253iglesia1.jpgEl nacimiento es el momento misterioso y feliz por excelencia: cuesta entender cómo alguien que hasta hace unos meses no existía ni en la imaginación se hace carne con una inequívoca forma humana y con las características de un ser único en el mundo, hecho de la mezcla de otros seres humanos, protagonista de una historia única también.

Los protagonistas principales del evento son dos: la que pare y el o la que nace, a pesar de que nuestra cultura sitúa el foco fuera de esta pareja milagrosa, y reduce el nacimiento a un acto médico. Quienes ahora estamos en la cuarentena nacimos en hospitales donde a nuestras madres se les dormía con anestesia total para el parto (con lo que se evitaba el dolor, pero también el contacto temprano), se les prohibía darnos teta los tres primeros días (el calostro era malísimo y con suero glucosado nos aviaban), mientras estábamos en el hospital nos separaban de ellas de día y de noche para tenernos en el “nido”… y el papel de nuestros padres era fumar e invitaban a puros en el pasillo.

Muchas cosas han cambiado, pero aún, salvando honrosas excepciones, los protocolos hospitalarios representan obstáculos al proceso natural del parto. La costumbre de programar, provocar o acelerar el proceso, la episiotomía generalizada, la postura en que se obliga a las mujeres a dar a luz -tumbadas con las piernas hacia arriba para facilitar la visión del médico-, la monitorización permanente que impide el movimiento, y otras prácticas habituales desembocan en un índice excesivo de cesáreas y partos instrumentales. El exceso de tecnificación hace que se pierda la confianza social en un proceso natural perfecto. Moisés Pacyornik, un ginecólogo brasileño que ha trabajado durante décadas con poblaciones indígenas, dice: “Si no hubiera médicos, ¿qué pasaría con los partos? ¿No nacerían bebés? ¿Habría mucha complicación materno-fetal? Menos de la que se piensa. Dejados a la naturaleza, más del noventa por ciento de los partos serían espontáneos, sin necesidad de ninguna ayuda. En cualquier época, desde el principio del mundo, han nacido bebés. Con rigor podemos decir que menos del diez por ciento necesitan la ayuda de una comadrona experta y habilidosa, y menos de la mitad de éstos necesitarían la colaboración de un médico más experimentado.”

En nuestro país son varios los movimientos de mujeres y profesionales que trabajan por conseguir que el nacimiento y la crianza de los hijos puedan desarrollarse de forma más natural. Uno de ellos se hizo popular hace cuatro años por un corto de Icíar Bollaín incluido en la película “Hay motivo”. En él, un hombre, el actor Luis Tosar, pasa por el proceso regular del parto en un hospital español, lo que evidencia la falta de humanidad y de respeto del sistema hacia las mujeres. La organización ofrece datos, testimonios y orientaciones, a través de www.elpartoesnuestro.org, para mejorar la realidad del nacimiento.

Porque el cambio es posible. Pueden hacerlo los profesionales. Antonio López Muñoz, Matrona (en femenino) del hospital de Úbeda, ofrece este testimonio en la página web www.quenoosseparen.info: “En el Hospital de Úbeda todo el mundo trabajábamos de forma similar, y los niños eran separados de sus madres tras el nacimiento. Se les colocaba bajo un foco de calor y allí se quedaban llorando durante 2 horas. Mientras, las mamás se quedaban en una sala contigua en observación hasta pasar a planta, momento en que ya les entregábamos a su bebé. Un día, porque los cambios siempre empiezan así, una matrona planteó ‘si la OMS dice que es importante iniciar la lactancia materna y el contacto precoz ¿por qué no lo hacemos aquí?’ Así es que un grupo de matronas de este hospital nos decidimos por el cambio. De esto hace ya 9 años. Los cambios no son fáciles. Todos pudimos leer los estudios que demuestran la lista interminable de beneficios de la no separación, pero nunca habíamos hecho otra cosa que cortar el cordón y colocar a los bebés en una cuna térmica. Así que no separarlos nos colocaba de nuevo en una situación de aprendizaje, de alerta. Sentíamos que todo el mundo estaría observándonos y no era fácil asumir la responsabilidad. Teníamos que ver con nuestros propios ojos que podíamos hacerlo. No cortar el cordón de inmediato y dejar al bebé sobre la piel desnuda de su madre, arroparlos y dejarlos estar juntos. Qué sencillo y qué difícil. La solución para nosotras estuvo en realizar un estudio de investigación, que consistió básicamente en observar dos grupos diferentes. En uno los bebés eran separados de sus madres y colocados bajo un foco de calor, mientras que los bebés del otro grupo permanecían ininterrumpidamente con su madre tras el parto. En el Hospital escuchamos todo tipo de comentarios: ‘los niños se enfriarán y tendremos un problema’, ‘las madres se dormirán y espachurrarán a los bebés’… El estudio concluyó lo que tod@s imagináis y desde ese momento los bebés no son separados de su madre al nacer. Y así seguimos con cada una de las recomendaciones de la OMS: no enemas, no episiotomía, monitorización intermitente, libre deambulación durante la dilatación… Al principio lo hacíamos en el silencio y soledad de la noche cuando es más fácil trabajar con independencia. Cuando ya teníamos seguridad en nosotras mismas pudimos hacerlo con descaro y a los ojos de la gente para que vieran que lo que estábamos haciendo era mejor y no pasaba nada. Hacerlo con la complicidad de las compañeras era un plus, indudablemente. Los ginecólogos al ver que asumíamos responsabilidades nuevas, tomábamos la iniciativa y veían mejores resultados, asumieron que el cambio era necesario. Hoy en Úbeda se trabaja siguiendo las recomendaciones de la OMS para el parto normal.”

