Hace 18 años que empecé a subir esta Escalera hacia el Cielo. 18 años de aprendizajes acompañados, de reflexiones compartidas. 18 años, 180 escalones subidos, alguno que otro con esfuerzo y sofocos. A lo largo de estos años he formado una familia, he tenido accidentes, retos laborales, he publicado libros, he soñado y reído y llorado. He conocido a muchas de las personas que me leéis y me habéis dado ánimo para seguir subiendo. No hay nada más gratificante que saber que alguien te lee y que lo que uno escribe llega, inspira y ayuda. Comencé esta escalera un enero de 2002 con la pretensión de que fuera una escalera al Cielo, una escalera hacia la Utopía, hacia el Reino. Decía entonces que la titulaba así en homenaje a un profesor de literatura de mi adolescencia que un buen día nos propuso enfrentarnos a un folio en blanco y escribir lo que la música nos sugería, y nos plantó en el casette el Starway to Heaven, la Escalera al Cielo de Led Zeppelín. Desde entonces, hace ya casi 40 años, no he dejado de utilizar el bolígrafo y el papel como una de mis armas de militancia pacífica, gracias a él, gracias a Pedro. Decía también entonces que esta Escalera se la dedicaba a todas las personas que construyen escaleras al cielo, a todos los que las suben, las bajan, las descansan…

Empecé esta colaboración con Alandar con Charo Mármol como directora. Seguí con Cristina Ruiz y Miguel Ángel Vázquez me propone ahora, con muy buen criterio, que quizás haya llegado el momento de dejar de subir escalón tras escalón y acabar aquí, en este enero de 2020, mi Escalera al Cielo. Los escalones han sido muchos y variados y el cielo al que queremos llegar a veces se ha alejado un poquito. Otras se ha visto más cerca. Esta escalera ha pretendido aportar reflexiones sobre nuestro estilo de vida de país desarrollado: sobre nuestro consumo, nuestro ahorro, nuestro ocio, nuestro trabajo, nuestra vida cotidiana y desde ahí sobre nuestros esfuerzos por coordinarnos, enredarnos, unirnos, asociarnos y movernos para que este estilo de vida sea un poquito más respetuoso, más justo y más solidario. Estoy contento, agradecido y feliz de haber tenido esta oportunidad. Gracias Charo, Cristina, Miguel Ángel y gracias a todas las personas que me habéis leído y acompañado.

Pero esto no significa que me vaya. No. La revista cambia, se reordena, se reconfigura y recoloca secciones y colaboraciones y Miguel Ángel me propone empezar una nueva sección, una nueva columna. Ya no hay Escalera al Cielo sino Cuentas de la Vieja. Cambiamos el foco, cambiamos el título, pero no el estilo. Nos vamos a centrar más en las economías cotidianas que transforman, pero también, ¿por qué no? en las que oprimen y causan dolor y ruptura. Hablaremos de dinero, de ahorros y de compras, de trabajo y de pensiones. Todo ello bajo el prisma de una economía al servicio de las personas y la Casa Común, de una economía reconciliadora y esperanzada, de una economía de las Bienaventuranzas. Espero que en los próximos 18 años la experiencia de escribir mes a mes en Alandar siga siendo, al menos, tan buena como en los 18 precedentes. ¡Mucha Mierda!