Este verano, Río de Janeiro se convertirá en el corazón del deporte mundial. Es posible imaginar la frenética carrera para ultimar todos los detalles. Nada puede fallar, los grandes eventos deportivos son un escaparate al mundo.

Unos juegos olímpicos o un mundial de fútbol son un objetivo muy codiciado. Las candidaturas se preparan y promocionan con empeño, se destinan cuantiosas inversiones, se construyen modernas infraestructuras y se diseñan impresionantes instalaciones deportivas. La imagen del país anfitrión está en juego.

-Trabajadores migrantes en Doha, Qatar. Foto. Amnistía Internacional - La “imagen”. Esa es la clave. Mostrarse al mundo como un país “moderno” y “avanzado” al tiempo que se tratan de esconder detalles menos importantes, como las violaciones de derechos humanos. La jugada no siempre sale bien. Las organizaciones de derechos humanos están atentas para poner el foco en esos “detalles” que poco tienen que ver con el espíritu olímpico y dar visibilidad a activistas y organizaciones locales que tienen otra realidad que mostrar al mundo.

Un caso llamativo lo protagonizó China. Cuando en 2008 acogió los Juegos, incumplió flagrantemente las promesas de mejorar la situación de los derechos humanos en el país que acompañaron a su candidatura olímpica. Conseguido el objetivo, China no volvió a pensar en los derechos humanos. El Comité Olímpico, tampoco.

Brasil: desalojos forzosos y violencia policial

A medida que en Río de Janeiro tomaban forma las infraestructuras para la Copa Mundial de Fútbol de 2014 y las Olimpiadas de 2016, familias de decenas de zonas humildes de la ciudad vivían con el miedo a perder, de mala manera, sus viviendas y sus medios de vida. Desde 2009, más de 19.000 familias fueron desalojadas a causa de la construcción de estadios, autopistas y zonas residenciales. Se llegaron a producir desalojos forzosos y demolición de viviendas y pequeños negocios de forma violenta y sin previo aviso. Teniendo en cuenta las grandes inversiones que se destinan a la construcción de las infraestructuras de los eventos deportivos, no parece mucho pedir que se trate dignamente a las personas afectadas, que los desalojos se planifiquen cuidadosamente, que se escuche a las familias y se les garantice un realojo acorde con sus necesidades y sus medios de vida.

Del mismo modo, durante estos últimos años se ha observado un aumento del uso excesivo de la fuerza por parte de la policía, según ha denunciado Amnistía Internacional. El pasado mes de abril, al menos once personas murieron en las favelas de Río de Janeiro por disparos de la policía. Y durante el año 2015, al menos 307 personas perdieron la vida en la ciudad a manos de la policía. Esta cifra representa uno de cada cinco homicidios cometidos en Río.

[quote_right]El Comité Olímpico y las federaciones deportivas juegan a no ver lo que ocurre entre bambalinas.[/quote_right]

El informe de Amnistía Internacional Mataste a mi hijo”: homicidios cometidos por la Policía Militar en la ciudad de Río de Janeiro revela que en los últimos cinco años los homicidios cometidos por la policía ascendieron a 1.519, casi el 16% de los registrados en la ciudad. La mayor parte de las víctimas son jóvenes, pobres y negros. Y la mayor parte de los casos ni siquiera son investigados. La violencia policial en las favelas, acompañada de impunidad, tiene consecuencias dramáticas. Detrás de los datos quedan vidas truncadas y el dolor de las familias.

-La represión policial es uno de los motivos de preocupación de las organizaciones de derechos humanos. Foto: Brasil/Amnistía Internacional.Terezinha y Ana Paula son dos madres brasileñas. El pasado mes de noviembre realizaron una gira por varios países europeos –España entre ellos– con Amnistía Internacional. El objetivo no era otro que denunciar el asesinato de sus hijos adolescentes a manos de la policía militar en las favelas de Alemao y Manguinhos, en Río de Janeiro. Eduardo de Jesús, el hijo de Terezinha, fue asesinado mientras esperaba a su hermana sentado a la puerta de su casa; tenía diez años. El hijo de Ana Paula, Johnatha, tenía 19 años cuando fue alcanzado por los disparos de la policía.

La represión policial de las protestas ciudadanas es otro motivo de preocupación en el periodo previo a los Juegos Olímpicos. Ya ocurrió cuando se celebró el Mundial de Fútbol en 2014. La consigna parece ser mano dura contra las protestas callejeras. “Pese a la promesa del legado de una ciudad segura para celebrar los Juegos Olímpicos, los homicidios cometidos por la policía han ido aumentando de manera constante durante los últimos años. Muchas personas han resultado heridas de gravedad por balas de goma, granadas paralizantes e, incluso, armas de fuego utilizadas por las fuerzas policiales en manifestaciones”, ha afirmado Atila Roque, director de Amnistía Internacional Brasil.

Sin derechos en el camino hacía Qatar 2022

Qatar es uno de los países más ricos del mundo. Acogerá el Mundial de Fútbol dentro de seis años y los preparativos llevan tiempo en marcha. Acostumbrado a recibir población migrante como mano de obra barata, la construcción de las infraestructuras para el mundial ha intensificado la entrada de trabajadores migrantes. ¿Dónde está el problema? En la explotación laboral y en la tremenda precariedad de sus condiciones de vida.

[quote_right]Un equipo de investigación de Amnistía Internacional que se desplazó a Qatar en 2013 describió el país como una cárcel para los trabajadores migrantes.[/quote_right]

Un equipo de investigación de Amnistía Internacional que se desplazó allí en 2013, describía el país como una cárcel para los trabajadores migrantes, llegando a darse situaciones de trabajo forzoso. Salarios bajos que se pagan con retraso o que, simplemente, no se pagan; condiciones inaceptables de higiene, salud y seguridad, accidentes frecuentes, largas jornadas de trabajo incluso en el caluroso verano de Qatar… A ello se suman las precarias condiciones de vida, muchos trabajadores malviven hacinados y sin acceso a servicios esenciales.

Y lo peor es que no pueden tomar la decisión de marcharse. Los empleadores les retienen los pasaportes y, si intentan salir del país sin permiso, pueden ser encarcelados o multados. Los sindicatos solo están permitidos para los trabajadores del país, no para los migrantes.

La situación ha sido denunciada por las organizaciones de derechos humanos, pero es negada por el gobierno de Qatar, que se limita a organizar viajes para periodistas deportivos a los que “muestra” un panorama bien distinto. Mientras tanto, la institución deportiva responsable del evento, en este caso la FIFA, prefiere mirar para otro lado. Por eso, Amnistía Internacional ha puesto en marcha una petición dirigida a su presidente, Gianni Infantino, para que se asegure de que el Mundial de Fútbol no se construye sobre violaciones de derechos humanos. Porque cuando el Comité Olímpico o las federaciones deportivas juegan a no ver lo que ocurre entre bambalinas en los eventos deportivos que organizan, desaparece el juego limpio.

@MLuisaToribio