Emilia Arija ha crecido mucho desde sus inicios junto a sus hermanos en Brotes de Olivo de Palencia, pero su compromiso con la música y la vida sigue siendo el mismo. Su voz, que acaricia y convence, sigue resonando a través de Imperfecta, su segundo disco en solitario. El próximo 18 de febrero cantará sus temas en la Sala Borja de Valladolid, en un concierto a beneficio de los proyectos de Entreculturas en Haití.

¿Qué le duele a Emilia Arija?

Ufff… me duelen un montón de situaciones. Me duele profundamente la falta de sensibilidad. Que estemos contemplando como sociedad, desde la barrera, la situación, por ejemplo, de los refugiados, llamando a nuestras puertas, como que no fuera con nosotros. Valorando, por supuesto, los grupos que sí están tratando de paliar lo que las instituciones no son capaces de hacer, pero deberíamos, en bloque, ser más exigentes. Me duele que los niños no puedan ser niños, que en lugar de estudiar y jugar tengan que trabajar o se los explote de todas las maneras imaginables. Me duele que no nos demos cuenta que a veces no hace falta mirar tan lejos, porque esas situaciones también se dan, si nos descuidamos, a la vuelta de nuestra esquina. Y la impotencia de no saber muchas veces qué hacer… Me duele también la inseguridad respecto a haber sido capaz de transmitir una forma de sentir a mis hijos, por ejemplo.

Emilia reivindica la imperfección como belleza en su disco ImperfectaTrump, los refugiados, un planeta cada vez más viejo… ¿Tiene sentido seguir cantando?

Más que nunca. Si no podemos cambiar “lo global”, al menos intentemos provocar pequeños cambios, que sí son importantes en tanto en cuanto afectan a situaciones de todos los días, a vidas concretas… Y no podemos callar. El que calla otorga y si no mostramos nuestro desacuerdo, si no exigimos, acabaremos anestesiados. Eso no es vida. Creo que los que tenemos cierta capacidad para ser “mínimamente escuchados” tenemos en nuestra mano seguir despertando conciencia y reivindicando una forma diferente de hacer las cosas, de intentar buscar el lado positivo, sin dejar por ello de ser críticos con las situaciones a las que entendemos que hay que dar la vuelta. Hay que seguir ejerciendo de altavoz de los que importan a poca gente.

Tu primer disco en solitario nos hablaba desde las ruinas y este se atreve a hacerlo desde la imperfección. ¿Cuánto hay de declaración de intenciones y cuánto de revisión interior? ¿Imperfecta más como afirmación ante el mundo o como disculpa?

Creo que no puedo separar una cosa de la otra. Sin una revisión profunda no puede haber una declaración de intenciones posterior. Hay que saber en qué punto estás, cuál es tu momento y cómo quieres jugar las cartas que tienes en la mano. En todo caso, reivindico el derecho a no ser perfecta, a cometer errores. Si nos dejamos, se nos exige estar siempre de un humor fantástico, ser maravillosamente eficientes, una madre fantástica que llega a todo, profesional en el trabajo, con un aspecto impecable siempre, agradabilísima en todo momento y sin atisbo de una sola nube que te dé un día gris… y eso está muy bien… como ideal. Me niego a ser superwoman. Tengo mis luces y mis sombras y seguramente por eso destacan tanto las unas como las otras, por el contraste. Que quiera intentar llegar a todo no quiere decir que no pueda tener un mal día. No pasa nada por ello. Y sobre todo, merezco la oportunidad de perdonar-me, no sólo disculpar los fallos del resto. No es un “todo vale”, sino un “puedes volver a intentarlo”.

En Imperfecta tu voz se convierte en la voz de muchas voces amigas. Algunas de ellas han puesto letra directamente a tus sentimientos y a situaciones de las que querías cantar. ¿Cómo ha sido el proceso creativo? ¿Cómo se vive esta experiencia de empatía a la hora de interpretar los temas?

Ha sido un auténtico regalo. En los casos en que han reflejado lo que veo, lo que siento, para mí ha sido un ejercicio de aparcar la rutina y rebuscar dentro y después ponerme sobre la mesa. Y con esto que he encontrado, haz lo que puedas. En varios casos, son sentimientos compartidos, porque nos conocemos desde hace muchos años y hemos vivido muchas cosas juntos. Emociona encontrarte unos textos con los que te identificas y una música que te envuelve, que puedes hacer tuya, porque en parte ya lo era. Estoy muy agradecida, porque se ha convertido en un disco colectivo. Me ha ayudado también a acercarme a otras personas con las que había comenzado a tener contacto y el vínculo se hace más fuerte.

Emilia Arija antes de un concierto

Llevas toda tu vida cantando y ayudando a mucha gente a encontrarse y a encontrar la trascendencia desde tu voz. ¿Cómo entiendes tu último disco, tu vocación por la canción, los conciertos, desde tu momento vital actual?

Bueno, sigo estando en parte limitada en cuanto a conciertos. No vivo (ni quiero) de la música y eso condiciona. No renuncio al tiempo en familia y eso también condiciona, al menos en parte. Hay algo de responsabilidad que siempre ha estado ahí, pero que no controlas. Creo que nunca sabemos cuánto llega a afectar lo que cantamos, lo que decimos cuando decidimos ponernos delante de un micrófono. Si lo que contamos, lo que cantamos sirve, bendito sea… Lo que sí tengo claro es que nunca cantaré cosas que no sienta.

¿Y mañana?

Dios dirá…

El disco termina con una versión gigante de Gracias a la vida. ¿Qué le agradece a la vida Emilia Arija?

Agradezco mi familia. Sin ellos hoy no sería quien soy. Son mis raíces. Si no sabes dónde tienes tus raíces, no te encontrarás bien en ningún sitio. Ha sido mi mejor escuela y la que me ha dado los cimientos sobre los que construir mi vida, tanto a nivel de fe como de valores, si es que podemos separar lo uno de lo otro. Agradezco también la familia escogida, con la que convivo, comparto techo, aprendo… y las personas que la vida me va poniendo en el camino para poder crecer, con quien compartir proyectos, amistad. Doy gracias también por los malos momentos, porque son oportunidades para crecer, para aprender y para saber valorar lo que tengo. Y por la música, que me ayuda a expresarme de una forma que no consigo por otros medios.