El drama de los refugiados sirios ha logrado mover nuestras conciencias. Las ONG y la red solidaria de la Iglesia se movilizaron para responder de forma inmediata al desafío. Pero todo el caudal de solidaridad ofrecido puede quedar en nada si no se reorientan las prioridades de la ayuda.

Un lento goteo desde la frontera sur

Cualquiera que frecuente la Estación Sur de Autobuses en Madrid se encontrará con refugiados procedentes de Siria. Pero probablemente no lo sepa. Son pequeños grupos familiares que llegan procedentes del sur de España -Granada, Málaga o Jaén- y que cuentan con estar poco tiempo en nuestro país. Su destino final apunta siempre en dirección a Alemania. En estos momentos están recibiendo, en la misma estación, la atención de los voluntarios de la Red Ciudadana Bienvenidos Refugiados. Quienes integran la Red saben, por familiares de los mismos refugiados, cuándo va a llegar un grupo y se acercan a la correspondiente dársena con sus carteles en árabe, para darles la bienvenida. Inmediatamente después, los acompañan a una salita para ofrecerles agua y alimento. Hay muchas mujeres –algunas embarazadas- y niños y jóvenes, todos con aspecto cansado. Y no quieren hablar.

pag2-3_perspectiva1_webEs frecuente que se presente algún periodista con deseos de poner cara a la noticia, de humanizar la información sobre ese goteo de refugiados y refugiadas que llega desde la frontera sur. Estamos tan acostumbrados a las imágenes de las pateras que, ¿cómo no obtener las de los refugiados que llegan a España de modo menos dramático? Pero allí están los miembros de la Red para proteger la privacidad de los refugiados con uñas y dientes. No habrá espectáculo; procurarán que no haya tampoco imágenes robadas, aunque preguntarán a los refugiados, con ayuda de los traductores, también personas voluntarias, si quieren hablar. En su mayoría, no quieren. No desean, probablemente, recordar el infierno de la guerra de la que han escapado. Ni las muchas vicisitudes sufridas hasta llegar a Melilla. Porque de allí vienen, del CETI de Melilla. Al que han llegado pasando por alguno de los puntos fronterizos con Marruecos con ayuda –dinero mediante- de las mafias que, probablemente, los hayan hecho pasar por marroquíes.[quote_right]No desean recordar el infierno de la guerra de la que han escapado[/quote_right]

En el CETI de Melilla hay actualmente 1.800 refugiados, 500 de ellos menores de edad, en un centro que tiene capacidad para 500 personas. La Red Ciudadana Bienvenidos Refugiados y otras ONG quieren que se convierta en un lugar de tránsito, no de internamiento, para dar respuesta a esta nueva realidad del refugio: la del goteo de refugiados que han elegido el norte de África y nuestro país como puntos intermedios de su destino final en algún país del norte de Europa, Suecia o Alemania de preferencia.

200 refugiados sirios llegan cada semana a Madrid desde la frontera sur

Mientras esta lenta Europa pone en marcha los mecanismos oficiales de acogida, los canales alternativos siguen funcionando. Unos 200 refugiados sirios están llegando a la Estación Sur de Autobuses de Madrid cada semana desde septiembre. Son los datos que da la Red Ciudadana Bienvenidos Refugiados, que los acoge desde entonces. Y que los ha estado alojando en casas particulares en los primeros momentos. Ahora ha logrado que el Ayuntamiento les ofrezca un albergue por el corto tiempo de su estancia. Por eso es también habitual la imagen de las camionetas del Samur Social entrando y saliendo de la Estación Sur, trasladando a familias enteras a un albergue o trayéndolas de vuelta, algo más descansadas, para tomar el siguiente autobús rumbo al norte. El Ayuntamiento madrileño presta este servicio pero no da datos. Consciente de que no es un programa oficial sino apenas una ayuda de emergencia que, además, muchos refugiados y refugiadas ni siquiera aceptan. El miedo hace que, a veces, se queden la propia estación, en el sitio más apartado, incluso en los andenes, temerosos de que cualquier contacto “oficial” interrumpa su camino y su sueño.

Porque, oficialmente y según los acuerdos internacionales en la materia, los refugiados deben de solicitar el asilo en el país de entrada, España, en este caso. Pero una mayor tolerancia de Alemania en la materia está permitiendo que lleguen allí procedentes de otros países europeos sin haber cumplido esa exigencia.

Improvisando respuestas ante la situación real

Lo que está sucediendo es que, ante la lentitud en la toma de decisiones, todos los actores implicados están improvisando respuestas a la situación real. Los gobiernos y ayuntamientos. Y las ONG y todas las instituciones de ayuda.

