Bonita palabra e importantísimo contenido. Que yo sepa, significa entre otras cosas intervención y predominio de un pueblo en un Estado.

Disculpadme amigos por mis deficiencias, pero quiero soñar pensando si en nuestra Iglesia hubiese democracia.

Empezaríamos por lo que es lógico, seguir el Evangelio, pero ¡todo!, no sólo aquello que nos interesa. Gozaríamos sintiéndonos y sintiendo que todos somos hermanos y, claro, nos trataríamos con cariño y respeto, como a iguales, sin olvidar la dignidad de todo ser humano y con la que en la Iglesia adquirimos como cristianos, hijos de Dios; por lo tanto, sin imposiciones dictatoriales, tratándola como Iglesia Madre que es y además santa.

Tendríamos cargos, servicios y responsabilidades, pero despreciaríamos siempre el poder, por aquello de que el poder engríe y nuestra conciencia no lo permitiría. Aprovecharíamos todo tipo de derechos humanos: el derecho a la vida pero en todos los momentos de ella, procurando poner los medios para que nadie la pierda por ningún motivo. Defenderíamos todas las buenas causas sociales; aquellas, sobre todo, que benefician a los pobres, el trabajo de los misioneros que luchan por la vida y la dignidad de esos seres humanos que no tienen más defensa y voz que la que les brindan estos seguidores del Evangelio y que éstos recibiesen, en vez de castigos, elogios y en vez de cortapisas, ayudas. Que se ensalzasen sus vidas cuando las perdiesen, sin que se quedasen en el anonimato, como sucede la mayoría de las veces. Que fuésemos comprensivos con los de otras religiones e ideales, abiertos a ideas y sugerencias del pueblo, escuchando a todos por igual, tanto a un cardenal como al más humilde y sencillo ministro del Señor… Que tuviésemos, en vez de ornamentos de oro, corazones de carne y no de piedra, y altares llenos de ofrendas dentro de cada corazón del ser humano.

Templos en cada ser cristiano en vez de catedrales… Que la Iglesia toda fuéramos lo más austera posible, para dar ejemplo; que cuando hablásemos, no ordenásemos y cuando aconsejáramos, fuera un sugerir lleno de amor, sin imposiciones y dejando al hombre libre, como el Señor nos hizo, porque ya los cristianos no somos niños… a los que se les prohibía leer la Biblia y ciertos libros.

Hemos crecido; hemos madurado, tenemos ideas propias y eso no hay que olvidarlo.