La Iglesia en la que no creo

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Foto. Nima Fatemi.Aquella Iglesia que desea tanto imitar la Trinidad
que queda lejos de toda realidad.
Que siempre mira la Buena Noticia
como un camino de descenso de quién sabe desde dónde.
Y no se permite, como Jesús,
encarnarse para volver a empezar,
Para volver a nacer, para volver a aprender.
Para vivir con los pobres,
no como destinatarios de caridad, sino protagonistas de justicia.
Aquella Iglesia que hace de su vida un papel
y del papel siempre más estructuras,
que silencian la voz y vacían la noticia.
Aquella Iglesia que nos pone en la vereda de enfrente de la historia,
y desde afuera, entonces sí, la juzgamos.
Al juzgar la historia, solos nos estancamos
porque ya no tenemos con quien peregrinar.

La Trinidad está muy lejos,
a la historia la alejamos nosotros,
y así, desencarnados de un lado y otro,
pretendemos seguir hablando en comunión.

No creo en aquella Iglesia,
que no es capaz de reconocer su propia ceguera,
que no es capaz de escuchar su sordera.
Que no es capaz de reconocer su parálisis,
para así tomar la camilla y volver a andar.
El agua se mueve y no tenemos quien nos sumerja en ella.

No creo en una Iglesia que no se anima
a quedarse sin tierra prometida, sin arca de la Alianza,
sin sacerdotes y hasta sin sentido.
Para allí recién volver a descubrirse como
nación santa, pueblo elegido y sacramento de Salvación.

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