goma2.jpgDesde el primero de abril estoy trabajando en los campos de refugiados en Goma, Congo (R.D) con el JRS (Jesuit Refugee Sevice). En Goma se encuentran actualmente alrededor de 90.000 refugiados repartidos en 5 campos “oficiales”, aunque se pueden encontrar muchos otros campos espontáneos -menos numerosos- por las montañas y los alrededores.

El “proyecto de vulnerables” en el que trabajo consiste en detectar a las personas más necesitadas de los campos, es decir, todos son vulnerables, pero tenemos que buscar a los más vulnerables entre los vulnerables: los más pobres de entre los pobres, los miserables, los olvidados… La selección ha sido durísima, ¡¡¡SON TANTOS LOS NECESITADOS!!! Es de agradecer que este “trabajo sucio” de selección ya haya sido realizado por el anterior equipo al que hemos venido a sustituir.

Agua suficiente

Gracias a Dios hay agua suficiente en los campos. Se toma directamente del lago KIVU, (todos los campos están a orillas del lago y se lleva el agua por tuberías hasta los depósitos depurativos que Oxfam ha instalado en todos y cada uno de los campos para que el agua potable no falte y realmente debo constatar que no falta. Tampoco faltan las letrinas y los casos de cólera son muy pocos y aislados. El problema es dar de comer a toda esta gente todos los días. La PAM (programa de alimentación mundial) y ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados), se encargan de la distribución de los alimentos: reparten por persona una vez al mes 6kg de harina, una medida de aceite, sal y jabón, pero no es suficiente, por lo que el robo, la prostitución y todo tipo de violencia es habitual en los campos para poder subsistir.

Aquí hay que hacerse con una piel de estopa, gruesa y bien curtida y dejar la pena a un lado porque si no, te hundes en la miseria más profunda, sobretodo cuando tienes que pasar de largo por delante de las personas que no se consideran vulnerables porque no entran dentro de nuestro criterio de selección… SE TE CAE EL ALMA A LOS PIES Y LE PIDO A DIOS QUE ME PERDONE POR ELLO… Se me pone un nudo en la garganta y otro en el estómago… Así que les saludo, les dedico la mejor de mis sonrisas, aprieto sus manos y sigo caminando… Tendré que hacer un poder para superarlo, de momento bajo la cabeza aprieto los dientes y también el paso…

Tratado de paz

Si el tratado de paz se mantiene hasta septiembre, (nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que se ha firmado), entonces quizá se empezará a plantear el desmantelamiento de los campos, aunque no creo que sea tan pronto, la gente tiene miedo de volver, y a pesar de las penurias que están pasando, en los campos se sienten protegidos y los que habían regresado a sus casas han tenido que volver otra vez a los campos de Goma; en las últimas semanas se han cometido diferentes atentados contra la población civil en la zona de Luofu (los rebeldes del FDLR –Fuerzas Democráticas de Liberación de Ruanda- no respetan tratado alguno) y por eso ya está funcionando el 5º campo.

Difícil convivencia

La convivencia en los campos no es nada fácil, es más bien una vida de supervivencia, otra vez la ley del más fuerte y, aunque siempre hay excepciones, es difícil ser solidario cuando la miseria te circunda: robos, violencia, abusos a los menores sobre todo a los huérfanos (éste es uno de los graves problemas del campo: los abusos a los menores huérfanos), violaciones a las mujeres que están solas… Ellas y los niños huérfanos están dentro de nuestro criterio de vulnerabilidad, así como los ancianos solos, enfermos crónicos, discapacitados y “filles-mères” (“madres adolescentes”), producto de las violaciones de guerra. Les visitamos todas las semanas, les acompañamos, les escuchamos, a los ancianos les lavamos si es necesario, lavamos sus ropas, limpiamos su “hutte” (su choza), la reconstruimos y si les encontramos enfermos les llevamos al dispensario del campo. Y según los casos, también se les reparten alimentos, mantas, marmitas (el cacharro para cocinar), babus (sandalias), un bidón para el agua, ropa…

De los huérfanos se ocupa la ONG “Save the Children” encargada de la localización y reunificación familiar y, mientras, se les busca una familia de acogida dentro del mismo campo. Durante la guerra las familias huyeron despavoridas dispersándose cada uno por su lado, de ahí, que muchos niños llegaron solos a los campos o recogidos por los vecinos durante la huida; se investiga su procedencia, se pregunta a los conocidos, hasta dar con los familiares y una vez encontrados se les envía con ellos. En todos los campos disponen de las fotos de todos los niños encontrados, así los padres o familiares pueden dirigirse a la oficina a consultar las carpetas para identificar a sus hijos.

Formación en los campos

Cada campo se divide en bloques; cada bloque tiene 50 huttes y puede haber por campo hasta más de 90 bloques. Cada hutte tiene unas dimensiones de entre 2,5 m a 3 metros de largo por uno y medio de ancho y una altura de 1,60m y en ella pueden vivir entre 4 y 10 personas.

En cada campo se realizan diferentes talleres de formación: peluquería, panadería, costura, reparación de bicis, alfabetización y uno especial de fabricación de bolsos con cintas de plástico que está destinado para las mujeres violadas pero mezcladas con otras vulnerables para que no sea evidente ni sean señaladas, hay que tener cuidado con eso porque suelen ser rechazadas por los hombres incluso por sus propios maridos y es muy difícil que luego encuentren otro marido. Todo esto son proyectos del JRS. Yo tengo la suerte de trabajar con la hermana Irene Guía, que cuenta con una larga experiencia de refugiados en Ruanda y cada día a su lado es un aprendizaje inestimable.

goma1.jpgPara todos los niños hay escuelas dentro de los campos. Los campos se encuentran a las faldas de los volcanes Nyiragongo y Nyiamuragira, ambos en actividad, por eso todo el terreno es volcanico , (la erupción del Nyiragongo en 2002 devastó la ciudad de Goma extendiéndose el río de lava hasta el parque natural de Virunga, la lava llegó a dividir el Lago Kivu). Los campos están asentados sobre esa lava, durísima para caminar y un “rompe huesos” para dormir noche tras noche sobre esa “piedra pómez”. Pienso en l@s Tate (personas mayores, abuel@s) con esos huesos retorcidos por la artrosis echados sobre una estera de paja directamente sobre la lava dura y fría; ¡¡quién diría sin embargo que en su día fue tierna y caliente!! Yo camino con mis botas estupendas de montaña y no doy dos pasos sin torcerme los tobillos por esas piedras volcánicas y para más vergüenza mía, los niños me sobrepasan corriendo con sus pies desnudos -por su puesto-, huesudos, desgastados por la “piedra pómez” dejando visibles los pellejos al aire, mientras me gritan: “MUSUNGU, MUSUNGU”, (“hombre blanco, hombre blanco”).

Poco a poco, los ojos, los oídos y el corazón van haciéndose a todo esto, pero me da miedo que, con el tiempo, puedan endurecerse o habituarse a la contemplación pasiva de este “espectáculo humano” y al igual que la lava caliente y tierna, se transformen en piedra áspera fría y dura. Confío en que esto no me suceda y guarde siempre ese sentimiento de compasión, respeto y ternura en mi interior junto a un espíritu de lucha incansable por la paz y la justicia. Que así sea.