Pérez-Soba es profesor de fenomenología de la religión. Foto. J.I. IgartuaHace años, intelectuales y estudiosos sociales pronosticaban la desaparición de las religiones en las llamadas sociedades avanzadas. No parece que el tiempo les haya dado toda la razón, aunque la secularización sigue avanzando, quizá más por la falta de coherencia entre lo que se propone y lo que se vive. El retorno a lo sagrado, la aparición de los fundamentalismos, los nuevos movimientos religiosos, las diversas formas espiritualidad, son fenómenos que hay que analizar. Es por ello, quizá, el momento de la fenomenología de la religión, una ciencia que “quiere comprender cómo funciona el ser humano religioso. Tenemos que ir más allá del pensamiento generalizado de que la religión es una determinada dogmática, apoyada en una serie de estructuras más o menos organizadas”.

Quien así se expresa es José María (Chema) Pérez-Soba, laico de 44 años, casado con la teóloga Silvia Martínez Cano, padre de cuatro hijos. De formación marista, se doctoró en historia en la Universidad Complutense con una tesis cuyo fundamento era la fenomenología, algo que nadie había hecho hasta entonces. “No fui un pionero en este campo académico ‘civil’, porque el intento se acabó conmigo”, asegura Chema. Hoy es profesor de fenomenología de la religión en la Escuela Universitaria Cardenal Cisneros, de Alcalá de Henares, en el Instituto Superior de Pastoral, así como autor de varios libros para la enseñanza de Religión en colegios e institutos.

¿Vivimos más un fenómeno espiritual que religioso?

Cuando hablamos de espiritualidad contrapuesta a religión me da la sensación de que lo que proponemos es una religión distinta a lo que entendemos tradicionalmente como religión. En el fondo, una religión es el encuentro con un misterio que se considera salvífico, plenario, liberador, que se vive por una serie de mediaciones –oración, meditación, lugares, libros sagrados, poemas, expresiones, danzas. La espiritualidad es también el encuentro con un misterio. ¿El misterio tiene que ser Dios? No. Ahí está el budismo, que no tiene ningún dios. En esta dicotomía religión-espiritualidad lo que hay en el fondo es el deseo de separarse de estructuras religiosas que para muchos ya no funcionan y conseguir unas nuevas más acordes con la modernidad.

Entonces, ¿estamos ante una religión a la carta?

Estamos hablando de una religión pluralizada. Antes se nos decían cuál era el sentido de nuestra vida, qué podía esperar, qué debía hacer. Hoy no. Cada quien tenemos que buscar el sentido de nuestra existencia. Yo puedo elegir el camino que me plantea una religión, la católica por ejemplo, pero ese camino no es igual para todos. Por eso, cuando los obispos se desesperan por la denominada religión a la carta no entienden que lo que estamos viviendo es un fenómeno de pluralización absoluta.

Una apuesta diaria

¿Estas opciones llegan a confundir a la persona cristiana?

Yo diría que hay quien prefiere un “pack” único, en el que se diga lo que hay que hacer. Es mucho más tranquilo porque no obliga a pensar, ni a buscar. Eso sí, podemos caer en el fundamentalismo. El liberal, el que busca, tiene que estar constantemente releyendo su identidad, su creencia, apostando cada día… Ya no es la sociedad la que nos dice “eres creyente”, sino que eres tú mismo quien apuesta por la creencia. También se puede negar la pluralidad, pero recordaría las palabras de Juan XXIII en el discurso de inauguración del Concilio Vaticano II: “¡Ay de los profetas de calamidades que no ven más que maldad en la modernidad, porque no creen en Dios!”.

Pero la estructura eclesial está más por marcar lo que hay que hacer que por la libertad.

Cuando la institución ve lo que sucede no lee correctamente la situación. Tiene miedo, porque estamos hablando de un cambio muy potente, ya que se trata de cambiar la mentalidad y la propia estructura. La velocidad es tan grande que la institución pierde pie y no acepta el cambio. La mayoría de los movimientos católicos son conservadores. Que se lo digan a Benedicto XVI, que lo que se encuentra en la curia no es una disputa entre católicos conservadores y liberales, sino entre grupos todos conservadores.

¿La religión fuera o dentro de las aulas escolares?

Me gustaría que este debate se hiciera desde un análisis global, no desde uno ideológico. La realidad es que a nadie le preocupa nada que se trata de que los jóvenes aprendan a construir el sentido de su vida libremente. Este tiene que ser el debate. Si partiéramos de ahí es posible que llegáramos a un consenso y encontráramos alternativas más razonables para todos, como sucede en otros países.

¿Por qué no se da ese diálogo en nuestro país?

Porque en el plano de lo religioso, en España seguimos entre la teología dogmática dura y el anticlericalismo. Son dos fenómenos que no tienen nada que ver entre sí, pero es la herencia de 40 años de nacionalcatolismo, que todavía no se ha borrado. En medio no hay nada, porque nadie hace un análisis de la religión. Aquí tomamos partido a favor o en contra. En el primer caso es para apoyar el cristianismo católico, apostólico y romano más tradicional; en el segundo es para descalificar toda institución religiosa. Nos encontramos ante un desastre.

La misma dignidad

¿La Iglesia necesita una catarsis?

José María Pérez-Soba con su biblioteca personalEl Vaticano II reconoce que todas las personas tenemos la misma dignidad y la misma llamada a la santidad. Aquí hay un profundo cambio de mentalidad. Es decir, el fiel tiene experiencia de Dios y en él está hablando el Espíritu. Por ello, el sacerdote está para acompañarle y servirle en lo que Dios ha puesto en esa persona. Cuando el Papa Francisco dice que el pastor tiene que oler a oveja lo que está indicando es que se la escuche, que el pastor tiene que dar la vida por ella, no cómo tiene que llevar el cayado.

¿Este cambio se puede producir con el papa Francisco?

El papa tiene su función, no es Dios. El cambio depende de nosotros, de generar espacios de diálogo dentro de la Iglesia que nos permitan comprendernos y no asustarnos mutuamente. Es así de sencillo y así de complicado, porque la pluralidad eclesial la vivimos en guetos. Hay que proclamar un diálogo intraeclesial.