Crisis y nuevos alumbramientos

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Ilustración Pepe EstudioJa

Empecé a colaborar con Alandar hace casi 10 años en pleno espesor de la crisis de 2008. Hoy escribo mi última colaboración para el periódico en formato de papel en el inicio de este agujero oscuro que están siendo la crisis del Covid. Mi sección se ha venido llamando desde entonces Hay vida después de la crisis, pues esa era claramente mi intencionalidad: poner lupa en la luz, más que en las sombras, sin obviarlas. Apostar por rescatar la esperanza entre tanto escombro y auscultar el murmullo de lo inédito, que emerge también siempre en las situaciones de crisis en las que nos sentimos forzados a pensar lo impensable, a estirar la realidad hasta el límite paraque dé más de sí.

Hoy escribo este artículo con sentimientos que me resultan difíciles de definir por ser en muchos casos contradictorios. Escribo con indignación por cómo esta crisis se está cebando con los y las más pobres y por la incapacidad de los políticos de poner el bien común en el centro, en lugar de sus intereses partidistas. Escribo con rabia ante la violencia de la ultraderecha empeñada en levantar el odio, el racismo, el clasismo y el sexismo en una situación económica y social que reclama con urgencia amor político, diálogo y tolerancia. Escribo con cansancio, quitándole horas al sueño porque la pobreza “da mucho trabajo” a quienes ponemos nuestras energías en intentar combatirla. Escribo pegada a la materialidad de la vida y la preocupación por organizarnos colectivamente para cubrir las necesidades básicas de tantos compañeros y compañeras, vecinos y vecinas, amigos y amigas que no saben hasta cuándo van a poder mantener el alquiler, o cómo van a conseguir comida, ropa de abrigo e incluso medicinas.

Pero lo hago también con admiración y reconocimiento ante tantas iniciativas vecinales empeñadas en defender la alegría en estos tiempos sombríos y redistribuir la riqueza y los bienes comunes entre todos aquellos y aquellas que están siendo desposeídos con el pretexto de esta crisis. Tecleo el ordenador con la nostalgia de relaciones vividas desde el cuerpo a cuerpo en lugar de por una pantalla virtual. Me habita el fuerte   convencimiento de que en tiempos de incertidumbre, distancia social y exceso de sufrimiento como el que nos atraviesa, necesitamos recrear nuevas formas de encuentro y solidaridad para lo cual se nos hace imprescindible la mirada interior y comunitariaa la realidad. Por mirada interior entiendo una mirada contemplativa, y crítica ante el desorden de un sistema, en guerra contra la vidapor el expolio del planeta y la biodiversidad, que se han convertido en caldo de cultivo propicio para pandemias como la que actualmente estamos viviendo. En tiempos de distancia social, cuando tocarnos es imposible, la mirada recupera toda su fuerza: mirar a los ojos de los otros y otras y dejarnos mirar por ellos y ellas, especialmente por las personas más vulneradas en sus derechos por esta crisis, quizás nos permita encontrar en ellos la luz necesaria para rescatar la esperanza en medio de tantas ruinas como está quedando aprisionada.

Por eso comparto algunas miradas que encienden la mía hoy y me sirven de brújula ante tanta incertidumbre y desgarro como nos atraviesa:  

-La mirada de Lasa, compañero senegalés sin papeles que vive en España desde hace 8 años. Vive en una casa ocupada sin luz y sin agua con otro grupo de africanos. Han pasado la cuarentena del Covid en esas condiciones. Su mirada reclama la urgencia de una regularización ya permanente y son condiciones, porque ningún ser humano puede ser declarado ilegal. 

-La mirada de Luzbeth, trabajadora de hogar interna que enfermó de Covid cuidando de una anciana enferma. Pasó todo el confinamiento con ella, pues los hijos vivían en otra ciudad. Cinco meses después Luzbeth ha sido despedida por estar de baja por ansiedad un día, al conocer la noticia de la muerte de su madre por Covid en Honduras. Su mirada reclama la exigencia de condiciones laborales de las trabajadoras de hogar, excluidas de los derechos más básicos reconocidos en el Estatuto de los trabajadores, entre ellos el fin del desistimiento y el derecho al subsidio de desempleo.

La mirada de Danna y su bebé, una mujer española, a la que el confinamiento le pilló inmediatamente después de ser desahuciada. Fue acogida en una casa ocupada de mujeres donde cuidaron de ella y su bebé y le ayudaron a tramitar el ingreso mínimo vital. Actualmente está durmiendo en un recurso del SAMUR sin haber solucionado su situación. Su mirada nos desvela que la vivienda no puede ser un privilegio sino un derecho. La exclusión habitacional se ha convertido en una de las formas más violentas de pobreza en nuestro país. Pero la mirada de Danna y su bebé reclama a la vez la urgencia de unos servicios sociales menos burocratizados, más flexibles y ágiles en la resolución de las situaciones urgentes, más dirigidos al cuidado y la protección de las personas y colectivos más vulnerados que al control social, la sospecha y la criminalización.  

