Iglesia, huelga general y opción por los pobres

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tema_de_portada_1.jpgEn este país hay demasiada gente harta del deterioro progresivo –y parece que sin límites– que sufren, han sufrido y sufrirán las condiciones de trabajo. Digan lo que digan los medios de comunicación. Tras el ensayo que supuso la huelga general del 29-S, un aluvión de críticas destructivas cayeron sobra las espaldas de quienes la organizaron. Abrió fuego el Gobierno y le siguió la oposición del PP. Prosiguieron los medios de comunicación que atacan al Gobierno del PSOE y alaban el cambio que trae Rajoy, y dieron la puntilla los medios que defienden a ultranza la gestión de Zapatero y auguran siete plagas para cuando la derecha gane las próximas elecciones y gobierne en este país.

Las “conclusiones” se han quedado en “confusiones” y no quedan demasiadas voces que mantengan la llama viva respecto a la necesidad de perseverar en la protesta contra una Reforma Laboral que claramente precariza el empleo y abre una amplia puerta al despido casi (salvo unos flecos que terminarán recortándose) libre. Y en todo este guirigay ¿qué papel desempeña la Iglesia? Como de costumbre, excepto cuando se amenaza a la moral o se toca su bolsillo, nuestros obispos han preferido mantener un respetuoso silencio, por otro lado bien agradecido tanto por el Gobierno como por los empresarios. Sólo en una diócesis, la de Sevilla, hubo un pequeño desliz al publicar el boletín de la Pastoral obrera un comunicado de apoyo a los sindicatos en la víspera del 29-S. Ipso facto el arzobispo Asenjo se retractó públicamente para que nadie se confundiera.

Pero no todo son malas noticias respecto al compromiso de la Iglesia con la precariedad que campa a sus antojos por el mundo laboral. En este número de alandar entrevistamos a Paco Porcar, un destacado militante de la HOAC, que no tiene reparo en lanzar frases tan contundentes como ésta: “se lleva muchos años en este país sometiendo la dignidad de los trabajadores a las exigencias del beneficio económico y que por ese camino no es posible construir nada humano”.

También surgen iniciativas dentro de la Iglesia que prefieren pasar de las palabras a los hechos. En vez de limitarse a criticar el desastroso panorama que asola España y que avoca al paro a un 40% de las y los jóvenes menores de 25 años, en Ciudad Real se ha creado el Fondo Diocesano por el Empleo, a instancias del obispo Antonio Algora, y así financiar mediante microcréditos, con la aportación de los fieles de la diócesis, proyectos de autoempleo y pequeños empresas. Algo parecido han iniciado en una parroquia de Elda (Alicante), que ha impulsado la creación de una pequeña empresa que está dando empleo, preferentemente, a los parados de larga duración. La experiencia se inspira en quienes defienden que las empresas deberían primar su fin social frente al beneficio de sus propietarios.

Y ahora ¿qué? es la pregunta que todos y todas nos hacemos. La coyuntura no cambia y los poderes establecidos se niegan a rectificar una política económica y laboral que favorece a los de siempre. La respuesta no es otra que seguir luchando por un ideal por el que Jesucristo dio su vida: un mundo en el que no haya ni pobres ni ricos y en el que reine la Justicia, el Amor y la Fraternidad. Por eso la Iglesia mostró, en el Vaticano II, en Puebla y en Medellín, su opción preferencial por los pobres.

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