Es especialista en migraciones y trata de seres humanos y activista de Caminando fronteras, premio alandar 2014. Ha colaborado como consultora con el Defensor del Pueblo y numerosas ONG. Su ponencia abrió este año el Congreso de Teología. Está conmocionada por la última información que recibe en el móvil sobre una llegada de inmigrantes a las costas andaluzas.

¿Cuántas vidas se han perdido en los últimos meses?

El Estrecho y cerca de Ceuta han sido las rutas más mortales este año. Hay devoluciones en caliente en el agua, se frena a las zodiac o pateras para esperar que lleguen los militares marroquíes y ahí se pierden muchas vidas en esas devoluciones en caliente en el agua, que son muy difíciles de documentar. También hubo una patera de catorce personas que desapareció frente a Ceuta y otros 16 senegaleses en el Estrecho.

Además de ustedes, ¿quién cuenta las vidas que se pierden tratando de alcanzar nuestras costas?

Está la contabilidad de salvamento marítimo, cuando se activa una búsqueda, pero eso no se traduce en nuevas intervenciones de la administración pública para decir que hemos tenido tantos o cuantos desaparecidos. En Italia existe una entidad que se encarga de los desaparecidos, incluso tienen un banco de ADN donde familiares que buscan a desaparecidos en el Mediterráneo central pueden ir. Es una muy buena práctica de la que estamos lejos en España.

Sin embargo, le he oído hablar muy bien de Salvamento Marítimo.

Tiene que ser un ejemplo para el resto de Europa, es un cuerpo civil, muy preparado, que está por encima del concepto de control migratorio, porque ellos se encargan de proteger la vida en el mar. Pero están también las políticas migratorias que a veces entran en colisión. Por ejemplo, cuando les decimos a Salvamento Marítimo que hay una patera en Melilla y llegan y está la Guardia Civil, que está haciendo una devolución  en caliente. Salvamento Marítimo ha tenido una evolución a positivo, fijándose en un Salvamento pionero en buenas prácticas para toda Europa que ha sido el de Almería.

Explíqueme por qué, según ustedes, el endurecimiento de las condiciones de entrada favorece a las mafias.

Todo el tiempo que hemos estado en las zonas de frontera hemos constatado que la política migratoria allí acaba con las pequeñas redes de pasadores pero que, cuanto más endureces, las personas que no pueden ir hacia atrás más necesitan de las grandes mafias, sobre todo de las redes de trata de seres humanos, a las que les pagan para poder franquear las fronteras militarizadas. Porque las fronteras son permeables a lo que genera beneficios y esas redes se postulan ante el inmigrante diciéndole “usted no podrá pasar pero yo sí tengo capacidad de sobornar a los funcionarios…”.

Helena Maleno sigue luchando por los migrantes que buscan cruzar el estrecho

Helena Maleno en un momento de la entrevista. Foto L. F.

También afirma que el espacio para las mafias se abre cuando se recortan -o no existen- los derechos.

Si tuviéramos garantizado un derecho a la salud, como pasa en España con el tema de las donaciones de órganos, pues no hay posibilidad de tráfico de los mismos, no pasarían casos como el del pobre que vende un riñón a las mafias. Si los derechos estuvieran garantizados no tendríamos esa oferta para consumir seres humanos. Cuantos más derechos, menos espacios tienen las redes para ofertar.

Tienen constancia de que existe trata de niños, de jóvenes menores, incluso aquí.

Sí, tenemos constancia, las tienes en Villaverde, tienes todas esas adolescentes nigerianas en la Casa de Campo. También en París. Hay niñas de 10 o 12 años que son declaradas mayores de edad y que están haciendo la calle; tienes esas mafias albanokosovares en la frontera entre Macedonia y Grecia, secuestrando a personas que quieren entrar para vender sus órganos -y lo dice la policía griega, no nosotros. Un mafioso eritreo dijo a la policía italiana que están en Libia y, cuando los emigrantes no pueden cruzar,  los venden a las mafias israelíes para el tráfico de órganos en ese país. Y los venden vivos porque les quitan los órganos vivos, por 15.000 euros… Sí, sí hay constancia de esas prácticas, la Interpol está buscando 10.000 niños, muchos no sabemos dónde estarán pero otros nos imaginamos dónde. También niños utilizados por las mafias de la droga. Y están aquí, entre nosotros, porque somos nosotros los que los consumimos, por eso están ahí.

También “consumimos” mujeres.

Tenemos un nivel de prostitución más alto de media que el resto de Europa. La gente joven, muy, muy joven, entiende que ese consumo sexual forma parte del ocio, de su ocio, es tomarse una cerveza, irse a la discoteca y acabar en la calle o en un puticlub. No estamos hablando de prostitución sí o no, estamos hablando de trata. Y esta sociedad, que tiene mucho consumo sexual, demanda estas víctimas para ser consumidas y las mafias nos las traen porque nosotros las consumimos, porque esos jóvenes las piden, las consumen.

¿Hay, entonces, que reclamar la prohibición de la prostitución?

Yo he viajado por países donde está autorizada y existe trata y he viajado por países donde está prohibida y también existe trata. La trata es un delito, es una vulneración de los derechos fundamentales, es una cuestión más profunda, es un crimen organizado, el segundo negocio más productivo del mundo después del tráfico de armas y es un problema de consumo en este sistema capitalista.

¿Qué pasa con este acuerdo de la UE con Turquía y los refugiados?

Ahora se han devuelto sobre todo a iraquíes y afganos a Turquía, un país donde no existe el derecho de asilo, aunque sí cierta protección, pero solo pueden pedir asilo los europeos y eso lo hemos dicho. Turquía ya tiene tres millones de refugiados sirios… Los refugiados en Turquía sobrevivirán en un espacio de no derecho, como los que están en Grecia.

¿Qué podemos hacer las Iglesias y las instituciones?

Instituciones como la Iglesia, esta mañana deberían haber dicho algo sobre la devolución en caliente que se ha producido en la valla. Tenemos un ministro del Interior que se supone que es católico y ha ordenado lo que ha pasado esta mañana. La Iglesia le debería explicar que ese comportamiento viola los derechos de las personas y el Evangelio. La Iglesia tiene que acoger, acompañar, pero también tiene que denunciar, tiene que mojarse. La Iglesia tiene una red impresionante que debería ser utilizada para mejorar la acogida, para abrir las puertas si hay refugiados que viven en la calle.

¿Y las personas corrientes, tenemos tarea?

Hay que “rozarse” con el refugiado. Hay que ser buenos vecinos con ellos. Yo voy a los centros profesionalizados y están allí solos, aislados. ¿Dónde está el vecino allí, el que acompaña a la mujer al mercado, dónde los niños jugando con otros niños? Ese rozarse, ese salir al encuentro, puede ser en esas comunidades eclesiales, en las asociaciones de vecinos, entre los del mismo bloque. Está bien tener personal preparado en centros especializados que los acompañen psicológicamente. Pero integrarse es formar parte de la comunidad, estar en la vecindad. Los dos enfoques han de ser paralelos.

 Caminando fronteras ha hecho un documental emocionante con los familiares de los 15 africanos muertos el 6 de febrero de 2014 en la valla del Tarajal. En Vimeo: Tarajal,  transformar el dolor en justicia. Imprescindible.