Con una larga trayectoria ecologista y una de las voces más influyentes acerca del nuevo modelo energético, Cote Romero se empeña desde la Plataforma Por un Nuevo Modelo Energético y desde Ecooo en que el cambio venga desde la necesaria activación ciudadana.

¿De verdad como humanidad nos estamos dirigiendo a un colapso climático y ambiental? ¿Qué hay de cierto en los avisos emitidos por muchos científicos que hablan de este colapso climático?

Pues son ciertos. La ciencia es sólida y es incuestionable. La pérdida de biodiversidad, la contaminación ambiental, el cómo se ha afectado a los ecosistemas que sostienen la vida, la escasez de materiales que utilizamos para sostener las sociedades tal y como conocemos en occidente y, por supuesto, el cambio climático causado y originado por la acción del hombre son incuestionables científicamente. Por lo tanto, urge empezar a hacer diferentes transiciones porque tenemos un plazo de acción muy corto y los cambios que tenemos que hacer son tan disruptivos que exigen una cooperación real de todas las sociedades del planeta y, desde luego, ambiciosa, porque nos estamos jugando la vida.

Entrevista a Cote Romero, Coordinadora de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético

Cote Romero en un momento de la entrevista. FOTO RODRIGO VÁZQUEZ

Desde esta realidad que parece ineludible, ¿pueden hacer algo los gobiernos? ¿Están a tiempo de tomar alguna medida política para transformar esta realidad del colapso a la que nos dirigimos?

Desde la política se puede regular el sistema económico. Este sistema económico de acumulación, de depredación, de extractivismo puro y duro y de productivismo por un sistema económico que sea capaz de cubrir las necesidades básicas de todas las personas. Que haya un reparto equitativo, que todas las personas tengan acceso a bienes comunes y necesarios para una vida digna y también que desde la política se pueden regular tantísimas cosas, como un sistema energético sostenible, no basado en el despilfarro y la insensatez sino basado en el ahorro, la eficiencia, en fuentes limpias, en fuentes equitativas que generen prosperidad local… Y se puede regular absolutamente todo, porque la política lo regula todo.

¿Podemos generar alguna transformación como ciudadanía, como sociedad civil?

En el ámbito energético, totalmente. Yo me voy a referir al caso español, que es el que más conozco y es paradigmático. Tenemos un sistema energético y una política energética al servicio de los intereses económicos de las grandes corporaciones energéticas de este país. Es descarado y muy difícil de abordar. ¿Por qué? Porque el sistema energético es muy opaco, muy complejo y muy técnico. Y esta barrera de tecnicismo expulsa que el ciudadano común y corriente pueda entender qué hay detrás de la energía que utiliza y que paga. Afortunadamente empieza a haber cada vez más personas normales y corrientes que se informan, que se dan cuenta de la importancia capital que tiene la energía en los derechos de las personas, es decir, está afectando a la calidad de vida de las personas de aquí porque hay una simetría en el acceso a un derecho básico como es el acceso a la energía en nuestra sociedad española, pero también en países de origen, donde hay materias primas energéticas que sufren un menoscabo claro en sus derechos por la pugna que hay de materias primas energéticas etc. Necesitamos urgentemente ciudadanía que penetre en el sistema energético, que sea protagonista de la transición energética, no solo desde el conocimiento y desde el activismo, que no deja de ser una influencia política importantísima y capital, sino también desde la acción.

¿Hasta qué punto el clima y la energía tienen que ver con las causas de la pobreza en el mundo?

La naturaleza es la casa en la que vivimos todos. El reparto de la abundancia que nos otorga la naturaleza es donde está la clave de la pobreza. Y si, además, a esta naturaleza abundante y maravillosa la estamos afectando, estamos consiguiendo que la simetría sea mayor. El clima está cambiando por la acción del hombre. La energía, el cómo producimos, el cómo gestionamos, el cómo consumimos la energía está detrás de todo ello y la energía es causa directa de un menoscabo claro y flagrante de derechos de las personas. Derechos de las personas por una parte en comunidades de origen de materias primas energéticas y no solo en una cultura extractivista de minas etc. o de contaminación de sus ecosistemas y, por tanto, de falta de acceso a tener una seguridad alimentaria, sino incluso cuestiones como represas, que están afectando a comunidades indígenas, que son desplazados. O que se producen violaciones y asesinatos de manera sistemática durante decenas de años. Es decir: ya hay una afectación entre energía y derechos. Pero has apuntado, como se apunta también en los objetivos, el clima es causa de pobreza. El cambio climático ya es una realidad existente. Son países que no se han aprovechado del desarrollo que ha habido gracias a un combustible fácil y barato de todas estas décadas pasadas, que no han tenido una vida insostenible e inconsciente y, encima, son los primeros afectados. Además, son países que tienen muy poca capacidad para poder adaptarse a la situación de cambio climático. Esto es causa ya de desplazamientos forzosos de personas.

¿Hay esperanza, o vamos de cabeza a un futuro como el de Mad Max?

Para mí sí que la hay. La responsabilidad es poder. La responsabilidad es que yo tengo el poder de elegir y, además, elegir ser sostenible, elegir ser solidario, elegir ser empático, elegir no crear más conflicto en el mundo, elegir que todo el mundo tenga acceso a derechos básicos… es una alegría. Por lo tanto, somos la ciudadanía, somos las personas normales las que, como decía Ghandi, “Se el cambio que quieres ver en el mundo”. Y creo que eso es muy poderoso.