La calle, el lugar compartido por excelencia, me ha proporcionado la materia de la que están hechos los mensajes que me comunican los últimos años con el amable colectivo lector de Alandar, unos mensajes que no son míos, sino nuestros.

La misma materia prima me sirve para engarzar mi adiós impreso. Nos seguiremos encontrando en las calles, en tantas luchas compartidas, y en el Alandar internáutico, otro espacio común.

Alandar seguirá empeñada en proporcionar información pertinente, aunque a veces resulte impertinente para los poderes (mejor si es así),

alertando del ojo del Gran Hermano,

que pretende dominarnos con el miedo

Alandar desvela mensajes ocultos, desnuda cantos de sirena,

buscando el verdadero nombre de la realidad.

Forma parte de la Iglesia de abajo

porque somos testigos de que sólo el pueblo salva al pueblo,

de que en la calle, codo a codo, somos muchas más que dos.

No obedecemos a cualquier señor.

No perdamos el Norte.

Alandar sigue en estos empeños, con todas nuestras ganas y saberes, renovando seducciones y complicidades.