Seguir a Jesús desde abajo

Pag._10_Evangelio-web.jpgHay los que van por la vida de importantes y los que van o prefieren ir con un aire sencillo. Hay quien prefiere abajarse para estar al nivel de los demás y hay otros que prefieren subirse para estar por encima y controlar mejor la situación. Así es la vida y no parece que podamos hacer mucho para cambiarla. Lo que está claro es que Jesús escogió ciertamente ser de los sencillos, estar cerca de todos, y abajarse para estar al nivel de los demás –la encarnación sigue siendo el elemento clave teológico para construir nuestra fe: Dios es un niño pequeño, frágil y vulnerable.

El relato del encuentro de Jesús con Zaqueo, que escuchamos el último domingo del mes, es muy significativo: Jesús no es sólo el que se pone al nivel de los demás. También invita a los que están arriba a abajarse, a fundirse con el pueblo, a sentirse uno más. Zaqueo estaba arriba, tenía bienes y una posición de poder. Jesús le invita a bajar, a ponerse al nivel. Y la vida de Zaqueo entró desde aquel momento en una especie de revolución. No sólo acogió a Jesús en su casa. También se vio abocado a compartir sus bienes, a hacer justicia en el sentido más bíblico del término.

Quizá por eso, mirando a las fiestas que se celebran este mes, nos encontramos que noviembre se abre con la solemnidad de todos los santos. Es que los santos ni son todos los que están ni están todos los que son. Algunos han subido a los altares por razones inconfesables que tenían muy poco que ver con su vida. Y, lo más importante, muchos nunca han subido ni subirán a los altares. Por dos razones. En primer lugar, porque no tienen padrino ni grupo ni congregación que detrás de ellos empuje su causa. Y, en segundo lugar, porque estoy seguro de que ni ellos mismos lo hubieran deseado ni lo desean.

Seguir a Jesús no es cuestión de destacar, de subir a puestos, de ponerse capisayos, sino de abajarse, de salir de los puestos de privilegio. Jesús caminó con el pueblo. No frecuentó el templo –por ironías de la vida este mes celebramos la fiesta de la dedicación de la basílica de Letrán– ni las cercanías del poder. No tuvo amistades con los poderosos sino graves enfrentamientos que le llevaron a donde le llevaron. Y la única vez que se subió a algo fue a un borrico.

Los santos, los buenos santos, tienen una cierta tendencia al anonimato. Porque a Jesús se le sigue en lo escondido de la historia, en las zonas de oscuridad de este mundo. Este mes la lectura de la Palabra de Dios, de muy diversas maneras, nos invita a ser constantes en nuestra fe, a seguir a Jesús desde abajo, a renunciar a todo lo que sea posiciones de poder que, hay que reconocerlo, no sirven al Evangelio sino que lo pervierten.

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