Los evangelios y la censura eclesiástica

JMJ_graffities_bien_.jpgSegún ha podido saber nuestra redacción parece que algunos obispos españoles se plantean pedir a la Congregación de la fe que se niegue la censura eclesiástica a los tres evangelios sinópticos de Marcos, Mateo y Lucas porque hay en ellos “una serie de formulaciones confusas y ambigüedades respecto a enseñanzas básicas de la fe cristiana”.

Según el texto secreto al que ha tenido acceso la agencia Iter, los autores del informe reconocen en los evangelistas “indudables méritos” y “una exposición sencilla y cercana” a los lectores. Pero, sin dudar de su buena fe, descubren en ellos afirmaciones que no parecen compatibles con determinados pronunciamientos de la Iglesia tal y como se exponen, por ejemplo, en el catecismo de la Iglesia Católica.

Para empezar (y al igual que sucede en el libro de José A. Pagola), la divinidad de Jesucristo aparece en ellos muy difuminada o amenazada por afirmaciones insuficientes y por descripciones inexactas, como la de que Jesús en Nazaret “no pudo hacer milagros”, como si éstos dependieran de la fe del hombre y no de la omnipotencia absoluta de Dios. Y cuando ponen en labios de Jesús la afirmación de que “no entrarán en el Reino de Dios los que me dicen Señor, sino los que hacen la voluntad de mi Padre” incurren los autores de los evangelios en un reduccionismo de la praxis, muy propio de algunas teologías recientes, que vuelve irrelevante la verdad sobre Cristo que la Iglesia tiene obligación de defender y custodiar.

Exactamente lo mismo ocurre en la escena del juicio final (de Mt 25) donde se da a entender que la misión del cristiano debería ser ayudar a los demás y aliviar las miserias terrenas, independientemente de la confesión de fe, que no queda adecuadamente subrayada.

De igual manera, cuando se dice por dos veces que Dios quiere “misericordia y no sacrificio”, o cuando Jesús pregunta si en día festivo es lícito ayudar al que sufre, se está dando a entender que la misión de la Iglesia no es celebrar culto y predicar moral, sino que parece reducirse al alivio de las miserias terrenas, como si el hombre se justificara por sus obras y no por la fe.

En la parábola del llamado “buen samaritano” que cuenta Lucas, hay además una crítica no disimulada a la institución eclesial, por cuanto se critica a personajes del mundo religioso oficial para ensalzar la conducta de un hereje. Todo ello puede inducir a un relativismo ante el problema de las diversas religiones y la verdadera Iglesia, ya denunciado por la declaración Dominus Iesus. Y el mismo evangelista, al contar la parábola del fariseo y el publicano se complace en criticar a quienes se esfuerzan por una vida moral coherente con la doctrina de la Iglesia, mientras ensalza a gentes de vida ligera sólo porque reconocen su ligereza…

Estos ejemplos muestran suficientemente la presencia de afirmaciones confusas y formulaciones poco afortunadas en los evangelios sinópticos, a la vez que, por contraste, ponen de relieve la sabiduría de la Iglesia cuando se oponía al acceso a la Biblia de las gentes sencillas, a quienes puede hacer un daño grande apartándolas del manto protector de la jerarquía eclesiástica, a la que Dios confió la misión de predicar a todas las gentes.

Los autores del Informe no dejan claro si su propuesta es negar la censura eclesiástica a los citados textos evangélicos o, dado que es la jerarquía la única que tiene poder para interpretar la palabra de Dios, hacer una reedición de esos textos que evite los peligros citados y ayude a que la fe de los sencillos quede protegida por la autoridad de la Iglesia, que se sabe deudora ante ellos y que es la única que puede salvarlos…

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2 comentarios en «Los evangelios y la censura eclesiástica»

  1. Yolanda, una pobre catequista indignada

    ¡Santo Dios! ¿Evangelio censurado?
    NO-ME-LO-PUE-DO-CRE-ERRRR!!!!!!! ¿De verdad corren estos vientos? ¡Pobre Espíritu Santo, atrapado entre moho, polvo, miedos y complejos! Atesoremos como bienes a extinguir nuestras magníficas versiones de la Biblia, no vaya a ser que las hagan desaparecer! Y tomemos como misión el hacer llegar la Palabra de Dios, libre y viva, a «esos pequeños», a quienes se les escatima la ESPERANZA y la ALEGRÍA. Eso es precisamente lo que les falta a esos pájaros de negro: ALEGRÍA DE VIVIR.

  2. Propaganda religiosa y nada más…
    Tan vacías están las arcas de las iglesias que se ven obligados a escribir este tipo de artículos aparentemente críticos y reveladores de información importante, pero que no son otra cosa sino publicidad «inteligente» orientada a encumbrar las obras de caridad totalmente antibíblicas practicadas por la Iglesia y a rebajar prácticas de mucho más valor, como lo es la confesión de fe, el culto (obvio de acuerdo a lo expuesto por los apóstoles, quienes aprendieron de Cristo) y el predicar moral.

    Decepcionante es esto…

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