El desclasificador

Adivinanza: ¿en qué se parecen Julian Assange, Edward Snowden, Chelsea Manning (antes sargento Edward),  el papa, Iñigo Errejón y san Pablo? Por si tardan en pillarlo, adelanto la solución: todos giran en torno al tema de la desclasificación.

Los tres primeros desclasificaron por las bravas papeles del Pentágono; Francisco ha ordenado que salgan a la luz  archivos eclesiales relacionados con la dictadura argentina; Errejón  exige que se haga pública la información reservada del 23-F, y san Pablo anuncia, una y otra vez en sus cartas que, gracias a Jesús, toda la “documentación secreta” de Dios ha quedado desclasificada: “Proponemos la sabiduría de Dios, misterio oculto…” (1 Cor 2,7), “nos ha dado a conocer sus planes más secretos, los que había decidido realizar en Cristo, un  misterio que no se dio a conocer en las generaciones pasadas y ahora se ha revelado…”(Ef 1,11),  “el plan secreto escondido durante siglos y generaciones y ahora  revelado en Cristo” (Col 1, 26,27) 

Conclusión paulina: en el top secret del más alto nivel, oculto desde el principio de los tiempos, se ha producido una filtración y el responsable no ha sido un hacker experto que se ha introducido en la vulnerabilidad divina, sino el mismísimo Hijo. Pero esta actuación, en apariencia gravísima y fraudulenta,  ha partido asombrosamente  de Dios mismo,  en total connivencia con su Hijo y haciendo de él un atrevido Desclasificador

Esto quiere decir que disponemos de una información secretísima, celosamente escondida durante siglos y destinada a dejarnos patidifusos y boquiabiertos. ¿Qué por qué estaba oculta antes de Jesús? El catecismo del padre Astete invitaba a responder así a las preguntas difíciles: “Eso no me lo preguntéis a mí que soy un/a  ignorante; doctores tiene la santa Madre Iglesia que lo sabrán responder”.

Mi consejo de orden práctico es no acudir a esos expertos que, de tanto saber, se alargan mucho en las explicaciones y centrarse más en el contenido del secreto filtrado: tal cual aparece en el Evangelio y lo va contando su Desclasificador.

Y aquí surge el problema: muchas de esas revelaciones sobre Dios encajan poquísimo  con nuestras ideas sobre Él  y nos aferramos a las fake news  de toda la vida, actuando como los zoquetes republicanos que siguen proclamando a Trump  ganador de  las elecciones.

Y es que en el fondo, fondo, preferiríamos que Dios ordenara al covid-19 desaparecer de inmediato, retornado al maldito bicho de donde salió, mientras que lo que se nos anuncia  es un Dios Compañero que no nos deja solos en nuestros duelos. Nos gustaría que provocara un golpe de mercado para  hundir a las farmacéuticas que se forran con la pandemia, pero lo que se nos asegura es que Él estará a nuestro lado en las decisiones tantas veces oscuras,  de ponernos siempre de parte de la vida  

Nos descoloca mucho que nos quiera “por defecto”, en vez de por concurso de méritos propios, pero esa es la anómala costumbre que a estas alturas Él es ya incapaz de remediar. Gastamos tiempo en sacudirnos el barro en el felpudo de su puerta, en vez de entrar confiados y contentos en su casa y dejar que sea Él quien nos lave los pies.

Nos resistimos a aprender ese lenguaje suyo que a todo le da la vuelta, poniendo lo de arriba abajo y lo de abajo arriba,  afirmando que la pobreza enriquece y que ganamos con las pérdidas y que, si queremos encontrarle,  más nos vale arrimarnos a los que están en alguna cola del hambre y no  a los que se las han apañado para saltarse su turno de vacunación.

Menos mal que estamos en Pascua y el Resucitado, acostumbrado a lidiar con amigos torpes, está dispuesto a  volver a filtrarnos, como si fuera la primera vez,  todo lo que sabe del Padre. 

Tenemos cita por zoom con el Desclasificador en Galilea. Hay fibra óptica en las orillas del lago y nos está esperando ya conectado.

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4 comentarios en «El desclasificador»

  1. Dolores, te leo siempre que te encuentro y me das una nota de alegría muy grande. Gracias! Hago mía por entero tu última frase.
    Una jubilada todavía en activo.

  2. Una delicia, qué arte en comunicar y cuánta hondura. Una invitación a volver al Evangelio contrastado con la vida, a no perder perspectiva. Con ese tono , quién puede negarse? Es Pascua! Gracias, Dolores Aleixandre, maestra.

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