidar que los carismas son un don que Dios da a quien quiere, nunca los impone. En cambio, el ministerio es una misión que también uno recibe, no se lo atribuye uno a sí mismo, para ejercerlo dentro de una comunidad, tal y como dice la Carta a los Hebreos (5,4). Es verdad que podríamos hablar ahora del poder de la comunidad a la hora de escoger a sus ministros, pero sería éste un tema que resultaría demasiado largo.

Los jerarcas de la Iglesia dicen, en general, que la solución del tema del celibato sacerdotal no es fácil; estoy de acuerdo con ello pues, de lo contrario, quiero pensar que ya se habrían hecho esfuerzos por parte de quien le compete para que estuviera resuelto de una vez por todas, incluso hace tiempo. Pero creo que resulta aún más difícil cuando los dirigentes de la Iglesia piensan solamente en la posibilidad de una única forma de la misma, como es, en este caso, la jerárquica, donde el pueblo y la asamblea juegan muy poco. Que conste que digo “muy poco” siendo generoso, pues pienso que, si fuéramos de verdad honestos o realistas, habría que decir que, en la mayoría de casos, no pinta nada o casi nada.

Decía no hace mucho un cardenal español que mantener el celibato conlleva algo tan importante como el hecho de no compartir el corazón con una “mujer” (podéis ver que intento puntualizar lo máximo posible para evitar entrar en temas que podrían ser un poco más espinosos) y poder estar más libre para entregarse de lleno al servicio de la comunidad. Tengo la sensación, a lo mejor me equivoco, de que, cuando decía esto, estaba pensando más en una comunidad regida por unos criterios más funcionales que de vivencia; concretamente y para ser más explícitos, en criterios de sacramentalización, entre otros. Creo que en una comunidad adulta y madura deben estar repartidos todos los servicios y ministerios que en ella pueden llegar a ser necesarios. Otra cosa es, claro está, la parroquia donde el sacerdote es, a la hora de la verdad, el factótum que ordena y manda. No digo esto en un sentido peyorativo, sino en el sentido real que tiene en la mayor parte de parroquias y centros de culto, a pesar de los consejos y otras entidades que pudieran llegar a existir.

Yo diría a quienes mantienen que el celibato otorga al sacerdote una libertad mayor para entregarse al servicio de la comunidad que dicha libertad, más que otorgársela el celibato, se la otorga el estado de “soltería” en el que se obliga a vivir a todo sacerdote de la Iglesia de Roma. Más o menos estaría a la par con lo que hacen en la actualidad algunas empresas multinacionales que prefieren, a la hora de escoger a sus candidatos, a personas que estén libres de cargas familiares, dígase pareja o hijos e hijas, para poder gozar de más libertad a la hora de poder ser destinados a lugares diferentes en cualquier momento en que la empresa pudiera necesitarlos. Eso sí, todo ello a cambio de sueldos más que suculentos. Con ello quiero decir que a la mayor parte de sacerdotes la libertad y la disponibilidad no les vendrían dadas por parte de una opción, sino del estado personal en que se encuentran, la soltería en este caso.

Es una pena, por otra parte, no valorar la gran riqueza que supondría para el sacerdote todo lo que la mujer, la esposa o la compañera, en este caso, podría aportarle para la vida a nivel de sentimientos y de valores propios y exclusivos del sexo femenino. “Hombre y mujer los creó… Y serán los dos una sola carne” (Gen 1-2). No se puede estar mirando siempre este tema desde la vertiente de la negatividad, cuando es mucho más lo positivo que está en juego. ¿Puede existir en la vida algo más rico y más maravilloso que compartir sentimientos, especialmente cuando esto sucede con la persona que uno ama y por quien se siente amado?