-La mirada de Rosa, una médica del centro de salud de mi barrio, dedicada de manera voluntaria junto con otros colectivos sociales a dar talleres sobre seguridad y salud frente al Covid entre los grupos más vulnerables y excluidos del sistema sanitario y encontrar formas de acceso a él. Su mirada denuncia la privatización de los sistemas de salud en la deriva neoliberal en la que nos encontramos y la exigencia de una sanidad pública y universal en la que nadie se quede fuera, como reclaman la plataforma Yo sí sanidad universal, de la que forma parte.

Estas miradas me confirman también que la crisis del Covid es mucho más que una crisis sanitaria y una crisis social, no es sólo un tránsito, ni siquiera un aviso. Es una realidad que va a cambiarlo todo. Como escribía el filósofo Slavoj Zizek[1] al inicio de la pandemia, el virus ataca los cimientos mismos de nuestra vida, provocando no sólo una ingente cantidad de sufrimiento, sino un desastre económico que los poderosos intentaran aprovechar para recuperar sus privilegios No habrá ningún regreso a la normalidad, sino que la nueva normalidad tendrá que construirse sobre las ruinas de nuestras antiguas vidas.

Pero las crisis son siempre un crisol, nos obligan a separar el oro de la ganga y nos empujan a pensar lo insólito, a sostenernos en el hoy para tener vidas que merezcan la   alegría de ser vividas y eso solo es posible desde la gestación colectiva de la cultura del cuidado, de la inter y ecodependencia. Esta gestación requiere parteros y parteras que no se acomoden al darwinismo social, a la lógica del hiperdesarrollo y el crecimiento ilimitado, a la naturalización de la pobreza siempre para los mismos y las mismas. El porvenir se gesta en la solidaridad y la defensa de la vida más vulnerada hoy y esto solo será posible desde un profundo cambio en nuestras formas de vida, producción y consumo. Solo será posible desde un cambio de conciencia, un éxodo imprescindible mental y cordial del que señalo algunos aspectos que tomo de Emma Martínez Ocaña en su libro ‘Es tarde, pero es nuestra hora’[2]: 

Las crisis son siempre un crisol, nos obligan a separar el oro de la ganga.

Ilustración Pepe EstudioJa
  • De la fantasía de la suficiencia a la experiencia de la inter y la ecodependencia que nos compromete a poner la vida en el centro empezando por la más vulnerada. 
  • Del consumismo depredador al decrecimiento o crecimiento sostenible para todos y todas. Vivir con sencillez y sobriedad para que otros y otras puedan sencillamente vivir.
  • De la búsqueda compulsiva de seguridad a toda costa a abrazar y vivir la vulnerabilidad asumida y compartida y la inseguridad e incertidumbre como compañeras de caminos de la existencia humana.
  • De la superficialidad, la inconsciencia y la manipulación mediática a la profundidad y la conciencia crítica informada y comprometida con el bien común, y lo público.
  • De la cerrazón mental y vital a la apertura dialogante, constructora de puentes que desmonte prejuicios, fronteras ideológicas, polarizaciones sociales, para que las personas y la vida más amenazada sean lo primero.
  • Del sálvese quien pueda a la experiencia comunitaria, la creación de espacios compartidos de búsqueda de alternativas en común.
  • De la globalización de la indiferencia al padecer con, vivir la compasión política, almodo de Jesús de Nazaret, que nos compromete con la eco justicia y la ternura con toda vida.

Si la vida se sostiene en un milagroso entramado de interconexiones, hoy más que nunca se nos hacen imprescindibles las redes de cuidados, como esta pandemia nos está demostrando:

Redes, tejiendo redes,
Tu cuerpo y el mío, formando parte del cuerpo de la tierra y del cosmos.
Tu necesidad con la mía y la de todas las especies.
Desuniendo el caos, cohesionando esfuerzos,
Generando vínculos, superando fracturas,
Redes, tejiendo redes
En el entramado misterioso de la sostenibilidad de la vida,
Tensión, clamor, pasión y grito de la vida siempre resiliente
sostenida y sosteniéndonos.

Alandar desde su formato digital seguirá contribuyendo a ello… Seguimos.


[1] Slavoj Zizek, Pandemia, Anagrama Barcelona,2020, p.12.

[2] Emma Martínez Ocaña, Es tarde, pero es nuestra hora. Narcea, Madrid, 2020, pp. 128-129. 

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