La ternura de Dios en medio de la noche

Son las dos de la madrugada de un miércoles cualquiera del mes de diciembre del año recién acabado. Suena el teléfono -913 717 717- y al “Dígame” responde la voz de un hombre pidiendo si es posible administrar la unción de enfermos a su suegra, que acaban de traer a casa desde el hospital porque su vida se apaga. Hacia un barrio del norte de la capital de España sale Rufino para administrar el sacramento a la anciana. Él es uno de los curas voluntarios del SARCU (Servicio de Asistencia Religiosa Católica Urgente) que desde el 15 de mayo del pasado año funciona en la diócesis de Madrid.

Rufino García Antón, delegado de Migraciones, antes de salir ha llamado a su acompañante –una voluntaria de la parroquia de San Buenaventura, en el Puente de Vallecas- para que le lleve en coche. Él no tiene vehículo. El tráfico es escaso y llegan rápido a la casa, donde les reciben con rostro de agradecimiento y ojos entristecidos. En unos minutos comienza el ritual sacramental entorno a la enferma. Prácticamente con la última palabra de la oración la anciana fallece. Comienza una nueva oración por quien ya camina hacia la casa del Padre y por quienes quedan aquí con su humano dolor. La visita termina con palabras de profundo agradecimiento al cura y su acompañante, confesándoles que no sabían a quién recurrir y mirando en internet se encontraron con el SARCU. Seguramente nunca lo olvidarán.

El Sarcu, Servicio de Atención Religiosa Católica Urgente, Iglesia en salida

Uno de los sacerdotes de guardia responsables del SARCU. FOTO: J.I.IGARTUA.

Este es un ejemplo –hay muchos más- del servicio que prestan 41 sacerdotes, dos obispos y un laico en Madrid. Cada día, entre las diez de la noche y las siete de la madrugada, hay un sacerdote de guardia por si alguien lo necesita en la soledad de la noche.

Hace ocho meses se puso en marcha el SARCU, un servicio pionero en la Iglesia española y tal vez en la Europea, aunque si existe, con otro nombre, en varias diócesis de países latinoamericanos. Corre la leyenda urbana de que éste nació tras un comentario del papa Francisco al cardenal Carlos Osoro en la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia, en julio de 2016, quizá porque Jorge Mario Bergoglio, cuando era obispo de Buenos Aires, prestaba esta ayuda en su diócesis. La realidad es que el arzobispo de Madrid la puso en marcha tras una sugerencia -así como de pasada- de un concejal del ayuntamiento matritense en una conversación nada especial. Pero el pastor se había quedado con la idea rondando en su cabeza. Después de unos dos meses de preparación, la primera guardia se produce el día de la fiesta de San Isidro, patrón de Madrid.

El mero hecho de existir

Según Pablo Genovés, coordinador del SARCU, “este ya tiene éxito por el mero hecho de existir. El que en medio de la noche alguien pueda descolgar el teléfono y recibir atención, escucha, acompañamiento momentáneo, administrar la unción de enfermos, decirle aquí estoy o dar un abrazo es algo importante y, sobre todo, cristiano”.

A lo largo de estos meses prácticamente un tercio de los días se han recibido y de estos otro tercio han requerido la salida del sacerdote, casi siempre para administrar la unción a un enfermo, aunque ha habido también acompañamientos, celebraciones del sacramento de la reconciliación y hasta una eucaristía-funeral que no podía esperar en el tanatorio, porque el cuerpo del difunto era trasladado al día siguiente fuera de España. En cuanto a los requerimientos que se pueden atender por teléfono son múltiples, desde alguien que se siente angustiado por un tema que puede parecer trivial hasta una pareja joven que está al borde de la ruptura, pasando por situaciones de soledad o dudas de conciencia. “Pero siempre –señala Genovés- dentro de situaciones de angustia y dolor, a veces muy grave”.

Cuando se hace referencia a la U de urgente, Pablo Genovés tiene muy claro que “la urgencia la marca la gente, el dolor de quien te llama”, aunque también resalta que el SARCU no es, ni quiere ser, un teléfono de la esperanza. Hay llamadas en las que detrás hay un claro problema psicológico y en ese caso se trata de serenar a la persona, tratando de derivarla al servicio correspondiente, ya sea SAMUR Social, Policía Municipal, el 112…

El SARCU no es un “éxito” si tiene muchas llamadas, ni un “fracaso” si tiene pocas. El servicio está por encima de estos conceptos. Para Genovés, “es un servicio esencial en la Iglesia de Madrid, que puede ser rostro de misericordia, de cariño, de la ternura de Dios en medio de la noche. Esto es un regalo inmenso”.

Alguien está en vela

Y además de una manera sencilla. Es hacer una guardia cada mes y medio o dos meses. Es estar atento al teléfono durante la noche. Es un duermevela. Para Rufino García Antón, “es aquello que nos dice el Evangelio de estar vigilantes, estar de guardia, independientemente de que te llamen o no. Las personas saben que hay alguien que está en vela. Podemos decir que tiene un sentido teológico estar vigilantes al Señor que llega de muy diferentes maneras”. Y añade que “es un servicio inspirado claramente en la parábola del buen samaritano”. En las noches de guardia hay quien duerme, aunque con el teléfono pegado a la oreja, quien estudia, quien prepara homilías, quien estudia, quien pone al día papeles…

Algo que llama la atención es que solo haya 41curas voluntarios –más los dos obispos-, cuando la diócesis de Madrid supera con mucho los dos mil sacerdotes. “No hay que ser ningún superhombre para hacer este servicio”, afirma Pablo Genovés. La realidad es la que es, aunque le gustaría que hubiera cien o doscientos, y no sabe el porqué de este hecho. La mayoría de los voluntarios son más mayores (por encima de los 50) que jóvenes, pero confía en que el número vaya creciendo, como el grano de mostaza. Además está previsto hacer otra llamada entre los curas y el clero regular. También le gustaría que en el tablón de anuncios de las parroquias aparezca el cartel del SARCU, que en estos momentos no está en casi ninguna.

Mientras, en la Iglesia madrileña, esta noche está velando por ti.

La Iglesia de Madrid velando gracias al Sarcu

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