Las Patronas son un grupo de mujeres mexicanas que se han hecho famosas por socorrer a los que viajan en “La Bestia”, el tren de mercancías que cruza todo México, desde Honduras a la EEUU, y a cuyo techo se encaraman miles de inmigrantes cada año para buscar una vida mejor en el gran vecino del norte.

Son 14 mujeres que preparan tortillas, arroz y frijoles y lo ofrecen en bolsitas a los inmigrantes en los escasos dos minutos en que el tren atraviesa lentamente el poblado de La Patrona, cerca de Veracruz. En veinte años han ayudado a muchos inmigrantes y han logrado forzar un cambio de legislación para que ayudar a los ilegales no sea un delito. Todas son mujeres campesinas. Su coordinadora es Norma Romero.

Norma Romero en una reciente visita a Madrid. Foto. Lala Franco

Norma Romero en una reciente visita a Madrid. Foto. Lala Franco

¿Quién es Norma Romero?

Soy coordinadora del grupo de Las Patronas, soy campesina, siempre me he dedicado al campo, y he tratado de ser amiga y madre y de conocer a las personas y eso me ha hecho ser más sensible y más humana, algo que vas aprendiendo en el camino de la vida. Cuando a mi me dio por voltear a verlos –a los migrantes-, mi vida cambio totalmente. Me considero una mujer que le gusta luchar, y lo que yo veo en los migrantes es eso, que son gente de lucha.

¿Se puede decir que este servicio ha cambiado tu vida?

Mi vida cambió a partir del servicio que para mí Dios tenía preparado. Mis padres me habían enseñado a ir a la misa, a agradecerle a Dios todo lo que nos daba, alimentos, salud y amor, la unión familiar. Posteriormente, cuando me casé, yo me metí a dar catecismo y participé en el coro. Un día le dije a un sacerdote, padre es muy fácil cantar y dar catecismo. Y me dijo, pídela a Dios cómo puedes ayudarle que Él te va a decir. Y yo tuve una señal: vinieron a pedirme ayuda para un migrante que llegaba gravemente herido, cuando en ese tiempo se decía que ayudar al ilegal era un delito, y para mí lo más importante era salvar su vida y no me importaba si era un delito o no, porque lo habían acuchillado y habían querido abusar de su mujer y venía casi para morir. Esa persona que venía en el tren era negra. Y cuando yo vi a ese migrante herido, cómo lo bajaban del tren, que lo podían haber bajado de muchas maneras, pero lo bajaron tomándolo de manos y pies, yo vi ahí a Cristo y me dije, Señor ahí estás tú y yo aquí estoy para servirte. Y, después de dos años, me dice un migrante de Guatemala, mira te dejo este Cristo porque yo sé que vas a pedir por mí y por los demás migrantes y ahí descubrí que era negro, el Cristo de Esquipulas, y ahí entendí que Él me había puesto ahí para servir y para ser la voz de los migrantes y aquí ando.

¿Tus compañeras son religiosas también?

[quote_right]“Algo que empezó tan pequeño y lo ha hecho grande Él, que es el que se encarga de enamorar a la gente y tocar el corazón de las personas”[/quote_right]Sí, son mujeres de fe también. Creo que si no fuera así ya habrían dejado de hacer. Eso es lo que nos mueve. Somos un equipo, amigas, como familia, y muchas dicen: lo hago porque soy madre y tengo a mi hijo y no quisiera que caminara de esa manera.

Habéis llegado a dar mil comidas diarias, aunque ahora la política de fronteras ha rebajado el número de los que viajan en el tren. ¿Como os mantenéis?

Pedimos sobre todo para mantener el albergue. Y necesitamos un transporte y nos han donado una camioneta, pero necesita gasolina. Y hay gente que da, por ejemplo, vales para una gasolinera. Muchos de los migrantes quieren comunicarse con sus familias y entonces se llama a las familias para decirles que los migrantes están bien. Y vamos a las panaderías a pedirles el pan que no venden y las panificadoras de Córdoba nos apoyan y ahora tenemos una empresa que nos dona la harina y así podemos hacer las tortillas que compartimos con los migrantes. Se van sumando, es una cadenita de ayuda que a mí me admira, algo que empezó tan pequeño y lo ha hecho grande Él, que es el que se encarga de enamorar a la gente y tocar el corazón de las personas.

¿Cómo organizáis el trabajo?

Cada mujer que participa tienen un día asignado y prepara la comida desde la diez de la mañana y una vez que está hecha, los voluntarios la empacan y luego la reparten en apenas dos minutos. Se llama al albergue del sur y les preguntan si ya salió el tren y cuánta gente tienen, y dicen, pues tantos, y entonces lo que hacemos es empacar las comidas. El tren pasa sobre las cinco de la tarde y el siguiente sobre las ocho de la noche. Y si se acabó la comida, preparamos más, pero tratamos de que la comida no se desperdicie.

Y seguís siendo las mismas 14 del comienzo…

Nosotras hemos hecho una invitación a la comunidad. Pero desafortunadamente, mucha gente piensa que a nosotras nos están pagando por esta labor, que el gobierno nos paga, que los migrantes nos envían dólares… Y cuando vienen y ven que no recibimos sino el reconocimiento de los migrantes y de la gente que nos visita, ellas mismas se retiran. Muchos nos preguntan que cómo vivimos, y yo tengo un poco de caña y ahora soy una mujer pensionada y mi prioridad es que mi hijo estudie y se prepare; a mi los lujos y eso no me interesan, la preparación es la mejor herencia que uno puede dejar.

Debe de ser duro ver tantos problemas, porque además muchos caen del tren…

Sí, te pega fuerte porque te toca ver mutilados, gente que muere y eso me entristeces, y dices, Dios por qué tanta injusticia y te da el enojo y le echas la culpa al gobierno por esta situación, por este ser humano que ha perdido las piernas. Me pongo en el lugar de los padres y sufro. Porque lamentablemente las fronteras existen por los malos gobiernos, porque ellos son culpables, si la gente tuviera lo necesario en sus países no tendrían que salir.

También apoyáis a la Caravana de madres, que viajan en busca de sus hijos migrantes…

La organiza el llamado Movimiento migrante, y lo que hacen es traer a estas mujeres de Centroamérica, buscarles visa, sacarles pasaje para el bus. Y nos piden que las apoyemos. No podemos decirles no a las mamás, porque son años de desaparición de sus hijos y su único sueño es poder encontrarlos y tratamos de darles lo mejor, les damos la cena y les buscamos donde dormir. Y la gente ayuda cuando sabe que va a venir la caravana.

¿La Iglesia hace lo suficiente?

La Iglesia tiene mucho que hacer, las diferentes Iglesias. Lo que el papa ha hecho en México es dar una sacudida fuerte al país y a la Iglesia. Cuando lo eligieron yo me dije, éste es el papa que necesitamos, que nos tiene que venir a dar un jalón de orejas a todos, que no entendemos lo que Dios quiere de nosotros, que es el servicio y la humildad. Vemos a la gente sufriendo en la calle y pasamos de largo; y yo creo que ahí está Dios, ahí tiene un rostro y he descubierto su rostro a través de los más pobres y me ha hecho sentir feliz de ayudarles, como mujer y como cristiana, servir a Dios de corazón.

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