juliolois.jpgAunque ya hace unos días de la muerte de Julio Lois no quiero dejar de ponerle unas líneas desde este blog.
Julio fue uno de los primeros colaboradores e impulsores de alandar. Participó en la elaboración de dos de los tres Catecismos alandar y siempre fue el amigo que estaba ahí para lo que pudiésemos necesitar.
Ya se ha escrito en algún gran medio y se seguirá escribiendo sobre él, se lo merece.

Yo en estas sencillas líneas solo quiero subrayar una cosa. Tuve la suerte de tenerle como profesor en el Instituto de Pastoral en Madrid y desde el primer momento le envidié. Si, le envidié con una envidia muy sana, esa forma serena y apacible que tenía de decir las cosas más serías y controvertidas. No dejaba de decir aquello que quería, aunque no fuese del agrado de quien escuchaba, y lo decía sereno y con esa sonrisa que mantenía de forma casi continuada.

Julio también escuchaba y no entraba en descalificaciones. En una ocasión y con motivo de unos insultos contra mi persona, yo estaba muy dolida y dispuesta a una buena defensa. Julio me dijo.”Déjalo no merece la pena entrar en estar discusiones que no llevan a nada”. Y es verdad, lo he ido aprendiendo a lo largo de la vida. Siempre hay alguien dispuesto a juzgarnos y a decirnos lo que tenemos y no tenemos que hacer, lo que deberíamos haber hecho y no hicimos, pero lo más importante es hacer lo que queremos hacer, en coherencia con nosotros y nosotras mismas. Y seguir avanzando, como Julio lo hizo.

Gracias Julio por tu coherencia de vida y por haber podido compartir una pequeña parcelita de ella.