La Asociación de ayuda al pueblo sirio, por ejemplo, formada por sirios que viven en España desde hace tiempo, puso en marcha una red que logra enviar comida, mantas, medicinas y material sanitario al interior de Siria. Ya han mando veinte contenedores desde 2011. Porque, recuerdan, no son solo los refugiados que salen quienes necesitan ayuda: en el interior del país hay ocho millones de personas desplazadas.

Los socios son pocos pero los voluntarios, muchos. Esperan que alguien les ofrezca una nave mayor donde almacenar los donativos, que les llegan ya de muchos lugares de España. La ayuda económica se reserva para el flete de los contenedores y para alguna entrega de emergencia a refugiados. En un pequeño local, desbordado de cajas de alimentos, los voluntarios debaten las ayudas jurídicas que pueden prestar, cómo conseguir una camioneta o quién recibirá el próximo envío de algún colaborador de otra provincia. Y se muestran orgullosos de ser los receptores de las mantas tejidas por las voluntarias de “La manta de la vida”.

Dos mil “Mantas de la vida” tejidas a mano para Siria

Las cajas de alimentos han dejado sitio a un montón de mantas de color tejidas a mano. “La manta de la vida” fue una iniciativa de mujeres tejedoras de Galicia y Madrid que se pusieron en contacto con la Asociación de ayuda al pueblo sirio preguntando qué se necesitaba para ayudar a Siria. Se les dijo que, entre otras cosas, mantas. Y ellas se pusieron a hacer ganchillo.[quote_left]No solo los refugiados necesitan ayuda: en el interior del país hay ocho millones de personas desplazadas[/quote_left]

Una página en Facebook dio a conocer esta iniciativa, a la que se han sumado cientos de tejedoras de toda España para confeccionar una manta ligera pero abrigada, una manta completa o uno de los cuadrados que la forman. Algunas empresas de transporte han ofrecido su apoyo para hacerlas llegar a Madrid. Y Amer Hiazi, el presidente de la Asociación, afirma, sorprendido y orgulloso del éxito de la iniciativa, que les han anunciado envíos desde Chile, Argentina y EEUU. Calcula que, al cierre de la campaña, habrán recibido unas dos mil.

De la respuesta emocional a una solidaridad sostenible en el tiempo

También la red eclesial de apoyo, que se movilizó tempranamente para ayudar a los refugiados, está cambiando de estrategia, consciente de que los desafíos y necesidades no son los inicialmente previstos.

Como en otras diócesis, en Madrid se procuró coordinar a todos los organismos de ayuda y se creó la Mesa por la Hospitalidad. Se convocaron vigilias en toda España, cartas pastorales con una reflexión seria y una llamada apremiante a la ayuda y la acogida. Se trataba de estar bien preparados para recibir a los refugiados y refugiadas que nos llegarían de la frontera este. Y hubo una impresionante respuesta a esa llamada. Ahora hay que reconducirla, porque los refugiados que vengan de esa frontera este tardarán en llegar –visto el proceso actual-, lo harán con sus papeles en regla y su cuidado será asumido íntegramente por las administraciones del Estado con ayuda de las principales ONG expertas en el tema, Cruz Roja y Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Serán, se estima, unos 15.000 nuevos demandantes que llegarán a lo largo de dos años.[quote_right]Pasada la ayuda de emergencia, queda un largo periodo hasta la integración[/quote_right]

Pero las necesidades siguen siendo enormes, aunque vengan de otro lado: de esos refugiados en tránsito que llegan desde la frontera sur; de los que ya están en nuestro país y se han quedado sin ayudas; de los que necesitan un largo apoyo para reparar el drama que arrastran y de sus familias. Porque, pasada la ayuda de emergencia, queda un largo periodo hasta la integración para el que también se necesitan recursos.

Se trata de pasar de una respuesta emocional a una solidaridad más sostenible en el tiempo. Que obliga a reorientar la mirada y la ayuda hacia esas otras necesidades y, sobre todo, hacia los inmigrantes e irregulares que ya están entre nosotros. Si podemos ofrecer nuestras casas espontáneamente para los refugiados sirios, ¿no tenemos que preguntarnos qué estamos haciendo con los y las inmigrantes?

La solidaridad tiene vocación universal

El drama de los refugiados, ha advertido Cáritas, no puede llevar a un enfrentamiento de pobres contra pobres. No hay pobres de primera y de segunda. La solidaridad tiene vocación universal. Lo recuerda José Luis Segovia, vicario de Pastoral Social de Madrid, que cree que, junto a la ayuda directa, la Iglesia debería reorientar su servicio para ser, por un lado, “visibilizadora de lo invisible”, de la marginación que no conocemos, que ocultamos o que ya no toca nuestras conciencias. Y, por otro, ser una instancia crítica frente a las administraciones, los cristianos y la ciudadanía en general, para ir elevando, entre todos y todas, el listón de la solidaridad.