Somos un montón de gente, un mar de fueguitos…

cada uno brilla con luz propia entre todos los demás.

No hay dos fuegos iguales.

Hay fuegos grandes y fuegos chicos

y fuegos de todos los colores.

Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento,

y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas.

En El libro de los abrazos, Eduardo Galeano, uruguayo, publica decenas de microrrelatos que permiten lecturas rápidas en sus seguidores con mensajes bastante fuertes. Uno de estos se titula El Mundo y habla de la compleja y plural sociedad que tenemos. Con este mismo texto comenzaba también el discurso del entonces presidente de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo-España (CONGDE), en el 30º aniversario de la plataforma, allá por 2016. Y continuaba: “Así somos también las ONGD, plurales y diversas, con nuestros ritmos y colores, brillando con luz propia entre los demás grupos sociales, cada una enraizada en su mucha gente pequeña que, haciendo pequeñas cosas, puede cambiar al mundo… Nuestras organizaciones no están a salvo de contar con personas que cometen abusos, ni tampoco pueden vivir en un mundo sin compartir las miserias de la sociedad: machismo, acoso o negligencia”.

Las ONGD sostienen muchos territoriosEstas organizaciones están en las noticias con la confianza y credibilidad tocadas. El epicentro está en el  escándalo de Oxfam en Chad y Haití, que publicó en febrero el diario The Times, donde el director -Roland van Hauwermeiren- junto con otros trabajadores, contrataron prostitutas, algunas de ellas menores y con dinero que la gente donó para la reconstrucción tras el terremoto. El inculpado renunció sin ninguna acción disciplinaria de por medio en 2011, pese a haber admitido su culpa. Luego, se convirtió en jefe de misión para la ONG francesa Acción contra el Hambre en Bangladesh, entre 2012 y 2014, no alertando a otras ONGD de este deplorable comportamiento que permitió a los protagonistas obtener traslados a otras misiones a cargo de personas vulnerables.

La noticia ha resultado ser una bomba tanto para la organización británica como para el resto del sector. A los pocos días vieron la luz sendos informes de Plan Internacional, Save the Children o Médicos sin Fronteras, donde exponía datos sobre abusos sexuales y acoso de algunos de sus trabajadores, en la mayor parte de los casos, infligidos a sus propias compañeras de sede.

El director Oxfam Intermón, José Mª Vera, ha aclarado que “el caso reportado fue cerrado en 2011 tras la correspondiente investigación, no implicó a ningún miembro del personal de la entidad, pasado o presente. En ese año Oxfam Intermón trabajaba allí con una línea de gerencia diferenciada y este caso en ningún momento implicó a nuestro equipo”. Sin embargo, la imagen de Oxfam y la del colectivo de ONGD ha quedado dañada. El propio informe de la ONGD habla de la existencia de una “cultura de la impunidad” que desde los mensajes de perdón intenta apagar este fuego que les ha generado quemaduras muy serias.

«El acoso, el abuso o el machismo son una peste social de la que las ONGD no están exentas», dice, en la misma línea, David del Campo, director de cooperación internacional de Save the Children. “¿Podemos garantizar que no haya explotación sexual? No, pero somos muy exigentes en la lucha contra ello”. Todas las entidades cuentan con un código ético -en el que se prohíbe toda una serie de comportamientos sexuales- y la mayoría tiene un buzón confidencial para las denuncias, pero el comité que las estudia solo emite recomendaciones.

Además, en los procesos de contratación, unas piden el certificado de Delitos de Naturaleza Sexual, otras no. Tampoco cruzan datos entre organizaciones -lo prohíbe la ley de protección de datos- pero, de haberse hecho, quizá hubiera evitado que el ex director belga dirigiera la delegación de Haití cuando siete años atrás ya había sido acusado de contratar a prostitutas en Liberia.

«Lo de Haití lo encaramos con dolor y nos obliga a una reflexión interna, a revisar los procedimientos», explica Guillermo González de la Torre, miembro de la Comisión del Código de Conducta de la Coordinadora de ONGD en España (CONGDE). Las 400 organizaciones que la integran están obligadas a acogerse a él, a rendir cuentas o a someterse a auditorías de terceros, pero no a informar sobre investigaciones o quejas internas. La coordinadora, eso sí, tiene activado un buzón de denuncias propio, al que nunca han llegado casos de conductas sexuales inadecuadas o de abuso de poder.

«Esta crisis nos tiene que servir para revisar y mejorar los protocolos», asegura Alicia García, portavoz de Acción Contra el Hambre. Si Oxfam incluyó las directrices sobre la conducta sexual de sus cooperantes un año después de conocer el caso de su director belga en Haití, en 2012, la ONGD también ha ido ampliando los mecanismos de protección: hace 15 años crearon un buzón confidencial sobre el terreno, hace dos abrieron otro para los beneficiarios y el año pasado crearon un mecanismo para luchar contra el acoso. Los responsables contactados lamentan que el escándalo acabe afectando a las 35 millones de personas que reciben ayuda de las ONGD españolas.

Muchas personas se vinculan de manera visceral, apelando a los sentimientos de conmiseración que destilan las catástrofes y cuando algo va mal son los primeros en darse de baja. Tanto una cosa como otra se debe hacer de manera más reposada y reflexiva. “El personal no puede pedirle dinero, no puede aceptar regalos, no le puede ofender. Si en algún momento tiene alguna duda, llame a otra persona», rezan los carteles de ACNUR en la mayoría de campos de refugiados que atienden.

Se castiga a los más vulnerables, no a las entidades

El sector ha aprendido que hay que enfrentar los problemas, pero los números dicen que los casos de abuso son un porcentaje muy bajo, que no iría más allá del 1%. Eso en comparación con el total de los cooperantes que están en los distintos proyectos y misiones desde hace años en decenas de países. Se trata, por tanto, de un problema gravísimo pero, al menos, acotado a un conjunto de desalmados, por lo que sería injusto que empañara todo el trabajo. A poco que uno pregunte y profundice en datos e informes, encontrará alivio y razones para confiar en las ONGD.

Como muchos gobiernos no cumplen sus deberes, no hay causa que no tenga un grupo de personas organizadas detrás. Así pues, las ONGD ofrecen una importante (y desinteresada) contribución a la sociedad, gracias al apoyo de millones de personas con su tiempo o su dinero. Cuando nos preguntemos por qué son necesarias las entidades humanitarias pensemos en mayores enfermos, en refugiados, en minorías étnicas, en migrantes, en cómo conocemos gracias a los informes de estas organizaciones que la economía mundial está al servicio de un 1% que acumula más riqueza que el 99% restante.

Para combatir con éxito la pobreza, la vulneración de los derechos humanos, la eliminación de los derechos laborales de las transnacionales, el cambio climático… millares de ONGD en el mundo generan informes, reflexión, sensibilización y tratan de que incidamos y presionemos a los gobiernos y organismos multilaterales para que cambien las políticas públicas en favor de la Humanidad. ¿Nos imaginamos quién gana con sembrar la duda generalizada sobre estas organizaciones?