Geum Dodou: Coraje y Vida

He estado unos días en la frontera Sur: Melilla-Nador y como siempre que lo hago he venido con la sensación de traer el infierno pegado en la piel. Los menas y los jóvenes subsaharianos con que me he encontrado me lo han traspasado. Como recoge el último Informe de la Asociación Pro-Derechos Humanos de Andalucía, la frontera Sur es sin duda un campo de experimentación de las más crueles e inhumanas políticas represivas de control de flujos en las fronteras europeas: inversiones millonarias, pagos oscuros a Marruecos, nuevas vallas, instalación de concertinas (ahora también en los puertos), experimentación con drones o con camiones cisterna, construcción de un nuevo foso por parte de Marruecos en la línea exterior, etc.

Todo ello convierte a la frontera Melilla-Nador en una zona infernal, no sólo para migrantes, sino también para porteadoras o trabajadoras transfronterizas. Un espacio de arbitrariedad e ilegalidad donde se violan cotidiana e impunemente los derechos humanos, de lo cual constituyen un claro y perverso ejemplo las devoluciones en calientepor las que España ha sido condenada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Según esta sentencia, estas devoluciones se ejecutan contra la voluntad de los expulsados, sin intérpretes ni asistencia jurídica que les informe de sus derechos, sin posibilidad de recurso y de forma colectiva, lo cual está expresamente prohibido  en el Convenio Europeo de Derechos Humanos. No obstante con la excusa de que la sentencia no es definitiva y ha sido recurrida,  las devoluciones en caliente se siguen practicando, tanto por tierra como por mar.

Muchas de las personas con las que he estado estos días en Melilla nos mostraban  las marcas en su piel de la violencia de las devoluciones y lo hacían paradójicamente con una sonrisa en la cara. “Pero hoy estoy aquí”, nos decían “y pronto en la península”. Así nos lo narraban Camara y Jospin, dos jóvenes valientes que desde Mali y Camerún atravesaron Mauritania, Argelia, Libia y Marruecos hasta llegar a los campamentos desde donde pudieron organizarse para saltar la valla y solicitar asilo en Melilla. Por eso en Melilla se toca el infierno pero también la resiliencia y la humanidad a prueba de todo en rostros oscuros y de facciones jóvenes que aprovechan su tiempo de tránsito para intentar estudiar, cómo nos contaba otro joven camerunés que ha iniciado estudios de la ESO, hasta que su situación se resuelva legalmente y lo hace en unas condiciones terribles, dado el hacinamiento del Centro de Estancia Temporal donde reside.

En este tiempo de tránsito hasta su llegada a la península es en el que la asociación Geum Dodou  (coraje y vida en lengua uolof ) acompaña a estos jóvenes y les ayuda a prepararse para ese otro “vértigo terrible” que es el choque con la realidad que se van a encontrar en la península y en el que muchos, tras todo el esfuerzo invertido en el viaje, se desploman si no encuentran redes de apoyo que puedan servirles de sostén y a las que también ellos puedan aportar sus sabidurías construyendo la  reciprocidad que nos es imprescindible para vivir.  

Geum Dodou es una asociación de voluntarios y voluntarias, muchos de ellos los propios chicos subsaharianos que han saltado la valla, que se autoorganizan para apoyarse en este tiempo de tránsito intercambiando saberes y habilidades. Junto a ellos una comunidad religiosa intercongregacional formada por Eñi (Religiosas del  Ángel de la Guarda) y Vero y Marisa (Apostólicas del Corazón de Jesús ) y otras personas como Nayat, una joven profesora musulmana, que reaccionan frente a la hostilidad y la indiferencia con que la sociedad melillense en general  naturaliza la violencia de las fronteras, la xenofobia y el racismo.

El aprendizaje de la lengua española, los talleres legales, el deporte, la música, los talleres creativos, el cuidado de la convivencia y el acompañamiento a las personas  son algunas de las acciones con que Geum Dodou intenta que este tiempo de   tránsito se convierta en un tiempo de cuidado y empoderamiento, de generación de vínculos de referencia para que puedan retomar fuerzas, sentirse  seguros y empezar a sanar no sólo las heridas en las manos o en los pies que se han hecho al saltar la valla, sino también otras a veces mucho más dolorosas y profundas como han vivido a lo largo del viaje: la pérdida de compañeros por el camino o la violencia y para la que  como diría Eduardo Galeano una terapia  siempre eficaz  es el  asombroso poder de los abrazos.

Geum Dodou es también un observatorio de resistencia, de historias de vida que se escapan a los planes de los tecnócratas y de la seguridad de los estados.

Geum Dodou se nutre también de personas voluntarias de diferentes lugares de España, y a veces del mundo, que desde los vínculos establecidos se convierten en redes de apoyo, redes de vida, allá donde las personas migrantes continúan su viaje: Sevilla, Madrid, Granada, Badajoz, Córdoba, Francia, Bilbao, Irún, etc. Geum Dodou, como los hombres y  mujeres que la forman, es en sí misma un sacramento del coraje y de la vida que resiste y que atraviesa muros y concertinas misteriosa y clandestinamente porque la vida es más fuerte que la muerte y porque, como decía otro amigo maliense, estos días no hay valla que pare el hambre ni los sueños de libertad de una persona.

Geum Dodou es también un observatorio de resistencia, de historias de vida que se escapan a los planes de los tecnócratas y de la seguridad de los estados. Los  observatorios requieren de mujeres y hombre vigías más que de expertos en radares. Los segundos se limitan a detectar un punto rojo en la pantalla, sin embargo a los vigías les resulta imposible separar conocimiento y afecto, apuestan  por una cercanía que les familiariza con el riesgo, de modo que desde la proximidad se percibe lo que es inédito para otras miradas. Quizás  por eso  hace unas semanas una compañera de Geum Dodou al hacer su paseo matutino para acoger el día escuchó un murmullo entre arbustos  que le decía “ayuda, ayuda… ou es que est le CETI?… Boza… Boza”. Y al acercarse descubrió los cuerpos de dos jóvenes malienses que acababan de saltar la valla mientras los helicópteros sobrevolaban la ciudad y el resto de los paseantes seguía su canino ajeno al milagro de  coraje y vida que estaba sucediendo. A las 12  de la mañana  la radio daba la noticia: “La delegación de gobierno informa: esta mañana sobre las siete   horas, un grupo de cuatro inmigrantes ha llevado a cabo un intento de intrusión en el perímetro fronterizo a la altura de V Pino. La presencia inmediata de la Guardia  civil y de las fueras de seguridad marroquíes han impedido el acceso a dos de ellos a Melilla mientras que otros dos han conseguido acceder a nuestra ciudad. Los migrantes son dos hombres jóvenes que se encuentran ya en el CETI”.

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