“Querida ministra…”

pag12_hayvida_web-5.jpgHace dos años se aprobó el Real Decreto Ley 16/2012. Desde entonces más de 800.000 personas están siendo condenadas a la exclusión sanitaria en nuestro país y dos de ellas, Alpha Phan, de origen senegalés y Soledad Torrico, boliviana, han muerto a consecuencia de la negación de este derecho a las puertas de un hospital en Mallorca y Valencia respectivamente. Al día siguiente de la aprobación nació el movimiento Yo sí sanidad universal.

Hace ya muchos años, un comentario de Joaquín García Roca sobre un texto texto de Walter Benjamin cambió mi perspectiva de análisis sobre la realidad y las luchas sociales. Su reflexión venía a decir lo siguiente: la historia está habitada por chispas mesiánicas que explosionan en contacto con la exclusión, con la antihistoria y con la cruel inhumanidad, una chispa que se activa en contraste con las personas crucificadas y en contacto con el reverso de la historia, produciendo una pléyade de testigos, minorías que, desde la contraculturalidad, son el germen de una nueva sociedad que se hace historia ya en ellos.

Las gentes de Yo sí sanidad universal son una de esas chispas. Forman parte de esas minorías incómodas que portan ya la alternatividad del Reino, tanto en los contenidos de sus protestas y propuestas como en sus modos de llevarlas a cabo. Nacen como un movimiento ciudadano de base, independiente de grupos políticos y sindicales, con tres objetivos muy claros: acompañar a las personas víctimas del apartheid sanitario para asegurar que todo el mundo tenga derecho a la asistencia que necesita, dentro del Sistema Nacional de Salud y no a través de un sistema de beneficencia; visibilizar y denunciar las consecuencias del decreto y conseguir su “derogación por abajo”. Es decir, desde la práctica de la desobediencia civil.

Actualmente existen numerosos grupos de “desobedientes” repartidos por los barrios de Madrid y otros puntos de la geografía española que, como “centinelas”, velan cotidianamente porque el derecho a la salud no sea un privilegio solo para algunos y algunas. Gentes que se han hecho expertas en saltar vericuetos administrativos complejos anteponiendo la persona y su dignidad a la norma y los intereses del capital. Mustapha, Jaime y Carre son algunos de ellos. Mustapha es marroquí y, al poco tiempo de llegar a España hace unos meses, se le declaró una diabetes aguda. Aunque se sentía muy mal tenía miedo a ir al médico, porque ya le habían negado la atención en su centro de salud varias veces por estar en situación irregular. La última de ellas, un administrativo llegó incluso a amenazarle con avisar a los guardias jurados si seguía insistiendo en su demanda. Jaime y Carre acababan de hacer un taller sobre estrategias de desobediencia al decreto y se dieron cuenta de que aquel era el momento de ponerlas en práctica y así lo hicieron. Mustapha lleva ya en tratamiento varios meses y ahora Jaime y Carre andan acompañándole para evitar la facturación que han intentado cobrarle por una hospitalización. También Marisol, Maite, Paco, Teresa, Carmen, Silvia, Alam y Aminata han protagonizado historias parecidas. Pero no todas acaban igual. Berthe, una compañera africana nos contaba hace días el retorno desesperado de una amiga de Mali a la que le negaron el tratamiento de tuberculosis y que, harta de estar sola y no encontrar apoyo, había regresado a su país en muy malas condiciones.

Mientras tanto, Ana Mato continúa asegurando en sus declaraciones que la sanidad en España sigue siendo gratuita y universal. Por eso, hace unos meses las gentes del Yo sí lanzaron la campaña Querida ministra invitándonos a todos los ciudadanos y ciudadanas a dirigirnos a ella con videocartas para explicarle cómo el apartheid sanitario está afectando a nuestras vidas y a las de nuestros vecinos. La “presentación oficial” de esta campaña se hizo con la “ocupación” del hall del Ministerio de Sanidad, donde las gentes del Yo sí protagonizaron una acción creativa y no violenta en la que, cubiertos con máscaras blancas, leyeron y pasaron por registro una carta apoyada, por más de 40.000 firmas exigiéndole a la ministra respuestas al actual caos generado en la sanidad española y su dinámica excluyente, xenófoba y racista.

Reescribo parte de su texto: «¿Miente usted, señora ministra? (…) ¿Cómo se atreve a hablar de universalidad, señora ministra, cuando en estos dos últimos años vemos cómo diariamente se niega la asistencia sanitaria tanto en centros de salud como en hospitales, cómo se exigen compromisos de pago en urgencias y cómo se emiten facturaciones por urgencias que incumplen su propio Real Decreto? (…) Hemos constatado cómo mujeres embarazadas no acuden a sus centros de salud por temor a una facturación, cómo se retrasa la asistencia a menores porque ya no tienen todos una tarjeta sanitaria, cómo personas con enfermedades crónicas dejan de tomarse parte de su medicación porque no pueden pagársela. Hemos constatado la desinformación de los profesionales, el laberinto administrativo que se ha generado para conseguir atención sanitaria (…) Vemos diariamente el sufrimiento, el miedo, el abandono, la injusticia y la exclusión que sufren miles de personas como resultado de su reforma. Vemos personas enfermas que no pueden pagarse la medicación, personas enfermas a las que se les niega la atención por su situación administrativa o laboral, víctimas de violencia machista que no pueden acceder a la atención sanitaria por carecer de tarjeta, profesionales sanitarias y no sanitarias que quieren atender y se encuentran con innumerables trabas (…) Mientras la justicia va dando la razón a las Comunidades Autónomas en su oposición al Real Decreto de Exclusión Sanitaria; mientras los autos del Tribunal Constitucional respaldan la protección del derecho a la salud; mientras el Comité de Derechos Sociales del Consejo de Europa y el Comisario de Empleo y Asuntos Sociales de la Unión Europea condenan la retirada de la tarjeta sanitaria tanto a las personas sin residencia legal como a los y las emigrantes españoles en situación de desempleo que pasen más de 90 días fuera de España; mientras la mayoría de médicas y médicos rechaza su Real Decreto y mientras once Comunidades Autónomas se niegan a aplicarlo o han desarrollado programas especiales que intentan paliar algunos de sus efectos, mientras todo esto pasa, usted, señora ministra, sigue repitiendo que la sanidad en España es “universal y gratuita”.”

Los santos padres identificaron a Jesús como Médico divino y la salvación como salud. Quizá por eso y porque el otro día en una marea se me quedó grabada en la mente y en el corazón una pancarta que decía: “Si la salud es un derecho, desobedecer es una obligación” he tenido estos días una “visión”, no sé si como fruto de un “efluvio místico” o de los sofocos propios de mi edad. El caso es que en todas las parroquias, grupos cristianos, colegios y congregaciones religiosas se habían formado grupos de acompañamiento en la desobediencia al decreto y que, al reconocernos, nos saludábamos todos con un guiño cómplice: yo sí sanidad universal.

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