El periodista Juan Ignacio Cortés participó en el cinefórum celebrado en en La Casa Encendida

El periodista Juan Ignacio Cortés participó en el cinefórum celebrado en en La Casa Encendida

El pasado jueves 11 de julio tuvo lugar un cinefórum con la proyección de la película El club (Pablo Larraín, Chile, 2015) dentro del ciclo “Enganchados a lo tóxico”, que La casa encendida (Ronda de Valencia, 2, Madrid) está celebrando del 2 al 25 de julio.

Juan Ignacio Cortés, miembro del consejo de redacción de alandar, fue el encargado de dinamizar el coloquio posterior, en el que se abordó el tema de los abusos sexuales en la Iglesia, al que el periodista ha dedicado una profunda investigación de varios años que se ha traducido en la publicación de su libro Lobos con piel de pastor (San Pablo, 2018).

El club ilustra, en una atmósfera cáustica de personajes a contraluz y verdades en penumbra, la rutina de un grupo de sacerdotes que han sido confinados, junto con una religiosa, a un retiro de oración y penitencia en una casa en un pequeño pueblo de la costa chilena. La llegada de un nuevo inquilino altera la convivencia de la comunidad y desata el comienzo de un proceso de investigación que hará aflorar los detalles más escalofriantes del pasado de cada uno de ellos.

En el diálogo posterior a la proyección del film, Juan Ignacio Cortés se detuvo en algunos elementos de análisis que muestran cómo El club construye toda una radiografía del horror y una metáfora de la política de silencio, ocultación y señalamiento de las víctimas que, durante años, ha presidido la gestión de estos casos por parte de los propios responsables de la Iglesia católica.

Los asistentes compartieron sensaciones y sentimientos y plantearon numerosas cuestiones sobre las causas de estos crímenes que están marcado una de las más graves crisis de la Iglesia a nivel mundial.

El periodista, que iluminó en todo momento una reflexión serena marcada por la necesidad de esclarecer la verdad, poner en el centro la dignidad de las víctimas y no condenar por entero a la institución eclesial, aportó numerosos datos que van desde el alcance y la naturaleza de los casos hasta las diferencias en el trato a las víctimas que se dan en cada país a la hora de articular los procedimientos judiciales.

Pero fueron, sobre todo, sus percepciones al hilo del contacto real con las personas que han sufrido los abusos y con algunas instituciones comprometidas en restañar sus heridas, las que dieron al coloquio una dimensión experiencial que alumbró la necesidad de roturar un paisaje desolado con caminos de esperanza desde el acompañamiento y cuidado de las vidas más frágiles y vulnerables.