Los nuevos “Nicodemos y Nicodemas”

pag22_desdeotroprisma_web.jpgSe acabó. No aguanto más el bombardeo de malas noticias dirigidas a colonizar nuestras conciencias y someterlas al síndrome de “no hay salida”, a la impotencia y al “sálvese quien pueda”. No es que quiera negar la realidad cerrando los ojos ante la perversión y las tretas del sistema para intentar sobrevivir a costa de más y nuevas víctimas pero, como dice Miguel, un joven amigo, “hay vida más allá de la crisis”.

Quizá por eso he amanecido esta mañana con una estrella de colores en la lengua y una pluma verde esperanza en mi mano empujándome a escribir algunas de las muchas de historias de amor y solidaridad cotidianas que acontecen en el corazón de estos tiempos oscuros y en los que, paradójicamente, existen miles de luciérnagas.

Hoy quiero hablaros de los nuevos “Nicodemos” y “Nicodemas”. Sí, he dicho bien, “Nicodemo”, aquel “jubilado” con cierto estatus social y religioso que empezó a ir de noche a escuchar a Jesús pero que terminó pringado con Él y su causa hasta los tuétanos, convencido de que se podía nacer y renacer de nuevo desde el agua y el espíritu de la novedad de Dios en los márgenes y fronteras de la historia ( Cf Jn 3, 4-6).

Quiero hablaros de Salvador, Pepe, Josefina, Isabel, Toñi, Pilar, Beatriz, Blanca, Teresa, Nino…, hombres y mujeres, en su mayoría jubilados, que mantienen bien vivos sus sueños de utopía y cambio social desde abajo y desde el encuentro cuerpo a cuerpo con los últimos y las últimas de la ciudad.

Es fácil reconocerles conversando con jóvenes africanos y bangladeshíes, manteros o vendedores de agua en las proximidades del parque de Berlín, Barajas o Lavapiés o en algún bar tranquilo, sentados y sentadas para preparar un juicio cerca de los Juzgados de Julián Camarillo o Plaza de Castilla o compartiendo un chebullen o arroz besmati en habitaciones pequeñas llenas de gente celebrando el fin de ramadán o la obtención de la tan deseada “tarjeta de residencia”.

También se les puede identificar fácilmente en las fiestas de apoyo a los colectivos de luchas migrantes y otros nuevos movimientos sociales, especialmente cuando hay que recoger fondos para la caja de resistencia. Sus cabezas canosas resaltan con mucho en medio de las rastras o pelos de colores del resto de los asistentes o porque suelen estar conversando cuando a su alrededor toda la sala brinca a ritmo de reggae y también, todo hay que decirlo, por su compartir generoso con la caja.
No saben wolof ni bangla, pero son expertos intérpretes del español chapurreado con que sus interlocutores les comparten nostalgias, sueños, apuros, historias de dignidad y supervivencia amenazadas por las leyes del mercado y la violencia de las políticas migratorias. No han estudiado derecho, pero se han especializado en reivindicar abogados de oficio para los “manteros” o en hacer declaraciones a su favor ante el juez para impedir su ingreso en el CIE. A Algunos y algunas de ellas se les puede confundir con los “yayos flautas”, pues no se pierden una “mani” en la defensa de lo público y la reivindicación de otra gestión alternativa de la crisis o la reivindicación de una democracia en verdad participativa y liberada de la dictadura de los mercados.

Sus pasos no son siempre ágiles, pues han sostenido y sostienen “mucho” y a “muchos”, pero son incansables en su resistencia y creatividad, mucho más desde que sus amigos del mundo les han enseñado su secreto y juntos aprenden también el difícil arte de dejarse sostener, de la mutualidad y la reciprocidad, de saberse necesarios pero no imprescindibles, del “hoy por ti, mañana por mí”, con la naturalidad de quienes se echan unas risas juntos, se abrazan para darse un consuelo o mantienen conversaciones telefónicas a cobro recargado de larga distancia: Madrid-Nigeria o Madrid-Bangladesh…

Se puede contar con ellos y ellas a cualquier hora, en cualquier rato: “Tenía algo que hacer pero, si no encontráis a nadie, dadme un toque y lo cambio”,”Había quedado con mis nietos… pero si urge…”suelen ser sus respuestas habituales ante situaciones que se presentan de improvisto.

Algunos de estos nuevos “Nicodemos” y “Nicodemas” crearon con otras gentes hace ya cerca de tres años un fondo de resistencia y apoyo contra la crisis desde el que apoyan la formación y el empleo de jóvenes inmigrantes, la mayoría sin papeles o con riesgo de perderlos; otros forman parte de los grupos de seguimiento y apoyo en caso de detención por cuestiones de extranjería y, con su apoyo, se han ganado juicios, evitado ingresos en CIE, se han hecho mediaciones con éxito con caseros “vampirescos”, se han conseguido aplazamientos y renegociaciones de deudas con entidades bancarias perversas.

Su colaboración y apoyo es siempre eficaz, pero lo mejor de ellos y ellas es que “buenean” la vida, la hacen más amable y esperanzada, con sus pequeños gestos construyen lo inédito viable en el aquí y el ahora con toda su fuerza transgresora. A su edad y cuando otros y otras deciden “retirarse” se han hecho expertos en transitar fronteras y encontrar complicidades y alianzas para superarlas.

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