Por Carmen Lora

Hablar de movimientos integrados por mujeres en América Latina y el Caribe, como seguramente en otros contextos, implica diferenciar entre los movimientos feministas y aquellos que, compuestos por mujeres, no se organizaron en base a las reivindicaciones del feminismo, sino desde asuntos como los derechos humanos en general, la alimentación y calidad de vida, la defensa medioambiental, etc. Hoy conviven estas dos vertientes encontrando puntos de convergencia, incluso en algunos casos plataformas comunes, pero manteniendo sus particularidades.

El recorrido de los movimientos feministas

Los movimientos feministas en América Latina también empoderan a las mujeres

Protestas en Valparaiso, Chile reclamando un sistema eduactivo no sexista. SHUTTERSTOCK

Los movimientos feministas latinoamericanos y caribeños tuvieron como una de sus acciones principales, luego de la Conferencia Internacional de la Mujer en Beijing (1995), incidir en los Estados para conseguir leyes e instituciones que consolidaran el reconocimiento de los derechos de las mujeres en diversos campos.1La Plataforma de Acción comprendía los siguientes aspectos: A. La mujer y la pobreza B. La educación y la capacitación de la mujer C. La mujer y la salud D. Violencia contra la mujer E. Las mujeres y los conflictos armados. F. Las mujeres y la economía G. Las mujeres en el ejercicio del poder y la adopción de decisiones H. Mecanismos institucionales para el adelanto de la mujer I. Derechos humanos de la mujer J. La mujer y los medios de comunicación K. La mujer y el medio ambiente L. La niña. Si bien las posturas políticas del feminismo de la región eran críticas al modelo económico, que se hacía dominante desde los 80 y al tipo de régimen político que lo sustentaba, la consolidación de regímenes democráticos y la ausencia de dictaduras militares alentó esa apuesta por incidir en la institucionalidad vigente.

Generaron presión y acciones de incidencia política para proponer y lograr aprobar leyes referidas a políticas públicas en salud sexual y reproductiva, mayor participación de la mujer en el ámbito político con medidas de discriminación positiva (como la ley de cuotas) o la protección de la mujer contra todo tipo de violencia. Asimismo, el movimiento promovió en los diversos países la creación de Ministerios o de Secretarías de la Mujer para garantizar la implementación de las leyes aprobadas mediante políticas públicas.2Cabe señalar que la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW) y la Convención Interamericana de Belem do Pará Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, fueron herramientas sumamente útiles en este proceso, pues, al firmarlas los Estados, estaban comprometidos.

Se han logrado en este terreno importantes avances en los países de la región, sin duda con diferencias entre unos y otros. Sin embargo, la prevalencia de la violencia contra la mujer en el ámbito de las relaciones de pareja, en el seno familiar, la incidencia de violaciones en espacios como la escuela, la creciente presencia de la trata de mujeres y niñas, la desigualdad en términos de ingresos y que la pobreza tenga principalmente un rostro de mujer, y de mujer adolescente, revelan que los logros institucionales y legales no son suficientes. No han cambiado una cultura machista. Ésta sigue existiendo y, aunque es difícil comparar el grado de violencia que se ejerce hoy respecto al pasado, las cifras son preocupantes. Al menos 2.795 mujeres fueron víctimas de feminicidio en 23 países de América Latina y el Caribe en 2017.3Cf. CEPAL: Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe (OIG)
Esta constatación ha llevado al surgimiento de colectivos feministas que concentran su protesta y su reivindicación en torno a la violencia contra las mujeres. Lo es el movimiento Ni una menos que se ha manifestado de manera muy masiva en diversos países. Se caracteriza por una composición principalmente juvenil, convoca a colectivos muy diversos, feministas y no feministas, siendo las redes sociales una herramienta principal de convocatoria y de comunicación.

También está presente entre mujeres, principalmente universitarias y profesionales, el feminismo radical que todavía no tiene una expresión masiva. Se define con una postura disidente. Busca afianzar una plataforma en la que está muy presente una fuerte crítica al modelo neoliberal y su conexión con lo que llaman modelo heteropatriarcal. Ha ganado visibilidad dentro del movimiento feminista el que reivindica la diversidad sexual y trans. Estos grupos son, sin embargo, blanco de mucha agresividad habiendo sido varias de sus dirigentes asesinadas4Es el caso de personas transexuales, activistas del movimiento LGTB Sherly Montoya, Honduras y Jennifer López, México así como quienes subrayan una condición étnica.

Movimientos de mujeres desde otras reivindicaciones

Las organizaciones de mujeres que se forjaron en los años 70 y 80 por fuera del movimiento feminista se cohesionaron en torno a la defensa de los derechos humanos durante las dictaduras militares en Argentina, Chile, Brasil, El Salvador y Guatemala. En el caso del Perú durante el conflicto armado provocado por Sendero Luminoso, fueron las mujeres las que se organizan para reclamar por las víctimas de la violencia. En el contexto de los ajustes estructurales que se aplicaron en el continente, las mujeres se organizaron para resolver problemas de alimentación y salud de sus familias, de generación de ingresos desde el comercio, la agricultura o la artesanía. Organizaciones como comedores autogestionados, vasos de leche, promotoras de salud o defensoras legales fueron significativas entre los 80 y 90. Luego, estas organizaciones han ido consolidándose de acuerdo a cuán favorables son los horizontes más bien locales. Su presencia masiva se ha ido reduciendo en términos de incidencia política aunque resuelven cotidianamente un aspecto tan concreto como la alimentación de sus familias.

Quizás el tema que hoy concita un mayor esfuerzo, dedicación y también riesgo es la defensa de los recursos naturales y del medio ambiente. En este campo existen organizaciones de mujeres y también líderes mujeres que participan en organizaciones mixtas. Varias de ellas han recibido un reconocimiento internacional por su lucha en defensa del medio ambiente. A la vez, América Latina enfrenta una violencia que va en ascenso; es el continente que tiene más activistas ambientalistas asesinados en este ámbito.5Entre ellas mujeres como Berta Cáceres en Honduras, Emilsen Manyoma, Ruth Alicia López Guisao, Isabel Bernal Varela en Colombia Yoryanis, Laura Leonor Vásquez Pineda en Guatemala, Jane Julia de Oliveira, Kátia Martins, Maria da Lourdes Fernandes Silva, Dilma Ferreira Silva(Brasil).

Es por ello que es posible afirmar que las mujeres latinomericanas afrontan con una valentía que las ha caracterizado siempre un panorama en el que las amenazas de muerte crecen en una cultura que se resiste a reconocerlas como seres humanos con derecho a una vida digna.