Objetivo 8: Fomentar una asociación mundial para el desarrollo

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Con tu puedo, y mi quiero, vamos juntos compañero.
Mario Benedetti

Llegamos al final de esta serie de artículos que nos ha tenido todo el 2010 ocupados sobre qué puedo hacer yo, ciudadano/a del mundo desarrollado desde mi cotidianeidad y mi vida normal de padre/madre de familia, trabajador/parado, militante de asociaciones, creyente, amante, amigo… para poner en mi agenda diaria la lucha por la consecución de los Objetivos del Milenio. Espero que hayan dado pistas o, al menos, pautas para la reflexión.
El objetivo 8 es el más abstracto, político y quizá el más alejado de las personas y el más dirigido a los que tienen el poder (nominal, que el real lo tenemos todos) de cambiar las cosas. Se subdivide en varias metas:

A) Desarrollar aún más un sistema comercial y financiero abierto, basado en normas, previsible y no discriminatorio. En él se incluye el compromiso de lograr una buena gestión de los asuntos públicos y la reducción de la pobreza, en cada país y en el plano internacional.

B) Atender las necesidades especiales de los países menos adelantados, incluyendo el acceso libre de aranceles y cupos de las exportaciones de los países menos adelantados.

C) Mejorar el alivio de la deuda de los países pobres muy endeudados y la cancelación de la deuda bilateral oficial, y conceder una asistencia para el desarrollo más generosa a los países que hayan expresado su determinación de reducir la pobreza.

D) Atender las necesidades especiales de los países sin litoral y de los pequeños estados insulares en desarrollo.

E) Encarar de manera general los problemas de la deuda de los países en desarrollo con medidas nacionales e internacionales a fin de hacer la deuda sostenible a largo plazo.

F) En cooperación con las empresas farmacéuticas, proporcionar acceso a los medicamentos esenciales en los países en desarrollo.

G) En colaboración con el sector privado, velar por que se puedan aprovechar los beneficios de las nuevas tecnologías, en particular de las tecnologías de la información y de las comunicaciones.

¿Ambiciosas? ¿Creíbles? ¿Alcanzables? Si los siete objetivos anteriores eran concretos y medibles, éste es, a mi juicio, donde está la madre del cordero, pues es donde se juegan las estructuras de poder, las relaciones económicas internacionales, las verdaderas intenciones políticas. Así que aquí, como personas de a pie, entraría en juego el boicot a productos, países y multinacionales que no velen por unas relaciones comerciales justas o por una explotación sostenible de los recursos (hace años que en casa no bebemos nada de Coca-Cola ni entran productos de Nestlé, entre otras) así como el boicot a aquellas prácticas que merezca la pena ayudar. Ahorros en bancos éticos, comida que no provenga de más de 100 km a la redonda de distancia, ropa que sepamos en qué condiciones se ha hecho, ocio comprometido con la naturaleza y la salud física y psíquica. La militancia activa y consciente por causas justas: condonación de la deuda externa, ¿quién debe a quién?, África cuestión de vida cuestión debida, etc. El uso de medicinas alternativas, de medicamentos genéricos sin marca, de cosmética natural, la denuncia del doble rasero de las multinacionales farmacéuticas. La utilización racional del móvil, de Internet, de las redes sociales.

Pero, más allá de todo eso y a la vez que todo eso, está el gran titular que nos mueve y nos reúne. Creación de una asociación mundial para el desarrollo en la que yo, tú, nosotros, seamos arte y parte. Esto pasa en primer lugar por recuperar y entrenar por la capacidad de soñar en otros mundos posibles más allá de los prometidos por la televisión y la publicidad (¿el de las Bienaventuranzas?), por reconquistar la ilusión y las ganas de trabajar por ese mundo mejor. En segundo lugar, por abandonar el confort del sillón calentito del sábado por la tarde para con tu puedo y mi quiero salir a denunciar, a gritar, a protestar por lo que no me gusta y no coincide con ese sueño colectivo que soñamos. En tercer lugar, por organizar y empujar resistencias y alternativas que demuestren que si se puede soñar, se puede organizar.

Se me ocurre, así a modo de despedida de esta serie de artículos, que esta Asociación para el Desarrollo Mundial se parecería a mi idea de Iglesia: un colectivo planetario de gentes de bien que empujan como pueden y como saben al planeta hacia unas metas de justicia, de libertad, de paz, de solidaridad. Sin jerarquías, sin oropeles, sin cánones. Movidos por una fe profunda en un Padre/Madre que nos quiere y que precisamente por eso, porque nos quiere sin límites ni condiciones, nos impulsa a este gran grupo de hombres y mujeres a luchar hombro con hombro por hacer de este mundo un lugar más agradable en el que vivir y que a la salida lo hayamos dejado un poco mejor de cómo estaba cuando entramos en él.

¡Feliz Navidad!

ballesteros@cee.upcomillas.es

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