Maestra por vocación, la vida de Carmen Barba ha sido un ir y venir. Nacida en Barcelona, a los 20 años llegó a Madrid porque quiso ingresar en la orden de las Franciscanas de la Divina Pastora, lo que le posibilitó recorrer muchos lugares de España. Después estuvo seis años en Perú, trabajando en el norte, cerca de Jaén y, luego, por Cerro de Pasco, en el centro del país andino. “Ha sido una de las mejores experiencias de mi vida trabajando en educación”, reconoce.

Carmen Barba es profesora en el Instituto Superior de Pastoral. Foto. J.I. IgartuaCuando volvió a España entró en el mundo de la cooperación al desarrollo, trabajando en varias ONG, en diferentes lugares, por un espacio de casi 20 años. “Es un mundo que me ha apasionado y que iba compaginando con la docencia”. En aquel tiempo también tuvo la oportunidad de estudiar teología, cosa que hace en el TUP (Teología Universitaria para Postgraduados) de los jesuitas –en su sede madrileña de Alberto Aguilera– y luego cursó la especialidad de Ciencias Morales, en el Instituto del mismo nombre, que regentan los redentoristas.

Por circunstancias de la vida dejó la congregación. Hace seis años decidió volver a su vocación inicial de la docencia, trabajando en colegios. En estos momentos, a estas clases hay que añadir las que imparte en el Instituto Superior de Pastoral (ISP) y en el Centro Universitario de La Salle, en ambos con temas relacionados con la moral. Carmen señala que “sigo enseñando y leyendo teología porque es un tema que me apasiona, no tanto por el saber cuanto por el vivir”.

[quote_left]“Hay déficit de experiencia de Dios y creo que es ahí donde hemos fallado”[/quote_left]En el ISP, por ejemplo, imparte clases sobre “Mujer, derechos humanos y cristianismo”. En este sentido, indica que la Iglesia es una gran defensora de los derechos humanos pero, como Estado vaticano, no es miembro de pleno derecho de las Naciones Unidas porque no ha suscrito la Declaración. Asegura que “se sigue viviendo una especie de ‘esquizofrenia’ entre el Estado vaticano y la Iglesia católica. Respecto a la mujer sucede algo parecido. Creo que el papa Francisco este tema ni lo va a tocar. No es algo fundamental, aunque sí que intenta reivindicar el papel de la mujer como muy importante en la Iglesia y en el mundo, pero siempre en un plano subsidiario”.

Al incidir en el tema, cuando Francisco está haciendo muchos gestos de cambio, Carmen afirma que “en este momento la mujer no es una urgencia en la reflexión de la Iglesia oficial. Es un tema que las mujeres católicas tampoco reivindicamos con suficiente energía, sino que hay un medio conformismo. Hay un poco más de impulso en los movimientos feministas y tampoco se les toma demasiado en serio”.

Al plantearle la cuestión de que puede haber una contradicción en cuanto a la catolicidad, Carmen Barba se muestra clara y rotunda: “Claro. La Iglesia es machista porque a las mujeres no les dan la misma igualdad de oportunidades ni de derechos. Es más, diría que los estudios de Teología se siguen pensando para varones, célibes y con disponibilidad horaria por la mañana. No hay quien pueda estudiar teología por la tarde, salvo en el TUP de los jesuitas, que lo siguen manteniendo”.

Carmen Barba es profesora en el Instituto Superior de Pastoral. Foto. J.I. Igartua

Falta peso teológico

Carmen Barba cree que la teología hecha por mujeres aún no tiene suficiente peso y todavía no ha llegado a calar suficientemente en la conciencia eclesial. Por el contrario, sí considera que la teología feminista ha hecho muchos y buenos estudios sobre el papel de la mujer dentro de la Biblia. “Es de los campos más estudiados: las mujeres que son relevantes y el papel que juegan. Bien es verdad que en la predicación no se incorporan o yo, por lo menos, no lo escucho. En los libros de teología dogmática no se hace referencia en concreto a una visión más femenina o más equilibrada de Dios. No hay un diálogo entre la teología tradicional y la teología feminista”, manifiesta. ¿Pero ahora se oye bastante hablar de Dios Padre y Madre?, le pregunto. “Se ha instalado la costumbre pero no ha cambiado, en el fondo, la mentalidad de un Dios poder, un Dios autoritario, un Dios omnipotente y, en el fondo, un Dios masculino”, responde.

Reconoce Carmen que hay un respeto por la teología feminista, porque en España ha habido una época de grandes mujeres y grandes teólogas. Recuerda a Mercedes Navarro, Carmen Bernabé, Dolores Aleixandre… Pero ahora se vive un momento de menos relevancia, “quizá porque ha habido una época de hierro desde la Conferencia Episcopal y no hay una generación de relevo a la hora de escribir”, señala.

[quote_right]“Tengo que enseñar las cosas de las que estoy plenamente convencida y que forman parte de mi propia vida”[/quote_right]

Iniciado el Año de la Misericordia, con motivo del cincuenta aniversario del Concilio Vaticano II, se plantea que quizá sea un buen momento para hacer una relectura de determinados documentos, como Lumen Gentium o Gaudium et Spes. “Creo que hay que hacer una relectura actualizada a estos tiempos”, dice Carmen, quien añade que “a veces da la sensación de que el Concilio también fue punto redondo y final. Cuando los tiempos están cambiando tanto es necesaria una relectura de los documentos que tienen una hondura y validez de fondo importante y actualizarlos desde la Teología”.

Enorme desafección

Sobre qué se puede hacer en el área de la pastoral, Carmen afirma claramente: “No lo sé”. Desde su experiencia docente en colegios católicos cree que el grado de desafección es enorme, que no hay una visión cariñosa del mensaje evangélico y añade que “estoy cada vez más convencida de que en la Iglesia hay tal déficit de experiencia de Dios que es donde hemos fallado. No hay experiencia de encuentro con el Misterio. Te encuentras con generaciones que están prácticamente incapacitándose para la experiencia. Viven en un mundo tan acelerado, tan superficial, que cualquier lenguaje que le hable de experiencia, de silencio y de misterio les suena como algo imposible”.

Así, la evangelización resulta francamente difícil. “Efectivamente”, dice Carmen, “porque en nuestra Iglesia tampoco hay muchos ámbitos para la experiencia. Suelo decir que hay muchas parroquias, pero no muchas comunidades. Sigue habiendo una pastoral muy de sacramentos y muy de clientes. Entonces hay poca comunicación, no se comparten experiencias, no hay reflexión sobre la Palabra”.

Pese a todo, Carmen no está desesperanzada, porque tiene la seguridad de que “el Espíritu Santo se abrirá paso por donde quiera. Para mí, los chavales son siempre un reto y lo que a mí me reta es una pastoral del testimonio. Tengo que enseñar las cosas de las que estoy plenamente convencida y que forman parte de mi propia vida porque, al final, no les va a quedar las palabras de lo que les enseñas pero sí, quizá, la música”.