alandar258_opinion_culturademercado.jpgSupongo que le pasa a todo el mundo: hay cosas que uno quiere hacer al menos una vez en la vida. El típico “no me quiero morir sin”. Y suelen ser cosas, al final, más o menos sencillas, pequeñas satisfacciones, retos, viajes, sueños… En mi caso, para cuando este artículo se publique habré podido cumplir una de ellas: ir a un concierto de Ricardo Arjona.

Y es que, también supongo que le pasa a todo el mundo, hay canciones que me han hecho ser como soy, que me han modelado como persona, como mujer, como cristiana. En esa lista hay unas cuantas de este cantautor guatemalteco, del que ya he hablado en alguna otra ocasión en esta columnita musical. De hecho, posiblemente no sería parte del equipo de alandar si con dieciocho o diecinueve años Arjona no me hubiera hablado de un Jesús que “es verbo, no sustantivo”. Si no hubieran removido mi fe frases como que “Jesús es más que un templo de lujo con tendencia barroca, la iglesia se lleva en el alma y en los actos, no se te olvide”. Algo tan radical para mí, en aquel momento como escuchar: “Me bautizaron cuando tenia dos meses y a mí no me avisaron, hubo fiesta piñata y a mí ni me preguntaron. Bautízame tú, Jesús, por favor, así, entre amigos, sé que odias el protocolo, hermano mío”.

Pero no sólo en la fe, Arjona también me ayudó a reflexionar sobre política, sobre pobreza, sobre las relaciones entre hombres y mujeres… básicamente, sobre los pilares de lo que soy hoy. Ahora ha publicado un nuevo disco, “ Quinto piso ” que ha implicado un cambio de compañía discográfica y, en cierto sentido, un cambio de orientación. Más romántico, menos comprometido, centrado básicamente en las relaciones de pareja, pero siempre con letras complicadas que no terminan de descubrirse del todo hasta que no se escuchan cinco, seis, siete veces…

Una canción que parece que habla del ritmo de la ciudad y en realidad habla del terrorismo, otra canción algo ingenua sobre la homosexualidad, la ironía que se mezcla con el romanticismo, “¿Que hace un casto en un motel?, ¿que hace un genio en un cuartel? y ¿qué estás haciendo tú, sin mí?«… no hay más compromiso en este CD pero al menos es el disco que le ha traído a su primera gira de conciertos en España.

Así que, cuando ustedes lean estas líneas yo habré hecho una de las cosas que quiero hacer antes de morirme. Me faltará todavía comer ají de gallina en Perú, darme una sesión de vinoterapia, visitar algún país africano, conseguir que mi naranjo doméstico dé naranjas, tener una galería de arte y… por supuesto, lograr ser alguna de mis dos vocaciones fundamentales: hacerme crítica de cocina o hacerme sacerdote. Creo que tengo mucho más fácil lo primero que lo segundo.

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