Mª Guadalupe García visitó Madrid con la ONG Sodepaz. Mamá Maquín es una organización guatemalteca de mujeres creada en 1990, como tantas otras, en las raíces del refugio obligado por la bárbara violencia de la dictadura militar y la guerra civil, que se prolongó a lo largo de 36 años -de 1960 a 1996-, con el estremecedor balance de más de 200.000 personas muertas, 45.000 desparecidas y 100.000 desplazadas. El nombre es un homenaje a Adelina Caal Maquín, una anciana indígena que organizó a los pueblos de la Alta Verapaz para que reclamaran sus derechos a los propietarios de las fincas, que en su mayoría procedían de Alemania. La gente no la llamaba Adelina, si no Mamá Maquín, con lo que esa palabra conlleva de respeto en la cultura maya.

“Ella nos dejó un gran ejemplo sobre trabajo comunitario. A las mujeres, concretamente, nos enseñó a creer que somos capaces de organizarnos y que por lo tanto podemos hacer un trabajo político a favor de nuestros derechos”. Quien así se expresa es María Guadalupe García, líder de la asociación en el departamento de Huehuetenango, en el noroeste del país, frontera con México.

Esta mujer de 52 años, con permanente sonrisa pese a lo que le ha tocado vivir, se expresa con ideas muy claras sobre la realidad de su país, que no ha cambiado demasiado pese a los casi 18 años transcurridos desde la firma de los Acuerdos de Paz, en diciembre de 1996. Aún quedan muchos compromisos sin cumplir, como la propiedad de la tierra productiva (casi el 80% está en manos del 5% de la población) o la pobreza, en la que vive el 60% de los guatemaltecos y guatemaltecas, cifra que se eleva cerca de veinte puntos en las comunidades rurales. Guadalupe recuerda que “las personas trabajaban en las fincas explotadas, oprimidas y discriminadas. Especialmente las mujeres, que ni siquiera eran reconocidas como trabajadoras. Se les decía que eran ayudantes del esposo, del hermano, del papá… Los Acuerdos de Paz abrieron pequeños espacios sobre los derechos de las mujeres, de los pueblos, de los campesinos… Pero la realidad es que la paz se firmó para garantizar la inversión transnacional, con la compra de recursos naturales, que para nosotros son bienes indispensables para la vida”.

Mª Guadalupe García visitó Madrid con la ONG Sodepaz.

Ni información ni opinión

Lo mismo ha ocurrido con la Ley de Minas, que permite todo tipo de concesiones. Según datos del Ministerio de Energía y Minas, desde 1997 se han concedido 368 licencias de explotación minera en Guatemala, especialmente a empresas canadienses. Igual pasa con el acaparamiento del agua para la construcción de hidroeléctricas, uno de cuyos casos más polémicos es el de la empresa Hidro Santa Cruz, con capital español. “Todo esto se hace sin información y sin tener en cuenta la opinión de los pueblos”, asegura Guadalupe, quien añade que “todo forma parte de un plan neoliberal, como una nueva forma de hacer riqueza, saqueando y despojando a los pueblos de sus bienes naturales”.

La acción de organizaciones como Mamá Maquín ha hecho posible la puesta en marcha de consultas en comunidades formadas, entre otros, por los pueblos q’anjob’al, akateko, chuj, mam y mestizo, en las que se han declarado territorios libres de megaproyectos mineros, hidroeléctricos, infrestructuras. Estas consultas son sistemáticamente rechazadas por el Gobierno, “porque con nuestro sentir estamos poniendo en jaque los intereses económicos de unos pocos”, afirma Guadalupe. El único argumento que se da a los pueblos indígenas es que se oponen al desarrollo.

“¿Pero qué desarrollo?”, se pregunta María Guadalupe, quien se responde con otra pregunta: “¿Un desarrollo que altera el equilibrio de la madre naturaleza?”. Y prosigue afirmando que “el desarrollo tiene que mantener una armonía, en la que se tenga en cuenta que las personas no somos el centro del planeta, sino una parte más, que tiene que coexistir con los ríos, las plantas, los mares, el aire, los minerales… No nos oponemos al desarrollo, sino al falso discurso sobre un desarrollo que seca las aguas, destruye los bosques, deja la tierra infértil y extrae elementos esenciales, como los minerales”.

Mª Guadalupe García visitó Madrid con la ONG Sodepaz. Foto. J.I. Igartua

Diálogo impuesto

Guadalupe asegura que el Gobierno impone mesas de diálogo como un modo de “entretener”, sin un mínimo interés negociador, pero “en Mamá Maquín tenemos claro que nuestra madre tierra no se negocia y que nuestra dignidad como pueblos no tiene precio”. Denuncia el encarcelamiento de líderes, la persecución de mujeres reivindicativas, los asesinatos de quienes, como Emilia Quam o Daniel Pedro Mateo, se oponen a una estructura que “alimenta” una desigualdad insufrible. “Hoy la militarización, el terror, el miedo, son iguales a los que había en las décadas terribles de la dictadura”, dice Guadalupe, mientras baja la voz para afirmar que “la madre tierra se muere y nosotras con ella”. Se emociona al hablar de sus dos nietos, por quienes mantiene esta lucha, “ya que, cuando proclamamos el respeto a la madre naturaleza, lo hacemos para toda la humanidad. Queremos garantizar la vida de las nuevas generaciones, como hicieron nuestros abuelos y abuelas con la nuestra”.

María Guadalupe García ha estado en España, traída por la ONG Sodepaz, para dar a conocer esta realidad y cómo están trabajando para cambiarla. Desde Mamá Maquín se está fortaleciendo la educación de mujeres y jóvenes en programas de incidencia política integral, así como en la formación de docentes capaces de transformar, dándoles capacitación para que investiguen en temas como el riesgo alimentario, la economía familiar, la pobreza, la salud, la cultura, la memoria histórica… “Es importante fortalecer la organización, pero también que nos preparemos y nos formemos políticamente, conociendo toda la realidad que estamos viviendo en Guatemala”, sostiene Guadalupe.

Y sobre esta realidad planea la desigualdad entre mujeres y hombres –la violencia, la discriminación, la opresión-, un problema estructural con profundas raíces, arraigadas a lo largo de generaciones y generaciones. “Es un proceso largo –afirma Guadalupe- que exige transformar ideológicamente nuestra forma de pensar, de sentir y de ver las cosas. Hay que desaprender todos los códigos que nos han inculcado”. En definitiva es una lucha de mujeres y de hombres; de familia y de autoridades; del Estado y de la Iglesia; de los medios comunicación y de…