En África 40 millones de personas luchan contra el hambre y la muerte. El fenómeno atmosférico conocido como El Niño es uno de los más fuertes de la historia desde que existen registros. Las sequías, las inundaciones y otras condiciones meteorológicas extremas están obligando a muchas familias a abandonar sus hogares, perjudicando la capacidad de las personas para obtener un ingreso, y provocando escasez de alimentos y amenazas para la salud y la nutrición.

Etiopía es el país donde la situación es más preocupante por la severa sequía que padece y se espera que haya muchas más personas que necesiten ayuda alimentaria que en cualquier otro momento de los últimos 10 años. En Sudán, la alteración del régimen de lluvias en las zonas oriental y occidental del país ha provocado que la producción agrícola nacional esté por debajo de la media anual, además de grandes déficit de pastos. En el norte de Chad, la falta de lluvias en la zona del Sahel central y oriental, además de la inseguridad alrededor del Lago Chad, debido al conflicto de Boko Haram, están disminuyendo el acceso y la disponibilidad de alimentos. A estos países hay que añadir Sursudán como país en riesgo de hambruna debido a la guerra.

Está claro que los fenómenos atmosféricos no son los únicos factores que influye en esta crisis. La capacidad de un país para hacer frente a una situación de emergencia depende en parte de sus finanzas públicas y de su capacidad para movilizar recursos. Por eso, situaciones concretas que viven algunos de estos países como el debilitamiento de sus monedas tienen como consecuencia que la importación de alimentos sea cada vez más cara.

Esto se observa muy bien África del sur que está siendo afectada gravemente por El Niño, pero la capacidad de respuesta de cada país consigue que sus efectos sean distintos. Algunos ejemplos:

En Zimbabue un cuarto de la población tiene problemas de seguridad alimentaria debido a la sequía y el gobierno busca 1.6 millones de dólares para luchar contra el hambre, lo cual sugiere que las arcas públicas están agotadas.
También Sudáfrica está experimentando un récord de altas temperaturas además de registrar en 2015 la menor cantidad de lluvias de los últimos 112 años. Cinco de las nueve provincias que tiene el país han sido declaradas zona catastrófica debido a la sequía. Se estima que unas 800.000 cabezas de ganado tendrán que ser sacrificadas. A pesar de ello, el gobierno sudafricano no va a pedir ayuda a la comunidad internacional e importará entre 3 y 4 millones de toneladas de maíz para alimentar a su población y eso a pesar de que su moneda se ha depreciado grandemente con respecto al dólar.

Es prioritario centrarse en resolver los problemas de seguridad alimentaria que afectan a tantos habitantes del continente. Para ello hay que actuar lo más urgentemente posible, pero parece que una vez más la burocracia internacional tiene sus propios ritmos, que no son los de las víctimas, y la ayuda puede llegar, otra vez, tarde.
El Niño se prolongará entre 4 y 6 meses más, por lo que sería necesario actuar ya para evitar el sufrimiento de tantas personas; sin embargo, los donantes internacionales siguen esperando los informes y estadísticas que les aseguren que es necesario intervenir, o ver las fotos de niños muertos por la hambruna que sean “trending topic” en las redes sociales y se saturen de “me gustas”, para actuar.

@61Chema