Los Sabios de Oriente se retrasaron este año un poco, pero ha merecido la pena y, por fin, tengo un teléfono nuevo, de esos que llaman “inteligentes”: tocas la pantalla y aparece una foto, estás permanentemente conectado con el mundo a través de correo electrónico, whatsapp y demás zarandajas y tienes media vida metida en él, con una gran dependencia por tanto del aparatito y su batería. La verdad es que la carta la había escrito en junio así que la espera ha sido larga, pero ha merecido la pena. Mi teléfono está hecho en China -como casi todos- y en su fabricación se usa coltán, ese mineral africano fuente de esclavitudes, conflictos y egoísmos, como el 99% de los cacharritos tecnológicos.. ¿Qué es lo que lo hace entonces especial y digno de ser traído a estas páginas?: es un teléfono móvil realizado con criterios de comercio justo.

El fairphone (http://www.fairphone.com/) es un producto de una empresa con sede en Holanda. Es iniciativa de un grupo de personas que, al ver que en el mercado no había alternativas para sus demandas sociales y ambientales, decidieron juntarse y buscar una solución válida. Vamos, como Triodos Bank cuando empezó, curiosamente también en ese país: ya que no hay un banco que responda a nuestras demandas éticas, creémoslo. En este caso la cosa parece más fácil. En junio empezaron una campaña de esas que ahora llaman de crowdfunding por la cual 25.000 ciudadanos y ciudadanas del mundo pagamos por adelantado nuestro teléfono, para que la empresa pudiera empezar a operar. Fueron 340 euros.

El teléfono en cuestión está fabricado con minerales sin conflicto. Se han buscado iniciativas en la República Democrática del Congo (RDC) que garantizan que estos minerales no usan fondos ilegales provenientes del comercio de armas y que, al centrarse en pequeños productores, de una sola región, permite aumentar el empleo a pequeña escala y contribuir al desarrollo económico y la estabilidad regional. A los mineros se les paga alrededor del doble del salario medio acostumbrado en la zona y se les garantizan condiciones laborales dignas. Este dinero extra permite además la creación de negocios locales e iniciativas de desarrollo en el área. La cadena de montaje y ensamblaje, en China, también cuida las condiciones de trabajo y los salarios dignos. Además se ha contado con una fundación que se llama Cerrando el Círculo, que ha asesorado sobre la reciclabilidad y reutilización de los materiales y el alargamiento de su vida útil. Minimización del envase, baterías recargables, cargador universal…

Otro aspecto interesante es lo tocante a su diseño abierto. “Si no puedes abrirlo, no puedes poseerlo” es su máxima, así que todas las especificaciones técnicas tanto del aparato en sí como del sistema operativo están publicadas y a disposición del público. Hay empresas sociales desarrollando aplicaciones y programitas para el teléfono y en su página web hay abiertos foros de discusión y de sugerencias. Así además, ser poseedor de un teléfono móvil no es tan solo adquirir el chisme, es participar de una tribu colectiva que construye de alguna manera el proyecto (bueno, eso también lo hacen los de la manzanita, de alguna manera, ¿no?). Por supuesto que el teléfono no viene asociado a ninguna compañía operadora, así que eres libre de elegir la que menos te explote y saquee.

Y por último: desde que el 7 de junio encargué y pagué mi teléfono, ha sido continuo el flujo de información recibida sobre los pasos que se iban dando. Cuando alcanzaron la cifra de 25.000 teléfonos que les permitía empezar la producción, a mediados de julio, nos hemos ido enterando puntualmente de la consecución de los diferentes retos que supone tener el teléfono en la calle: conseguir la aprobación del diseño por parte de las autoridades, transportar el material a China, empezar la producción, diseñar la caja de cartón reciclado en el que lo envían, concebir los programas y el sistema operativo… A veces, incluso, han ido preguntado por sugerencias, haciéndote de alguna manera partícipe del proyecto.

Quizá debería haber dedicado esta columna a discutir y profundizar en la necesidad o no de tener un teléfono móvil, en la dependencia tecnológica y psicológica que suponen estos trastos….durante muchos años me negué a tener uno de ellos, luego estuve mucho tiempo con un modelo antiguo de los de teclas, cuando todo mi entorno deslizaba ya los dedos por las pantallas, pero he preferido dedicarla a contar que es lo que hace especial al fairphone (que es como se llama) y porque estoy contento de haber comprado uno y de haber esperado más de medio año para poder abrir la caja y disfrutar de él.