La moción de censura presentada por el partido socialista al Gobierno de Mariano Rajoy dejó una imagen que quedará para la posteridad: el escaño vacío del presidente durante la mayor parte de las sesiones como epílogo de su propia historia. Una historia que empezó en los fastos de una boda imperial y terminó atrincherada en un bar mientras se debatía su propia moción de censura.

Lo acontecido en la moción no fue una falta de respeto a Pedro Sánchez ni al PSOE, ni tan si quiera al resto de grupos parlamentarios que se subían a la tribuna a argumentar.
Fue una falta de respeto al Congreso y a lo que este representa. Fue una falta de respeto a la democracia y al país.

Quizá sea el momento, ya sin el lastre de la corrupción, de avanzar en la respuesta a los retos mundiales que el siglo nos pone sobre la mesa. Hay mucha tarea por delante y algunos retos, aunque no fueron mencionados durante la moción, son irrenunciables.

Por eso desde este editorial queremos recordar al nuevo Gobierno el compromiso adquirido por España con la acogida de las personas refugiadas o el compromiso con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible para erradicar la pobreza y la desigualdad, dos cuestiones irrenunciables.

Así mismo nos atrevemos a pedir a este Gobierno que, en su compromiso con la estabilidad, no viva de espaldas a la realidad de un colapso climático que ya empieza a dar sus primeras muestras. La lucha contra sus causas es una prioridad histórica.

Compromisos estos imprescindibles para que las personas excluidas no sientan que, una vez más, el escaño está vacío para ellas.