Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida es el slogan que en sus diversas versiones, soportes e idiomas está dando tanto que hablar en estos comienzos del año 2009. La iniciativa nació en Londres y aquí se ha podido observar en algunos días de enero en los autobuses de Barcelona y Madrid.

La polémica está servida. Una asociación de ateos decide utilizar los medios y el lenguaje de su tiempo –la publicidad- para sacar a la calle y difundir su mensaje. Cristianos y católicos se rasgan las vestiduras y algunos medios de comunicación de los más conservadores editorializan en contra de una práctica que han permitido ayuntamientos y políticos.
Sin embargo nadie se cuestiona lo que para mí está en el fondo de la cuestión. El principal tema, a mi entender, está en la potencia de la publicidad para difundir ideas y mensajes creíbles (que no cien por cien veraces) y hacer que ciudadanos y ciudadanas nos los creamos. ¿Tanto miedo tienen determinados sectores de nuestra Iglesia y de nuestra sociedad a que un mero eslogan, colocado en tan solo dos autobuses de una gran ciudad, durante un solo fin de semana, gane adeptos para la causa que defiende? Entonces es que algo no funciona como debería funcionar:

No funciona, en primer lugar, que demos tanta credibilidad a la competencia y parezca que no estemos convencidos de nuestra oferta. Si por un mero anuncio publicitario vamos a perder consumidores (permitidme el lenguaje marketiniano) será que nuestro producto no está satisfaciendo plenamente las expectativas de quien lo consume. ¿no deberíamos debatir y profundizar sobre lo que realmente está llegando al público? Si creer o no creer en Dios es al final un mero tema de estrategia publicitaria es que no tenemos detrás un sólido producto en el que confiar. Creer/no creer se convierte en algo tan banal como en cambiar de marca de cacao soluble o de pasta de dientes.

No funciona, en segundo lugar, que en este caso demonicemos el medio elegido y cuando se trata de pedir que los contribuyentes coloquen la cruz del IRPF sí realicemos masivas campañas de publicidad, utilizando los mismos soportes (autobuses urbanos) para convencer a la ciudadanía de que deben comprar una idea.

No funciona, por último, que nos rasguemos las vestiduras por esta utilización del lenguaje publicitario, cuando vivimos inmersos en una cultura del consumo en la que anuncios y publicidad son el pan nuestro de cada día. ¿A cuántos mensajes creíbles pero no veraces estamos sujetos cotidianamente?

Probablemente Dios exista, o no, o…. Lo que sí tengo claro es que mis creencias más profundas no se van a ver removidas por un eslogan con cierta creatividad. Otra cosa es que lo único que haya sea marca y publicidad y debajo no haya sino humo. Entonces puede que sí entren dudas.

ballesteros@cee.upcomillas.es

CODA 1.- Cuando escribo esta columna llevamos ya trece días de indigno, cruel, inhumano y atroz ataque judío a la franja de Gaza. Parece que posicionarse a favor de los palestinos supone automáticamente ser tachado de antisemita. Que el Holocausto nazi contra los judíos (y no lo olvidemos también contra gitanos y otros colectivos como discapacitados u homosexuales) fuera denigrante y sanguinario y sea algo que la Historia no deba perdonar ni justificar tampoco quiere decir que la desproporcionada y brutal repuesta indiscriminada que estos judíos vienen haciendo contra otras poblaciones incluyendo objetivos civiles y desprotegidos (el ataque a escuelas por ejemplo) sea algo que deba quedar sin denuncia y sin condena. Desde aquí, pues, mi más enérgico desacuerdo con lo que hacen los judíos, mi mayor y mejor apoyo al pueblo palestino y por supuesto mi más profundo desacuerdo con toda clase de terrorismo, que incluye también el lanzamiento de cohetes de Hamas y resto de insurgentes.

CODA 2.- En este 2009 declarado internacionalmente Año del Braille me hubiera gustado transcribir esta columna a esa lengua, al igual que otras veces he escrito en catalán o gallego. Dificultades técnicas me lo impiden, pero no quería dejar de contar mis intenciones.