Los científicos preocupados

Recién estrenado 2018, me permito fijar la atención en una carta que firmaron, a mediados del mes de noviembre del pasado año, más de 15.000 investigadores de 184 países que forman parte de la Unión de Científicos Preocupados, en la que afirman que el bienestar del planeta se verá seriamente comprometido por las consecuencias del cambio climático, la deforestación, la falta de acceso al agua potable, la progresiva extinción de especies animales y vegetales y el imparable crecimiento de la población humana. Dicha iniciativa tiene un antecedente: en 1992 la Unión de Científicos Preocupados y más de 1.700 científicos, incluyendo varios premios Nobel de ciencias, redactaron una carta que titularon Advertencia de los científicos del mundo a la humanidad en la que manifestaban su preocupación por la destrucción de la capa de ozono, la deforestación, el cambio climático o la pérdida de biodiversidad.

Al cumplirse 25 años de la primera misiva, han advertido en “un segundo aviso” al que se han sumado más científicos que, exceptuando la estabilización de la capa de ozono, la humanidad no ha logrado avances frente a los desafíos medioambientales y la situación mundial está empeorando, tal y como lo demuestra, según sus conclusiones, que se ha reducido en un 26% la disponibilidad de agua dulce por habitante; ha aumentado en un 75% el número de zonas muertas en los océanos; se ha incrementado en un 35% la población mundial o se ha producido la pérdida del 29% del número de mamíferos, reptiles, anfibios, aves y peces, así como unos 1.200 millones de kilómetros cuadrados de masa forestal.

Según los científicos, mucho hemos aprendido desde 1992, pero no se aprecian cambios radicales en las políticas medioambientales y las desigualdades están aumentando en todo el planeta, entre países y dentro de los países. Opinan que tanto los científicos, como los medios de comunicación y la ciudadanía global deben presionar a los gobiernos para que se tomen las medidas adecuadas, sin más dilación, y abordar los graves retos que ya nos están acechando, al tiempo que insisten en la importancia de los comportamientos individuales.

En el “segundo aviso”, los científicos muestran su preocupación porque “pronto será tarde para cambiar el rumbo de nuestra trayectoria fallida y el tiempo se acaba. Debemos reconocer que la Tierra es nuestro único hogar”. Asimismo, proponen algunas medidas para revertir la actual tendencia negativa, tales como declarar protegidas determinadas reservas terrestres y marinas, reducir el desperdicio de alimentos, evitar la extinción de las especies salvajes o promover las energías renovables.

La preocupación de los científicos también se manifiesta en el hecho de que muchas personas siguen negando la evidencia de las nefastas consecuencias del cambio climático y tachan de alarmistas las predicciones que, desde hace años, han estado poniendo sobre la mesa un sinfín de investigadores de todo el mundo, quienes afirman con rotundidad que, si no hacemos caso de este segundo aviso, las consecuencias se traducirán en “miseria generalizada para los seres humanos y la catastrófica pérdida de biodiversidad”. Desde la Organización Meteorológica Mundial, perteneciente a las Naciones Unidas, apuntan sin ambages que “las generaciones futuras tendrán un planeta más inhóspito”.

Las preocupaciones de los científicos no pueden desaparecer sin la acción conjunta de todos los habitantes del planeta, cada persona según su parcela de responsabilidad, sea en el ámbito público o privado. No hay tiempo que perder para aportar soluciones concretas para los problemas concretos identificados por los científicos preocupados. Somos parte de la solución y eso nadie debe negarlo.

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