El 5G ya está aquí para cambiar irremediablemente nuestra vida en el hogar, la sanidad, el comercio, el transporte o la seguridad. Su contrapartida es el fin de nuestra privacidad. Hay que reclamar protección contra el control y la vigilancia permanente que conlleva esta nueva generación de teléfonos móviles.

Yolanda Sobero, periodista.
Autora de VI5GILADOS (En Portada, TVE, 5 noviembre 2019)

El futuro es 5G”, “En la era del 5G, te conectamos con todo”. Estas son frases utilizadas para presentar una nueva generación de comunicación inalámbrica. El 5G. Quizás nos parezca un avance más en la telefonía móvil, pero es mucho más. Marca un hito tecnológico, que abre paso a la cuarta revolución industrial e incidirá, de una forma y otra, en todos los ámbitos de nuestra vida. 

Corea del Sur inauguró, en abril de este año, la primera red nacional de 5G. El despliegue inicial, que se irá ampliando, se ha realizado ya en 85 ciudades e infraestructuras como carreteras y líneas férreas. Para la extensión de esta tecnología, Corea del Sur cuenta con una ventaja: casi la mitad de sus más de 50 millones de habitantes vive en el área de Seúl.

Otros países industrializados trabajan ya en el despliegue en algunas de sus grandes ciudades, pero se espera que 2020 sea el año clave para su extensión. La implantación del 5G requerirá millonarias inversiones en la infraestructura necesaria para su funcionamiento, por ello, el despliegue comenzará en las áreas más pobladas y avanzadas y, por tanto, más rentables. Esto, si no se adoptan medidas políticas, podría ahondar la brecha entre las zonas más ricas y las más desfavorecidas y menos pobladas. En las zonas remotas y de difícil acceso, la comunicación es lo más valorado. Según el sociólogo Manuel Castells, sus estudios sobre América Latina muestran que “lo más preciado en las áreas rurales pobres de los Andes es la comunicación móvil, mucho más que la comida, que el agua, que la electricidad. ¿Por qué? Porque la comida, el agua, la electricidad se obtienen mediante comunicación móvil, pueden conectarse con otros productores, con las administraciones, con los movimientos sociales que les pueden conseguir esos servicios que no tienen”.

Una nueva era: el Internet de las cosas (IoT)

Varios aspectos técnicos marcan la diferencia entre el 5G y el 4G que tenemos en nuestros móviles. Uno, su velocidad es mayor; por ejemplo, el tiempo de descarga de un video es menor. Dos, la densidad o la cantidad de usuarios y/o dispositivos conectados al mismo tiempo es mayor. Tres, la latencia o tiempo de respuesta de la red, es mucho menor. Federico Ruiz, director del Observatorio Nacional del 5G, el organismo oficial encargado del despliegue en España, presenta un buen ejemplo didáctico utilizando las reacciones del Tiranosaurio Rex en ‘Jurassic Park’. La latencia, explica, sería la rapidez de reflejos del Tiranosaurio; es decir, el tiempo que pasa entre que el ojo del Tiranosaurio detecta una presa, lo procesa su cerebro y toma la decisión de levantar la zarpa para atraparla. La velocidad sería lo rápido que corra.  

El Internet de las cosas (IoT), que permite una interconexión total entre seres humanos y máquinas, cambiará nuestra vida cotidiana. Su otra cara es el control constante.

Estos avances abren la puerta de nuevos desarrollos que, de una forma u otra, tendrán profundas repercusiones económicas, tecnológicas y sociales. El Internet de las cosas (IoT), que permite una interconexión total entre seres humanos y máquinas, copará nuestra vida cotidiana. Algunas aplicaciones ya existen, como los termostatos que automáticamente regulan el ambiente en los edificios, algunos electrodomésticos autónomos, como los aspiradores. Otras no tardarán. Nuestras ciudades serán inteligentes y circularán coches autónomos. Los drones nos traerán pedidos a casa, pero también se utilizarán en rescates marítimos y en la vigilancia y extinción de incendios. En quirófano podrá intervenir un cirujano a distancia. La ambulancia que asista a los accidentados podrá conectarse con el hospital y enviar el primer informe al centro, de forma que, cuando lleguen, los médicos ya habrán hecho el diagnóstico y decidido el mejor tratamiento.

Pero quizás las que tengan mayor y más rápida penetración en el mercado, ya que se espera que sean un negocio muy rentable, sean las aplicaciones relacionadas con el ocio. Por ejemplo, se espera un gran desarrollo de la Realidad Virtual, que nos permitirá cenar con amigo que esté fuera, o jugar un partido de fútbol con personas que estén en otro lugar o con una máquina. O asistir a espectáculos y sentirnos uno más del grupo musical, gracias a unas gafas que reciben la señal de 6 cámaras situadas en el centro del escenario, cuya imagen es procesada por un algoritmo que crea una imagen de 360 grados y en 3D para cada ojo, lo que produce un efecto de profundidad e inmersión.

Cualquiera de nuestros móviles es mucho más potente que el ordenador que llevó al Apolo XI a la luna.

No es un mundo de ciencia ficción, ya existe y empieza a hacerse notar en nuestra vida cotidiana, con sus pros y sus contras. Y para imaginarlo podemos mirar a uno que ya existe en la República Popular China. En el sureste, enfrente de Hong Kong, Shenzhen es el gran laboratorio y escaparate tecnológico. Aquí se puede ya, en establecimientos públicos, “pagar con la cara”, mediante un sistema de reconocimiento facial, ya que se han asociados los datos biométricos del cliente a su cuenta bancaria. En otros lugares, los robots han sustituido a los dependientes o a los mecánicos. 