La teta perdida

También hay cambios que podemos hacer entre todas y todos. El primero es recuperar la crianza apegada y la teta para nuestras niñas y niños. En el convento de los Descalzos de Lima, Perú, hay un cuadro pequeño y sorprendente: la Virgen ofrece una teta desnuda y redonda a un niño Jesús que dista mucho de ser recién nacido. Hay alguna imagen así en España: una imagen natural y simpática, llamada Virgen de la Leche o Virgen de Belén, que desde la época medieval constituía una de las representaciones comunes de María y su hijo. Quizá tuvo en su momento una utilidad pedagógica.

Hoy no estamos acostumbrados a ver a mujeres amamantando. Nuestra generación ha crecido sin calostro, pero también sin buenas referencias de crianza natural. La leche de mujer es un misterio: un alimento vivo imposible de copiar porque todavía no se conocen analíticamente todos los elementos que la componen. Consigue un desarrollo sano del bebé gracias a las defensas contra infecciones, diarreas y malnutrición, y es gratis. Pero la mayor parte de los recién nacidos en España no se benefician de ella. José Peña Guitián, presidente en los años noventa de la Asociación Española de Pediatría, escribe: “¿Qué es lo que sucede? ¿Qué clase de esquizofrenia nos ha invadido de manera que el alimento de la especie para el recién nacido (un verdadero milagro de la naturaleza) sea rechazado de manera masiva y aparentemente infundada? ¿Por qué, en España, inicia la alimentación a pecho sólo el 60% de las madres y a los dos meses sólo la mantiene el 20%? ¿Por qué se da la gran paradoja de que cuanto más conocimiento científico se acumula sobre la superioridad de la leche materna, más se utiliza la leche de fórmula que no deja de ser una imitación?”.

Aunque la Organización Mundial de la Salud recomienda alimentar exclusivamente con leche materna a los bebés hasta los 6 meses, las mujeres españolas nos incorporamos al trabajo a las 16 semanas. No nos planteamos y menos aún promovemos en nuestras empresas muchas de las soluciones posibles para compatibilizar trabajo y crianza: trabajar en casa, llevarse al bebé al trabajo, y muchas otras posibilidades gozosas y creativas como las que han probado las mujeres de www.vialactea.org y www.laligadelaleche.es.

Por esta falta de creatividad e inteligencia, los niños son considerados como una dificultad o una molestia y la maternidad se vive como una amenaza en el entorno profesional. El simple hecho de ser madre es un freno, el principal, en la carrera de muchas mujeres. Koldo Saratxaga, considerado un genio porque hizo resurgir de sus cenizas a la empresa de autobuses Irízar, y que ahora trabaja como consultor para otras compañías, lo considera un error grave: “Ese tema sí que es curioso. Muchos gestores transforman una oportunidad en un problema. Mira, cuando una mujer tiene a su hijo, ése es uno de los momentos más importantes de su vida. Sin duda. Si en ese momento tú, gestor, te portas bien, colaboras, pones facilidades y ayudas a esa persona en uno de los momentos claves de su vida, te habrás ganado su apoyo para siempre. Si por el contrario le haces la vida imposible, te habrás ganado un enemigo.”

Si queremos una vida realmente plena y feliz para la humanidad, no nos queda otra, en nuestro entorno más cercano, que hacer todo lo posible por que cada vida comience como Dios manda. Y que recibir y criar a los seres humanos sea una cuestión de corazón, una auténtica bendición que también podemos compartir con mucha gente, como proponen los hombres y mujeres de www.criarconelcorazon.org. Eso es lo que yo llamaría “un buen comienzo”.