Despedida y cierre

La mitad de los años que ha vivido el Alandar impreso ha tenido mi puntual y mensual contribución en forma de escalones al cielo. Aunque en esta última etapa las Escaleras al Cielo se habían reconvertido en algo más sesudo y pragmático, como son las Cuentas de la Vieja, no me he resistido a responder a la amable invitación de nuestro director Miguel Ángel Vázquez y desempolvar los peldaños para despedir Alandar como se merece.

Hemos pasado del blanco y negro al color (en la vida y en la revista) pero hay cosas que no cambian, como la cálida acogida del Chaminade

Casi 20 años de escritura ininterrumpida dan para muchos cambios.

Cuando empecé a escribir escaleras yo estaba soltero y ahora estoy casado y con dos adolescentes por hijos. Por el camino ha habido perdidas, entre ellas la de mi madre, la de mi abuela. También nacieron sobrinas, sufrimos enfermedades. En 2002 vivía en un barrio, urbano, con gran vida asociativa y de movilización social y en 2006 me mude a vivir a ese pueblo del que tanto os he hablado en estas columnas y en el que tratamos de llevar la sostenibilidad y la cohesión social a sus más altas cotas. En 2002 ya trabajaba en la Universidad, pero hacía otras cosas con menor proyección social. En 2002 no había pisado Africa ni se me asomaba a la cabeza fundar la ONG Amigos de Nyumbani, pero si llevaba ya unos añitos con el proyecto de Subiendo al Sur, el restaurante de Comercio Justo y con el Grupo de Apoyo a Proyectos de Economia al Servicio de las Personas, uno de los embriones de la banca ética de hoy en día.

Entonces gobernaba Aznar, luego Zapatero, más tarde Rajoy y ahora Sánchez. El correo electrónico era casi la única forma de comunicarse por las redes sociales; hoy si no tienes cuenta en Whatsapp, Tiktok, Instagram, Twiter, Facebook y Linkedin no existes (os recuerdo que en alguna de ellas me podéis encontrar como @revolucionde7a9). A principios de los 2000 lo más avanzado socialmente eran los Foros Sociales Mundiales de Portoalegre, desde alguno de los cuales escribí alguna de estas columnas; ahora hay que ser hípster con barba poblada y tener una colección de emprendimientos sociales a tus espaldas para decir que haces algo en lo “social” y con impacto. En 2001 no se oían términos como economía feminista, o de los cuidados y la economía alternativa no era una verdadera alternativa a la economía; hoy tenemos dos bancos éticos funcionando en España, un mercado social y una apuesta clara por una economia sostenedora de la vida y los cuidados que no solo reivindica, sino que tiene el género como denominador común, facilitador y líder de esta economia. Cuando empecé a escribir en Alandar la Agenda 2015 era algo recién promulgado por la ONU, con sus 7 Objetivos de Desarrollo del Milenio apuntando a lo que los países en vías de desarrollo debían conseguir para salir de la pobreza; hoy, con la Agenda 2030 en plena vigencia y los 17 ODS en efervescencia, toda la población del mundo sabemos hacia dónde tenemos que avanzar si queremos cuidar la Casa Común que nos dice Francisco. En enero del 2002 cuando empecé a escribir quedaban 10 años para el 15-M pero apenas unos meses antes ya se habían derribado las Torres Gemelas de Nueva York, cuyas secuelas en la configuración geopolítica del mundo siguen hoy vigentes.

Y así podría seguir y seguir. Pero el espacio limitado de los medios impresos obliga a ser conciso. Solo un detalle final. En 2002 Rouco era Arzobispo de Madrid y lo fue durante 12 de los 18 años que he estado escribiendo esta columna, que sé fehacientemente que la leía o al menos le contaban lo que en ella escribía, pues alguna vez tuve que sufrir su seguimiento. Ahora sin embargo tenemos en Roma a Francisco, en Madrid a Osoro y ya no hace tanta falta que yo escriba estas columnas. ¡Larga vida al nuevo e-Alandar!

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