Conectados… y controlados

La otra cara es el control constante. Se estima que en China hay más de 200 millones de cámaras, algunas de ellas dotadas de inteligencia artificial y conectadas a bases de datos que pueden identificar en cuestión de segundos a una persona entre miles y en cualquier lugar.

Pero no sólo en China. Nuestra privacidad, ya seriamente vulnerable, desaparecerá con el 5G. De una forma u otra, ya somos observados constantemente. Con nuestros teléfonos móviles, con nuestros ordenadores dejamos ya un rastro constante y con el 5G se multiplicará, ya que, con la conexión permanente y múltiple, produciremos muchos más datos, dejaremos más rastros. Y nuestros datos son ya un gran negocio.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) acaba de hacer un estudio sobre los movimientos de los españoles durante cuatro días laborables y, para ello, ha utilizado los datos anónimos proporcionados por sus móviles; datos que, por cierto, ha comprado a las operadoras telefónicas. El estudio ha levantando una polémica “ingenua”. El problema no es que un organismo público utilice estos datos, sino que otras empresas u organizaciones los tienen, los empaquetan, los venden y revenden e, incluso, los utilizan para fines aviesos. Y nadie nos avisa y tampoco podemos saberlo.

Nuestros datos son ya un gran negocio. Y nadie nos avisa y tampoco podemos saberlo.

Cualquiera de nuestros móviles es mucho más potente que el ordenador que llevó al Apolo XI a la Luna y, aun sin 5G, es un objeto multifunción, en el que las llamadas telefónicas son tan sólo una de sus aplicaciones.

Marta Peirano, periodista especializada en nuevas tecnologías y autora de ‘El enemigo conoce el sistema’, asegura que somos cómplices de nuestra propia vigilancia, “una vigilancia perpetua, permanente, ubicua, en la que no tenemos que hacer nada salvo estar”. Su forma no es como la de ‘1984’ de Orwell, sino tan suave y adictiva como el “soma” de ‘Un mundo feliz’ de Huxley. Y el principal instrumento es nuestro móvil, dotado de “una cámara por delante y una cámara por detrás, una media de 14 sensores, un micrófono, tres sistemas distintos de geo estacionamiento, y un montón de aplicaciones que instalamos nosotros mismos y les damos permiso para usar todos esos elementos del teléfono. Aplicaciones cuyo modelo de negocio es darte algo gratis para extraer datos de ti, dónde estás, con quién, de dónde vienes, a dónde vas, dónde te paras. Quieren saber no sólo lo que hacemos en línea, sino todo lo que hacemos en nuestra vida cotidiana”. Luego, los “data brokers” empaquetan esos datos y los venden. Y esos datos llevan nuestro nombre.

Esto no debería sorprendernos porque no es nuevo. Edward Snowden, en sus memorias (‘Vigilancia permanente’), subraya que participó “en el cambio más significativo de la historia del espionaje estadounidense: el paso de la vigilancia selectiva de individuos a la vigilancia masiva de poblaciones enteras”. Y ello a través de nuestros dispositivos móviles, cuyo identificador, único para cada aparato, queda registrado en todos los puntos a los que se conecta y, por tanto, también todos los movimientos del usuario. Por ello, ya no se trata sólo de un control gubernamental, sino también de empresas privadas, como Facebook, Google, Microsoft o Apple. Empresas que están entre las más valiosas del mercado, entre otras cosas, gracias a los datos de sus usuarios.

La disputa estratégica

El 5G es, por ello, una tecnología estratégica y explica el pulso entre Estados Unidos y China en este campo. Pugnan por asegurarse el dominio de un nuevo mundo, el ciberespacio. Según el sociólogo Manuel Castells, el presidente Trump y las élites políticas norteamericanas han sufrido el mismo choque que en 1957, cuando los soviéticos lanzaron el Sputnik, el primer satélite espacial. De ahí las acusaciones norteamericanas de espionaje industrial contra Huawei, pionera en la tecnología 5G, y la ofensiva diplomática, apelando a la seguridad nacional, para evitar que otros países confíen sus redes 5G a esta empresa china. 

El 5G explica el pulso entre EEUU y China por asegurarse el control del ciberespacio.

Sin embargo, en Shenzhen, sede de Huawei, las previsiones son otras. Calculan que, en 2023, su tecnología 5G será utilizada por millones de usuarios en todo el mundo. Por otro lado, para hacer frente al veto tecnológico de Estados Unidos, han incrementado la investigación y el desarrollo de nuevos dispositivos, desde antenas a un nuevo sistema operativo, el Harmony OS, para sustituir al Android de Google. Es más, el fundador de Huawei, Ren Zhengfei, ha asegurado que ya están trabajando en el 6G.

Una nueva tecnología cambiará nuestra vida, pero de nosotros depende el cómo. Como dice Manuel Castells, el desarrollo e implantación del 5G y de generaciones posteriores ha de ir acompañado de una fuerte conciencia ciudadana que obligue a las instituciones y empresas a protegernos contra la vigilancia permanente y sus abusos.

Evolución Red de Comunicación Móvil

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2G1990SMS – mensajes de texto.
Servicio digital por voz.
3G2000Internet
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