Siempre me he preguntado por qué los musulmanes no comen carne de cerdo. ¿Y ellos no se lo preguntan?

Estoy seguro de que comparto con muchos de mis lectores una gran ignorancia sobre el islam y que por tanto puede parecer un gran atrevimiento escribir una sola línea al respecto. Mi disculpa es que esa ignorancia va acompañada de cierto interés y a la vez de muchas perplejidades.

Muchas veces oigo decir: el de los yihadistas no es el verdadero islam, como tampoco lo es el de Arabia saudí o el de Irán. Yo estoy convencido de que el verdadero islam es el realmente existente, como igualmente lo es el verdadero catolicismo. O por decirlo de otra manera: algo habrá en ambas religiones -y en otras- que les ha llevado a ser lo que son. Algo habrá en el islam que lleva al yihadismo como algo habrá en el catolicismo que condujo a la Inquisición. Decir otra cosa me suena a una especie de platonismo, en el que, más allá de la realidad, hay un mundo de las esencias, el mundo verdadero.

Quiero entender que la mayor parte de los musulmanes, habitando en países en que el islam lo domina todo, no se cuestionen lo que viven porque es lo que hacen todos los demás. Ya dijo Peter Berger que siempre se cree lo que creen los de alrededor. Y en esos lugares el islam es religión pero también costumbres, leyes, ambiente. Pero ¿qué ocurre con musulmanes cultivados que viven en países occidentales y por tanto secularizados? Sin duda a muchos esto les conduce a un repliegue y un acantonamiento en su fe y sus tradiciones -la vuelta del velo me parece un ejemplo claro- pero sin duda habrá quienes se planteen preguntas críticas.

No hace falta decir que en lo que es el islam juega un papel central su libro sagrado, el Corán. Michel Houllebecq, autor de tantas novelas polémicas y siempre provocador, escribió en 2001 que “la religión más tonta es de todos modos el islam. Cuando se lee el Corán queda uno hundido, hundido”. Creo que es exacto, ese es el sentimiento de quien lo abre por primera vez. En una charla a la que asistí no hace tanto, la ponente, catedrática en islamología, aseguró que el Corán es un libro muy difícil. No es por tanto para todos. Vuelvo, pues, a preguntarme qué relación tienen con él esos musulmanes cultivados. Sospecho que es apenas ninguna.

Porque ¿qué puede pensar un musulmán adaptado a la vida en Occidente del mandato siguiente?: “A la adúltera y al adúltero dadle a cada uno de ellos cien azotes y, si creéis en Allah y en el último Día, que no se apodere de vosotros ninguna compasión por ellos que os impida cumplir con ellos el mandato de Allah. Y que estén presentes siendo testigos de su castigo un grupo de creyentes” (sura 24, 2).

Porque no se trata de una regla penal que pueda modificarse, es un mandato de Allah.

Siempre me he preguntado por qué los musulmanes no comen carne de cerdo. ¿Y ellos no se lo preguntan? Cierto que lo prohíbe la sura 2, 168 en la que no se aduce ninguna razón. Hoy se sabe que en el desierto un animal que comía lo mismo que el ser humano y que no daba leche no era útil en absoluto. Pero ¿por qué se sigue manteniendo la prohibición cuando las circunstancias han cambiado? Solamente –así se asegura en las webs islámicas- porque lo dice Allah y un buen musulmán obedece siempre. ¿Qué pensará de eso un musulmán en el ambiente de Occidente?

Ya no quiero entrar en afirmaciones como que “los hombres son superiores a las mujeres a causa de las cualidades por medio de las cuales Dios ha elevado a estos por encima de aquellas” (sura 4,38) porque eso llevaría a muchas discusiones.

Sólo quiero investigar qué es lo que piensan los musulmanes occidentalizados. Me propongo hacer lo posible por averiguarlo.