África: “cuanto más se sabe sobre el oro, menos deslumbra su brillo”

pag17_economia_justicia1_web.jpg«No al oro sucio» es la consigna de una campaña dirigida a los consumidores e iniciada por Earthworks/Mineral Policy Center y Oxfam, con la intención de presionar a la industria del oro y cambiar la forma en que el mismo se extrae, se compra y se vende. En los días previos y los posteriores al Día de San Valentín -una fecha de gran importancia para la venta de joyas de oro en los EEUU- los activistas distribuyeron tarjetas de San Valentín con el mensaje: «No manche su amor con oro sucio» frente a joyerías y relojerías de primera línea, entre ellas Cartier y Piaget en la Quinta Avenida de Nueva York. También se solicita a los consumidores que apoyen con su firma una petición en el sitio web de la campaña ( http://www.nodirtygold.org ).

La producción de un solo anillo de oro de 18 quilates, que pesa menos de una onza, genera como mínimo 20 toneladas de desecho minero. La minería de metales emplea menos del 0,1% de la fuerza laboral mundial pero consume entre el siete y el diez por ciento de la energía del planeta. El 80% del oro se utiliza en joyería. La mayoría de los consumidores no se dan cuenta de que en los países del sur la minería de oro se asocia con la violación de los derechos humanos, e incluso con la prisión y la muerte, además de la devastación ambiental.

Como parte de la campaña, Earthworks y Oxfam publicaron el informe «Metales sucios: minería, comunidades y medio ambiente» (Dirty Metals: Mining, Communities and the Environment, http://www.nodirtygold.org/dirty_metals_report.cfm ) que describe en detalle la contaminación masiva, las enormes minas a cielo abierto, los efectos devastadores sobre la salud humana, los peligros para los trabajadores y, en muchos casos, las violaciones de los derechos humanos que se han convertido en distintivos de la minería de oro y metales en varios países. El informe muestra además que la minería no produce riqueza para los pueblos, sino que más bien se convierte en la llamada «maldición de los recursos” para países del Sur como Guinea, Níger, Zambia o Togo. Aunque en estos países el porcentaje en el valor total de exportación de los minerales no combustibles es alto (71, 67, 66 y 30 respectivamente), tienen un alto porcentaje de la población bajo la línea nacional de pobreza (40, 63, 86 y 32 respectivamente). La minería se vuelve una maldición doble para las comunidades locales, que a menudo sufren no sólo el desplazamiento directo sino además un desplazamiento de sus formas de sustento tradicionales.

Por otra parte, la minería se desarrolla incluso en sitios considerados patrimonio de la humanidad. Tal es el caso de la extracción de oro en la Reserva de Vida Silvestre de Okapi en la República Democrática del Congo, el Parque nacional Tai en Costa de Marfil, el Parque nacional impenetrable Bwindi en Uganda y el Parque nacional Kahuzi-Biega en la República Democrática del Congo, así como la minería de hierro en la Reserva natural estricta Monte Nimba en Guinea y Costa de Marfil.

En Ghana, país del occidente de África que cuenta con grandes minas de oro, la Comisión Ghanesa de Derechos Humanos y Justicia Administrativa emitió un informe en 2000 que constató «evidencias sobrecogedoras de violaciones de los derechos humanos ocasionadas por las actividades mineras, que no eran esporádicas sino que presentan un patrón bien establecido y común a casi todas las comunidades mineras”. Entre 1990 y 1998, más de 30.000 pobladores fueron desplazados en Tarkwa por las operaciones de extracción de oro. «Nuestro pueblo ha sufrido golpizas, prisión y asesinatos por defender nuestros derechos comunitarios contra las compañías mineras multinacionales», afirmó Daniel Owusu-Koranteng, un activista del distrito de Tarkwa. «Queremos que los compradores de oro apoyen nuestros derechos y exijan que las compañías mineras se rijan por normas éticas más estrictas».
Una investigación llevada a cabo por el grupo comunitario ghanés WACAM (Wassa Association of Communities Affected by Mining) detectó evidencias de que entre 1994 y 1997 el personal de seguridad de AGC (Ashanti Goldfields Company), actuando de manera conjunta con la policía y el ejército, asesinó a tres mineros artesanales. En un incidente en enero de 1997, 16 mineros artesanales fueron golpeados severamente por el personal de seguridad de AGC. WACAM también recogió el testimonio de otros seis mineros artesanales que afirman haber sido golpeados y atacados por los perros guardianes de AGC.

Incluso como fuente de trabajo, la minería no es sostenible. A la destrucción de la base de empleo tradicional le sigue la pérdida de la propia mina. Cuando los depósitos de mineral se agotan, desaparecen los puestos de trabajo. La mayoría de los proyectos a gran escala tienen una duración de diez a cuarenta años, después de los cuales las compañías mineras cierran las minas y se trasladan a la búsqueda de nuevos proyectos. Habitualmente, las escuelas, clínicas y otros servicios públicos que establecen las compañías pierden su fuente de financiación. Cuando esto sucede, generalmente los mineros y las comunidades quedan librados a sus propios recursos. Como la minería es una tarea especializada, los mineros en general carecen de otras habilidades laborales que puedan resultar útiles en el mercado de trabajo. Hay pocos programas de «transición justa» que permitan a los antiguos mineros capacitarse para realizar otros trabajos. Por estas razones, es probable que los mineros que son despedidos permanezcan desempleados durante largos períodos.

Con frecuencia, estos despidos tienen profundos efectos sociales, porque en general los mineros tienen un gran número de personas a su cargo (si bien la mayoría de ellas puede no estar en las propias comunidades mineras). Según una estimación de la Cámara Sudafricana de Minas, uno de cada ocho habitantes del sur de África depende económicamente de la minería. En la propia Sudáfrica, el primer productor de oro del mundo, la industria de extracción de oro despidió a cerca de 400.000 trabajadores entre 1985 y 2000 -casi la mitad de su fuerza laboral- privándoles a ellos y a sus numerosos dependientes de sus fuentes de ingreso.
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Ha llegado el momento de reformar nuestra «economía de metales» -cambiando la forma en que se producen los metales, buscando formas más eficientes de utilizarlos- y continuar utilizando aquellos que ya están en circulación. Y si resulta necesario extraer algunos metales, las operaciones de extracción más importantes nunca deben realizarse en reservas naturales y tierras nativas.

«Lo que pedimos es razonable, justo y posible», afirmó Keith Slack, asesor principal de políticas de Oxfam America. «El símbolo del amor perdurable no debe producirse a expensas del agua potable o del respeto a los derechos humanos». «El oro no parece tan brillante cuando tenemos en cuenta el daño colosal que producen las minas de oro», declaró Payal Sampat, Director internacional de campaña de Earthworks. «Pedimos a los consumidores que consideren el coste real del oro y estamos solicitando su ayuda para poner fin a las prácticas de minería que ponen en peligro la vida de las personas y los ecosistemas».

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