Castro (Chile), Agosto 2019

Su historia como término es corta; el primer estudio sobre el asunto data de principios de este siglo. Es una contracción de law (ley) y warfare (conocimiento bélico), de modo que, en román paladino viene a significar “guerra jurídica”. El autor del citado primer estudio -un coronel estadounidense- la define como «el uso de la ley como arma de guerra».  

Wikipedia, que todo lo sabe, afirma que es un eficaz método de obtener diversos resultados, desde detener indebidamente a los adversarios políticos, paralizar financieramente y desprestigiar oponentes, hasta debilitar o deponer gobiernos. ​

Se trata de una especie de cirugía no invasiva que, sin hacer sangre, te extrae los elementos dañinos (según siempre la opinión del cirujano). Sólo que esta “cirugía”, cuyos bisturís son las instancias judiciales -no siempre sinónimo de justicia-, con el apoyo de  redes sociales y medios de comunicación, no cura, sino que es en sí misma un cáncer para la democracia, las libertades y los derechos humanos.

La historia terminológica es corta; la práctica, larga, extensa e intensa. Sus víctimas pueden ser jefes de Estado (Lula, Correa, Rousseff), titiriteros, cantantes, activistas,… Es decir, cualquier persona. Avisados estamos.