Sobre “noes” y desobediencias

Ilustración de Dani Farràs.En cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad de ser humano, ninguna tiranía puede dominarle» (Gandhi)

Hace unas semanas un amigo africano estuvo a punto de perder una mano, por un decreto injusto que le excluye de la atención sanitaria universal. Gracias a la desobediencia del personal sanitario y administrativo de un centro de salud y un hospital, mi amigo ha empezado a recuperar la movilidad de sus dedos.
Nada beneficia tanto a los sistemas de dominación como la obediencia y la identificación de lo justo con lo legal, hasta el punto de convertir a las personas en lacayos del mal y de la injusticia legitimada, como pudo también experimentar mi amigo en la barrera administrativa que se encontró hasta conseguir ser atendido. En este caso la barrera fueron un hombre y una mujer del centro de especialidades de Pontones, que, parapetados tras un ordenador, se mantuvieron rígidos e impasibles ante su dolor y cerrados a toda posibilidad de encontrar una alternativa, la cual, finalmente, con apoyo del personal de otro centro “desobediente”, encontramos. Porque todo sistema, por hermético que sea, tiene sus rendijas y, aplicando la inteligencia colectiva de las redes, podemos colarnos en ellas y desafiarlo.

Pero, ¡qué fácil resulta acatar las normas -aunque sean inhumanas- y que difícil el no! Desde pequeñitas nos lo han contado en los cuentos y en las religiones, sobre todo a las mujeres. ¡Pobre Caperucita, lo mal que lo pasó por desobedecer y salirse del camino! El cuento, en su versión tradicional, no lo dice pero es fácil imaginarnos que después de que el cazador la salvara aprendiera bien la lección de la sumisión y la obediencia. O la virgen María, no la verdadera, la de Nazaret, sino la versión light, la de azul clarito y su sí dulzón y atemporal, identificado con la resignación y el aguante, en el peor sentido de la palabra, que nada tiene que ver con la María histórica y sus palabras proféticas en el Magnificat (Lc 46-5), en la complicidad con Isabel (Lc 39-45) y con otras mujeres y como discípula en la comunidad de iguales del movimiento de Jesús (Lc 8,1-13 ).

Su hijo fue también un profeta del no. Su escucha profunda al sueño de su Abba Dios sobre la humanidad le convirtió en un disidente incómodo, pues su a la utopía histórica de Dios de hacer del mundo una mesa común, sin primeros ni últimos, estuvo cargado de noes: no a una imagen de Dios y del culto en cuyo nombre los pobres y excluidos se sentían sin derecho a Dios ni a su liberación (Mc 3, 1-6; Mc 12, 38-40); no a la doble moral frente a la integridad y dignidad de las personas (Jn 8,11); no al poder económico y a la dictadura de los mercados (Lc 11, 13-21); no al poder patriarcal que invisibilizaba a las mujeres y a los niños, negándoles su condición de personas (Mc 10, 42-45); no a la complicidad con la injusticia (Lc 11, 37-52); no a participar en juegos manipulativos entre el Estado y el templo (Mc 12, 13-17); no a la idolatría del dios-dinero, del dios-poder, del dios-prestigio (Mt 1, 11). Noes que tenían en el centro la dignidad de la persona y que circulara la vida en abundancia para todos y todas desde los últimos y últimas (Jn 10,10).

Necesitamos rescatar de nuestras tradiciones religiosas testigos y “testigas” de la desobediencia, mujeres como Sifra y Pua, parteras egipcias, que desobedecieron la ley tiránica del faraón, que por miedo a una rebelión de los esclavos decretó un genocidio de niños judíos. Estas mujeres, con su insumisión, salvaron la vida de Moisés (Ex 15,1-22); sufragistas como la norteamericana Alice Paul, que en sus raíces cuáqueras encontró la fuerza y el convencimiento para luchar por la igualdad entre hombres y mujeres hasta conseguir el voto femenino y a protagonizar por este motivo numerosas huelgas de hambre y actos de desobediencia civil; o Rosa Parks, la costurera afroamericana cristiana, cuya negativa a levantarse de su asiento y desobedecer de este modo la norma que daba primacía a los blancos sobre los negros en las asientos del autobús desencadenó las movilizaciones por la luchas de los derechos civiles en USA. Y así tantos profetas y profetisas del no como Martin Luther King, Gandhi…

El papa Francisco también es un papa de “noes” y nos anima a practicarlos:

No a una economía de la exclusión y la inequidad. Esa economía mata (…) en la Bolsa…Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas… por los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante”(EG 53).

No a la nueva idolatraría del dinero” (EG 55).

No a un dinero que gobierna en lugar de servir” (EG 57).

No a una inequidad que genera violencia” (EG 59).

Con el “no” reivindicamos el poder de los sueños y las rebeliones, las preguntas incómodas que cuestionan lo obvio, cuando la injusticia y el sufrimiento se naturalizan, se consideran efectos secundarios o “mal menor” y se pretenden políticas de ajuste con las que quizá a la economía le vaya bien, pero a los pobres les va mal. Por eso en esta mañana fría de febrero y con anhelo de que reviente la primavera por fuera y por dentro comparto la postura de la filósofa Marina Garcés en su negativa a aceptar que el capitalismo y sus valores sean la única alternativa viable, desmintiendo la tesis de Byul Chul-Han y otros intelectuales “cierrapuertas” sobre la revolución imposible: “La tesis de que la revolución o los cambios profundos de sistema ya no son posibles sólo puede sostenerse desde la mirada del poder. Tener poder es, precisamente, pretender dominar un determinado espacio de lo posible; de lo que puede ser o no ser, de lo que puede pasar o no pasar. El ‘ya no’ de la sentencia encierra la revolución entre una posibilidad pasada y una imposibilidad futura. La neutraliza presentándola como una experiencia histórica caducada. Pero, para los sin poder, lo posible siempre es una cárcel, un espacio de dominación”.

Hace años, en ¿Fin de la utopía, fin de la historia?, también el teólogo Moltmann proclamó su no rotundo ante la tesis de Fukuyama sobre el fin de la historia, las ideologías y la victoria del capitalismo: “Los pueblos y personas oprimidas, las masas hambrientas y excluidas son los sujetos de las visiones acerca de una vida libre y justa. Mientras exista la injusticia hay también esperanza de un futuro que sea distinto del presente que se está sufriendo (…) Puesto que no tienen ninguna participación justa en el presente reclaman un futuro alternativo (…) La protesta se los seres humanos, que han llegado a ser mercancía superflua, y la protesta de la tierra violada no permitirán que el estado del mundo siga siendo el que es”.

En definitiva, que somos muchos y muchas quienes nos negamos a que el capitalismo, con sus lógicas, sus planes de ajuste, su antropología salvaje, su compasión y solidaridad light, colonice nuestras conciencias, nuestros bolsillos, nuestra forma de vida, nuestra relaciones y nuestro corazón. Nos declaramos en desobediencia porque creemos en el Dios de Jesús, que se encarnó en un marginal y no en el dios-mercado y porque le reconocemos “nuevamente encarnado” y disidente en todos y todas a quienes el sistema descarta. Por eso, desde lo micro a lo macro, reinventamos formas de vida y organización comunitaria y vamos despacio, porque vamos lejos. La rebelión está en marcha. ¡No!

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